Twenty-Third Sunday in Ordinary Time, Year A-2020

From Vincentian Encyclopedia
Agree and Disagree in the Church

Jesus is in our midst as we gather together in his name. It is due to him that we agree with one other and with our Father in heaven.

It is enough that two agree, that two or three come together…. So, in the first place, we do not need a megachurch. Nor is it needed, in the second place, that the two or three have some office or traits.

Yes, quality counts more than quantity. Surely, a great harvest needs workers, “but hardworking ones” (SV.EN XI:33).

Also, the two or three can be clergy or lay, white or black, male or female. They can be young or old, in their teens or adults, poor or rich. For the only and most important thing is to meet in the name of Jesus.

Gathered, we have the word of Jesus that he will be in our midst. It is his word, too, that if we agree, his Father in heaven will agree also. So then, Jesus will be at once the “Yes” of God and our “Amen” (2 Cor 1, 20).

Do we agree or do we quarrel?

But even when we meet in the name of Jesus, we still ask, “Is the Lord in our midst or not?” For we quarrel, too, doubt and get disappointed (Ex 17, 7; Jdg 6, 13).

No, we Catholics do not agree many times. The Leatherby matter alone shows this. But even when we disagree, we can at least agree to disagree. This is possible (see the eulogy for Archbishop Jesús Dosado, C.M.).

But if we have to overcome disagreement, to agree to be mindful of those in need is what we can agree on. After all, it worked for Paul, on the one hand, and Peter, on the other (Gal 2, 10). For St. Vincenttoo, and St. Louise; theirs was a journey from opposites to equals.

And there is nothing we can agree on better than to be mindful of those in need, if we believe in Jesus’ mission statement. If we gaze upon the Son of Man who will judge us blessed or accursed on only one basis. That is, on what we do or not do for the least of his brothers and sisters.

Also, to rub shoulders with Jesus is to hope to be new again. He and the least will open our eyes. So that we know that we are the ones in most need of God’s mercy (Freund; O’Donnell). Such knowledge will lead us to take in humbly and gladly corrections from others. To keep the whole law as we love our neighbor.

Lord Jesus, you call us to your Supper, the best way to gather in your name. Grant us to agree never to let anyone go hungry (1 Cor 11, 21). May we be among the few that you call. For your works get done more by their faithfulness than by the great number of workers (SV.EN III:66-67).


6 September 2020

23rd Sunday in O. T. (A)

Ez 33, 7-9; Rom 13, 8-10; Mt 18, 15-20


VERSIÓN ESPAÑOLA

Acuerdo y desacuerdo en la Iglesia

Jesús está en medio de los que nos reunimos en su nombre. Por él nos ponemos de acuerdo unos con otros y con nuestro Padre del cielo.

Basta con que dos se pongan de acuerdo, que dos o tres estén reunidos…. Así que, en primer lugar, no hace falta una «megaiglesia». Ni es necesario, en segundo lugar, que los dos o tres sean de cierta condición o con rasgos particulares.

Sí, vale más la calidad que la cantidad. Claro, una gran mies requiere obreros, «pero obreros que trabajen» (SV.ES XI:734).

También los dos o tres pueden ser clérigos o laicos, blancos o negros, varones o hembras. Pueden ser jóvenes o ancianos, adolescentes o adultos, pobres o ricos. Pues lo solo y sobre todo importante es que estén ellos reunidos en nombre de Jesús.

Reunidos, se no asegura que estará Jesús en medio de nosotros. Y se nos asegura además que si nos ponemos de acuerdo, estará de acuerdo también su Padre del cielo. Por lo tanto, Jesús será, a la vez, el «Sí» de Dios y nuestro «Amén» (2 Cor 1, 20).

¿Estamos de acuerdo o nos querellamos?

Pero aun los reunidos en nombre de Jesús nos preguntamos: ¿Está o no está el Señor en medio de nosotros? Pues nos pueden surgir también las reyertas, las dudas y las desilusiones (Éx 17, 7; Jue 6, 13).

No, los católicos no nos ponemos de acuerdo muchas veces. Para demostrar esto, basta con que se cite el asunto Leatherby. Pero aun cuando hay desacuerdo, podemos, cuando menos, estar de acuerdo en estar de desacuerdo. Esto es posible (véase el elogio del arzobispo Jesús Dosado, C.M.).

Pero si hay que superar el desacuerdo, el acuerdo de los pobres puede servir de punto de acuerdo. Después de todo, se lo fue a Pablo, por un lado, y a Pedro, por otro (Gál 2, 10). Y a san Vicente y a santa Luisa; aunque comenzaron opuestos, iguales terminaron.

Y mejor punto de acuerdo no puede haber, si creemos en la declaración de misión de Jesús. Si contemplamos al Hijo del Hombre. Él nos juzgará benditos o malditos a base solo de una cosa. A base de lo que hagamos o no hagamos con sus más pequeños hermanos y hermanas.

También codearnos con Jesús es brindarnos la esperanza de ser nuevos otra vez. Él y los más pequeños nos abrirán los ojos para conocer que somos los que tenemos más necesidad de la misericordia de Dios (Freund; O’Donnell). Tal conocimiento nos llevará a aceptar con humildad y alegría las correcciones fraternas. A cumplir la ley entera por amar al prójimo.

Señor Jesús, nos llamas a tu Cena, la reunión más excelente en tu nombre. Concédenos estar de acuerdo en nunca dejar a nadie pasar hambre (1 Cor 11, 21). Que seamos del pequeño grupo que llamas. Pues más por su fidelidad se llevan a cabo tus obras que por la multitud de obreros (SV.ES III:60).


6 Septiembre 2020

23º Domingo de T. O. (A)

Ez 33, 7-9; Rom 13, 8-10; Mt 18, 15-20