Twenty-Sixth Sunday in Ordinary Time, Year A-2017

From Vincentian Encyclopedia
Petty and narrow self-interests

Jesus dies for us sinners. That is how the God of unfathomable goodness proves his love for us as petty and stingy as we are.

Our petty desires for gain, power and security hinder the revelation of truth. And not knowing the truth leads to people’s enslavement. There is nothing more opposed to the way of Jesus than this.

He is not soft on powerful people. His announcement of the kingdom of God already indicates his opposition to the Roman Empire.

And associating the word ‘legion’ with the devil, Jesus suggests besides that there is need to expel Caesar. Keep him out with his coins and petty flatterers. And do not let believers in God, who made them in his image, have anything to do with Caesar.

But the Teacher rejects clearly the Roman regime as he instructs his followers not to behave as do the rulers over the Gentiles (Romans). These rulers lord it over their subjects. But it should not be so among the disciples. They must imitate the one who came to serve and give his life for all.

And, of course, Jesus confronts religious leaders. He upbraids them for their careerism and petty selfish motives. He recites before them a litany of woes.

Without mincing words, he moreover warns the chief priests and the elders. They, in particular, need to repent. Those they belittle are entering the kingdom of God ahead of them.

Showing himself courageous and free of all craving for petty power and splendor, Jesus speaks the truth to power.

He came to give witness to the truth, and those who belong to the truth listen to his voice. The truth will also set believers free.

And echoing this Christian teaching is Timothy Snyder (On Tyranny: Twenty Lessons from the Twentieth Century). He urges the reader:

Believe in the truth. To abandon facts is to abandon freedom. If nothing is true, then no one can criticize power, because there is no basis upon which to do so. If nothing is true, then all is spectacle. The biggest wallet pays for the most blinding lights.

And the tenth lesson points to the twentieth that teaches:

Be as courageous as you can. If none of us is prepared to die for freedom, then all of us will die under tyranny.

Dying for the truth, Jesus saves us, frees us. He freed St. Vincent de Paul, yes, from worrying about getting “an honorable retirement” (SV.EN I:15). Eventually, the saint would speak the truth to Richelieu and Mazarin.

Fill with grace, Lord, those who recall your passion at the Eucharist. May this pledge of future glory encourage us to remain in the truth and not look out for our own petty interests.


1 October 2017

26th Sunday in O.T. (A)

Ez 18, 25-28; Phil 2, 1-11; Mt 21, 28-32


VERSIÓN ESPAÑOLA

Mezquinos y estrechos intereses personales

Muere Jesús por nosotros pecadores. Así da él prueba de que nos ama el Dios de bondad insondable, aun tan mezquinos que somos.

Dificultan los deseos mezquinos de lucro, poder y seguridad la revelación de la verdad. Y desconocida la verdad, resulta esclavizado el pueblo. Nada más contrario que esto al proceder de Jesús.

No consiente él a los poderosos. Su proclamación del reino de Dios ya indica su oposición al imperio romano.

Y relacionando la palabra «legión» con el diablo, sugiere además Jesús que hay que expulsar al César. Que éste se quede afuera con su moneda y sus aduladores mezquinos. Y que no tengan nada que ver con él los creyentes en Dios, el que los hizo a su imagen.

Pero rechaza claramente el Maestro el régimen romano, intruyéndoles a los suyos a no comportarse como los jefes gentiles. Los jefes de los gentiles (los romanos) tiranizan a los súbditos. Nada de eso debe pasar entre los discípulos. Han de imitar al que ha venido para servir y dar su vida en rescate por todos.

Y, claro, se enfrenta también Jesús con los líderes religiosos. Les echa en cara su arribismo y sus motivos egoístas mezquinos. Asimismo, dirige a ellos una litanía de ayes.

Sin ambages advierte además a los sumos sacerdotes y a los ancianos. Ellos, en particular, necesitan arrepentirse. Los despreciados por ellos les llevan la delantera en el camino del reino de Dios.

Manifestándose valiente y libre de todo deseo de poder y esplendor mezquinos, Jesús habla la verdad a los poderosos.

Ha venido a dar testimonio de la verdad, y cuantos son de la verdad escuchan su voz. La verdad les libertan también a los creyentes en él.

Y se hace eco de la enseñanza cristiana Timothy Snyder (On Tyranny: Twenty Lessons from the Twentieth Century). Exhorta él al lector:

Cree en la verdad. Abandonar los hechos es abandonar la libertad. Si nada es verdadero, entonces nadie podrá criticar al poder, pues no habrá base para la crítica. Si no hay nada verdadero, entonces todo resultará espectáculo. La cartera más grande pagará por las luces más cegadoras.

Y esta décima lección señala a la vigésima que enseña:

Sé valiente según tus posibilidades. Si ninguno de nosotros está listo para morir por la libertad, entonces moriremos todos bajo la tiranía.

Muriendo por la verdad, nos salva Jesús, nos liberta. Él libertó, sí, a san Vicente de Paúl de sus afanes por «obtener un honesto retiro» (SV.RS I:88). Con el tiempo, el santo hablaría la verdad a Richelieu y a Mazarino.

Llénanos, Señor, de tu gracia a los que recordamos tu pasión en la Eucaristía. Nos anime esta prenda de la gloria futura a permanecer en la verdad y no encerrarnos en nuestros intereses mezquinos.


1 Octubre 2017

26º Domingo de T.O. (A)

Ez 18, 25-28; Fil 2, 1-11; Mt 21, 28-32