Twenty-Third Sunday in Ordinary Time, Year C-2022

From Vincentian Encyclopedia
Followers of Jesus, Thinking, Wise

Jesus embodies what he teaches on being thoughtful and purposeful. He asks all his followers to be so, and thus the success of the cross will be theirs.

Great crowds go with Jesus on the way to Jerusalem (see Lk 9, 51; 13, 22). He turns and tells them that to be his followers does not just mean to go with him. He looks for good more than many followers.

So then, he speaks of three hurdles that those who want to follow him have to go through. His blunt speech shocks: “hate” family, “carry the cross,” “give up all that one owns.” It thus grabs attention and makes for easy recalling. That the sayings are hyperboles just proves that they are crucial. We may not quite comply to a T, but nor are we to twist or weaken them.

Blocks that can make those who want to be Jesus’ followers to stumble

In the first place, the Teacher asks his followers to be wholly at his beck and call. They have to do as did Simon, Andrew, James and John. Just as soon as they heard his call, they left their nets and their families, and followed him. They then got to be of another household. In it, it was hard to know, since they loved one another, who was the master and who was the slave.

In the second place, Jesus asks his followers to bear their own cross and follow him. To bear the cross is to die for sure, for it means a death sentence has been passed. It is not enough, then, for those who seek to follow him to leave their jobs and their homes. They must also suffer and die with him. They will honor God by the way they die as Jesus’ followers. Others will nail them to one form of the cross or other.

In the third place, it is a must for those who want to follow Jesus to give up all they own. He tells them, in effect, that his followers —theirs is the kingdom of God— sell what they own and give alms. They thus store in heaven wealth that does not run out, no thief can steal and no moth can ruin. They serve God, not money; money is not what drives them.

Jesus’ followers think and have purpose.

It is clear it is not easy to be Jesus’ disciple, that is to say, to be a Christian. For there is no talk here of disciples being other than just Christians. Nor is there mention of degrees of perfection. All Christians have to meet Christ’s three demands.

But since it is hard to follow him, one cannot take it up lightly. Hence, we need to think and have purpose, so that we do not commit to being his followers in a clueless, rash and presumptuous way.

And we just have to look at Jesus long, and with love, so our commitment may be what it ought to be. Gazing on him to find out what he would do were he in our place, we shall not fall (SV.EN XI:314). If we look at the one who goes before us on the way to being nailed to the cross, we too will give up our bodies and shed our blood. That is to say, we will be raised up on the cross.

Lord Jesus, make us, who say we are your followers, so humble, thoughtful and wise that we accept that all success is due to you.


4 September 2022

23rd Sunday in O.T. (C)

Wis 9, 13-18; Phlm 9-10. 12-17; Lk 14, 25-33


VERSIÓN ESPAÑOLA

Seguidores de Jesús, reflexivos, sabios

Jesús encarna lo que él enseña sobre el reflexionar y el deliberar que se les pide a todos sus seguidores para que se llegue al éxito de la cruz.

Muchas gentes van con Jesús, de camino aún a Jerusalén (véase Lc 9, 51; 13, 22). Y él se vuelve para decirles que ser seguidores de él no quiere decir no más ir con él. Se interesa más en la calidad que en la cantidad de sus seguidores.

Él les da a conocer, pues, tres obstáculos que han de superar los que le buscan seguir. Y habla él de modo contundente: «odiar» a los parientes, «llevar la cruz», «renunciar a todos los bienes». Así se les llama la atención a los oyentes y se les hace fácil acordarse de lo que él dice. Y que esto suene a hipérbole solo da a conocer que es muy importante. No lo hay que retorcer o desvirtuar, si bien no lo hay que hacer al pie de la letra.

Piedras que pueden hacer tropezar a los que buscan ser seguidores de Jesús

En primer lugar, se espera de los seguidores del Maestro que estén a plena disposición de él. Han de hacer lo que Simón, Andrés, Santiago y Juan. No más oír ellos la llamada, dejaron sus redes y a sus familiares, y lo siguieron. Y más tarde, lograron ser de otra familia. En ésta, no fue fácil saber, por su amor mutuo, quién era el amo y quién el esclavo.

En segundo lugar, pide Jesús a sus seguidores que lleven la propia cruz detrás de él. La muerte le es una certeza al que lleva la cruz, ya sentenciado a morir. Así que a los que quieren seguir a Jesús no les basta con dejar sus ocupaciones y sus familias. También tienen que sufrir y morir con él. Serán de ellos la clase de morir como seguidores de Jesús que dé gloria a Dios. Se les clavará a una u otra forma de la cruz.

En tercer lugar, les exige Jesús a los que le quieren seguir que renuncien a todos sus bienes. Les dice, en efecto, que sus seguidores, —de ellos es el reino de Dios—, venden sus bienes y dan limosna. Así, acumulan en el cielo un tesoro que no se agota, ni se roba ni se destruye. Sirven a Dios, no al dinero; el dinero no es la razón de ser y actuar de ellos.

Los seguidores de Jesús reflexionan y deliberan.

Queda claro que no es fácil ser discípulo de Jesús, es decir, ser cristiano. Pues aquí no se habla de un discipulo que se distingue de un cristiano. Ni se mencionan grados de perfección. Nos toca a todos los cristianos cumplir las tres condiciones que se nos plantea él.

Pero como es duro seguirle, esto no se puede asumir a la ligera. Por lo tanto, hemos de reflexionar y planear, para «no comprometernos en ser seguidores de forma inconsciente, temeraria y presuntuosa».

Y nos basta con mirarle a Jesús de modo detenido y con cariño para comprometernos como se debe. Fijándonos en él para ver qué haría si estuviera en nuestro lugar, no tropezaremos (SV.ES XI:240). Si nos centremos en el que nos precede en el camino al sitio en el cual se le clavará a la cruz, entregaremos también nuestros cuerpos y derramaremos nuestra sangre. Es decir, nos exaltaremos en la cruz.

Señor Jesús, haz que los que nos decimos tus seguidores seamos tan humildes, reflexivos y sabios que admitamos que todo éxito se debe a ti.


4 Septiembre 2022

23º Domingo de T.O. (C)

Sab 9, 13-18; Filem 9-10. 12-17; Lc 14, 25-33