Twenty-Seventh Sunday in Ordinary Time, Year B-2021

From Vincentian Encyclopedia
Delight Others, and Not Ourselves

The wisdom of God made flesh dwells with us. He is delighted to be with us. But he wants, first of all, to delight us.

The scribes and the Pharisees time and again test Jesus. At best, they seek to connect with him. At worse, they set a snare for his steps. But in any case, they seem to look for what would delight them.

And are we not like them? Have we not played games to our delight? First, childhood games. Then later, the games people play, sly, so we look good and in control.

Yes, before Jesus is the question, “Is it lawful for a husband to divorce his wife?” And added to it in Matthew’s account is “for any cause.”

It is just that Mark simply seeks to make clear to the Gentile Christians Jesus’ teaching. This evangelist leaves alone a question for Jewish Christians of whether Jesus sides with the strict or the lenient rabbis.

But in both Matthew and Mark, the Pharisees ask Jesus a cold, theoretical question. It means, they do not consider the wives who do not have the rights their husbands have.

Those who ask just want to test Jesus and to know his stance. Of course, they take delight in this. They leave alone all other considerations.

To be on Christ’s side is to delight others.

And Jesus answers the Pharisees with a question. But even if they want to connect with him, he reminds them just the same to connect with the women also. Not rarely do scholars, to stay objective, lose sight of them.

Since we stay also in our ivory tower, we forget what is primordial. Soon the words said in ecstasy escape us:

    This one, at last, is bone of my bones and flesh of my flesh;
    this one shall be called “woman,” for out of “her man” this one has been taken.

But etched in our minds are the words of the “blame game”:

    The woman whom you put here with me—she gave me fruit from the tree, so I ate it.

We do not fail to delight in such a game, right? And it opens the way to more games, in particular, to those of “imposition and submission.” And we stray more from the Creator’s dream from the start. That is to say, from communion for husbands and wives, for all humans and all creation (see Gal 3, 28; Col 3, 11).

And we who go back to the dream are to put on love, the bond. We will thus not be among those who forget the worries, fears, works and hopes of others. Among those who proclaim “great truths,” but do not touch “people’s hearts.”

It is crucial that we who proclaim make connections (EG 34. 128. 154. 157. 232. 233; T.F McKenna). As God does, who is close to us (Dt 4, 7). Like the one who is not ashamed to call us brothers and sisters, and to become our own flesh and blood. Nor does he delight himself (Rom 15, 3), but his flock (St. Thomas Aquinas).

Lord Jesus, give us eyes and a heart that are turned to the poor. Grant that, in a luminous way, we find delight with the joyful among them, weep with the sorrowful, and be glad with the glorious (see (SV.EN XII:222). We shall thus be among those who learn simply about wisdom, share it freely, and do not hide away its riches (Wis 7, 13).


3 October 2021

27th Sunday in O.T. (B)

Gen 2, 18-24; Heb 2, 9-11; Mk 10, 2-16


VERSIÓN ESPAÑOLA

Deleitar a los demás, no deleitarnos

La sabiduría de Dios hecha carne mora con nosotros. Le deleita estar con nosotros. Pero, más que nada, nos quiere deleitar.

Los escribas y los fariseos una y otra vez ponen a prueba a Jesús. En el mejor de los casos, buscan conectarse con él. Y en el peor, le tienden una trampa. Pero en todo caso, parece que se quieren deleitar.

Y, ¿no somos igual que ellos? ¿No nos hemos buscado deleitar con juegos? Primero, con los juegos de los pequeños. Luego con juegos en que participamos los adultos, juegos arteros para lucirnos y ganarnos puntos.

Sí, se le presenta a Jesús: «¿Le es lícito a un hombre divorciarse de su mujer?». Y en el relato de Mateo, se añade «por cualquier razón».

Es que Marcos busca aclararles a los cristianos, paganos antes, qué enseña Jesús. No se mete el evangelista en una cuestión que es propia de los cristianos del judaísmo. De que si está Jesús de lado de los rabinos estrictos o de los no estrictos.

Pero en Mateo y en Marcos, de modo frío le preguntan a Jesús los fariseos. Es decir, no consideran a las señoras que no tienen los derechos de sus maridos.

A los que preguntan, solo les importa ponerlo a prueba a Jesús y saber su actitud. En esto, sí, no se pueden sino deleitar. Están de más otras consideraciones.

Estar de lado de Cristo es deleitar a los demás.

Y contesta Jesús a los fariseos con una pregunta. Pero si bien tratan de conectarse con él, igual se les recuerda que se han de conectar también con las mujeres. Las pierden de vista no rara vez los peritos por querer ser objetivos.

Por quedarnos también en nuestra torre de marfil, nos olvidamos de lo primordial. Y pronto se nos escapan las palabras de nuestro éxtasis:

    ¡Ésta sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne!
    Su nombre será mujer, porque ha salido del hombre.

Y, más bien, se nos graban en la mente las palabras del «juego de las culpas»:

    La mujer que me diste como compañera me ofreció del fruto y comí.

Con tal juego no nos dejamos de deleitar, ¿verdad? Y se les abre paso a unos más, en particular, a los de las imposiciones y sumisiones. Y aún más nos desviamos del sueño del Creador desde el principio. A saber, de la comunión para mujeres y varones, para todos los hombres y toda la creación (véase Gal 3, 28; Col 3, 11).

Y se espera de los remitidos al sueño que nos vistamos del amor, el vínculo. Así no nos contaremos entre los olvidados de las preocupaciones, miedos, trabajos y esperanzas de los demás. Entre los que dicen «grandes verdades», pero no tocan «el corazón» de la gente.

Es decisivo que los que decimos la Verdad hagamos conexiones (EG 34. 128. 154. 157. 232. 233; T.F McKenna). Al igual que Dios que está cerca de nosotros (Dt 4, 7). Al igual que el que no se avergüenza de llamarnos hermanos y hermanas, y de hacerse nuestra carne y sangre. Ni se busca deleitar (Rom 15, 3), sino que deleita a sus ovejas (santo Tomás de Aquino).

Señor Jesús, danos ojos y corazón para los pobres. Haz que luminosos nos logremos deleitar con los gozosos entre ellos, lloremos con los dolorosos, y exultemos con los gloriosos (véase SV.ES XI:561). Así estaremos con los que aprenden sencillos la sabiduría, la reparten alegres y no se guardan sus riquezas (Sab 7, 13).


3 Octubre 2021

27º Domingo de T.O. (B)

Gén 2, 18-24; Heb 2, 9-11; Mc 10, 2-16