Twenty-Sixth Sunday in Ordinary Time, Year C-2022

From Vincentian Encyclopedia
Cut off from Us All Self-Sufficiency

Jesus is “God-with-us.” And that is why disciples should not cut off God and their neighbor from their lives.

The man whose life is one of luxury and show is very rich: stylish clothes, lavish banquets. He is cut off, for sure, from the beggar; the two are worlds apart.

For sores cover the one who lies at the rich man’s door. And the dogs seem to delight in them. But maybe they clean his sores, which he may find soothing. The dogs wish, too, that they ease their hunger with the scraps that fall from the banquet table. Misery does love company.

But a thing about the men that is cut and dried is that one has the name Lazarus, which means, God helps. The other is a “nobody

The point is that wealth gives no one a name. To have wealth does not mean the wealthy get their fill, or feel secure, solid, worthy of respect. Though rich, Herod findstroubling a claim about the birth of the king of the Jews. He shows he is not the hero his name and ego make him out to be.

But Peter, who admits he has no silver and gold, wins the people’s respect. They say good things about him and the other poor disciples.

He also makes clear, though, that what is awesome and draws people is due to God. That is to say, it is all up to God. And that is why for us to try to cut God off spells our own ruin.

Wealth can cut us off from God and our neighbor

In God we live, move and have our being. We are solid and of worth since he shares with us his solidity, his glory.

And the rich man is a nobody, for he is self-sufficient, in need of no one. Not of cooks, waiters or of busboys to clear the table or wash dishes. He just about turns down all help. So, he gets no help from the one who helps Lazarus.

God, then, leaves the lover of luxury to his obsessions and whims. He does here as he wishes and cuts off from his life God and the neighbor. So, it should not come as a surprise that there he is cut off, too, from God and the neighbor. One reaps what one sows.

The parable does not say that the rich man who is in torment is one of those who are wicked. His sin is not a matter of word or deed but of omission.

In other words, he suffers torment in the flames for lack of compassion. He proves true the saying, “You cannot serve God and money.” Wealth is wicked insofar as it leads the wealthy to cut off God and the neighbor from their lives. The woe from Amos says, too, that this is true.

Lazarus, in turn, is not a model of resignation to a wretched life or of hope of a reward in heaven. Rather, he is a protest against the rich who show no concern. They harden their hearts; they do not heed God, Moses or the prophets.

Lord Jesus Christ, grant that we see you, with the love from which nothing can cut us off, in today’s Lazarus, and do what you teach us. Crucified, you urge us to be merciful and thus be truly human (SV.EN XII:222). From the cross, you proclaim, too, that the Christian cannot stand by in silence in the face of injustice. Rather, he must be willing to suffer for the sake of justice, devotion, faith. Even to the giving up of the body and the shedding of blood.


25 September 2022

26th Sunday in O.T. (C)

Am 6, 1a. 4-7; 1 Tim 6, 11-16; Lk 16, 19-31


VERSIÓN ESPAÑOLA

Apartar de nosotros toda autosuficiencia

Jesús es «Dios-con-nosotros». Y es por eso que sus discípulos no se han de apartar ni de Dios ni del prójimo.

Es muy rico el que lleva una vida de lujo y ostentación: ropas elegantes, banquetes suntuosos. Él no se puede sino apartar del mendigo; hay contraste marcado entre los dos.

Pues el que está echado a la puerta del rico se cubre de llagas. Y de ellas parecen deliciarse los perros. Quizá ellos las limpian y así le proporcionan alivio al mendigo. Ansían ellos también apagar el hambre con las migajas que caen de la mesa del banquete. Desgracia compartida, sí, menos sentida.

Pero otro contraste hay por el que resulta fácil apartar a los dos. Uno se llama Lázaro, que quiere decir «Dios ayuda». Pero el otro no tiene identidad.

Es decir, la riqueza no puede darle nombre a nadie. No por tenerla queda el rico saciado, seguro, sólido o digno de respeto. Aunque rico, Herodes se turba al enterarse del nacimiento del rey de los judíos. Se ve que el que se presenta héroe no es digno de su nombre.

Pedro, en cambio, que se admite no tener plata ni oro, se gana el respeto de la gente. De él y de sus pobres compañeros se hace lenguas el pueblo.

Pero se deja claro también que lo tremendo y fascinante se debe a Dios. Y esto da a entender que los hombres dependemos de Dios del todo. Es por eso que tratarnos de apartar de Dios es arruinarnos a nosotros mismos.

La riqueza nos puede apartar de Dios y del prójimo

En Dios vivimos, nos movemos y existimos. Somos sólidos y valiosos debido a que él nos comparte su solidez, su gloria.

Y el rico no es nadie, pues se cree autosuficiente, se basta a sí mismo. No necesita de cocineros, de camareros; no hay quienes le freguen los platos. Rehúsa él, en efecto, toda ayuda. Por consiguiente, no le ayuda el que ayuda a Lázaro.

Al lujoso, pues, se le deja a sus obsesiones y antojos. Y siguiendo con lo suyo acá, se prefiere apartar de Dios y del prójimo. No, no es de sorprender que allá no se pueda él sino apartar de Dios y del prójimo. Se cosecha, sí, lo que se siembra.

Y no se nos dice que el rico que sufre tormento es de los malvados. No peca él de palabra u obra, sino de omisión.

Es decir, él se halla atormentado solo por falta de compasión. Él demuestra que es acertado el dicho: «No podéis servir a Dios y al dinero». La riqueza es maldita en tanto que no les deja de apartar de Dios y del prójimo a los ricos. Esto mismo se ve en la denuncia de Amós.

Lázaro, a su vez, no es modelo de resignación a una vida miserable ni de esperanza de una recompensa en el cielo. Él es, más bien, una protesta contra los ricos sin entrañas. Endurecen ellos sus corazones; no escuchan a Dios, a Moisés o a los profetas.

Señor Jesús, concédenos verte, con el amor del cual nada nos podrá apartar, en todo Lázaro de hoy día, y cumplir lo que nos enseñas. Crucificado, sí, nos urges a ser compasivos para que seamos humanos de verdad (SV.ES XI:561). Nos proclamas también desde la cruz que el cristiano no puede guardar silencio frente a a injusticia, sino estar pronto a sufrir por la justicia, la religión, la fe. Hasta entregar el cuerpo y derramar la sangre.


25 Septiembre 2022

26º Domingo de T.O. (C)

Am 6, 1a. 4-7; 1 Tim 6, 11-16; Lc 16, 19-31