Twenty-Seventh Sunday in Ordinary Time, Year A-2020

From Vincentian Encyclopedia
Trustworthy and Fruitful Tenants

Jesus embodies the trust to the extreme that God puts in us. And such trust lifts us up so that we become fruitful, trustworthy and ready to give God the fruit that is due him.

God must surely take us to be trustworthy. Or he would not lease us his vineyard. That is to say, he would not call us to work with him for justice.

But to work for justice demands that we embody it. For if we do not become the justice that we want to see in the world, we will not be believable. And this is what it means to say that we are the cherished vineyard of the Lord.

But the Lord, who does all that has to be done to care for the vineyard, expects it to yield grapes and not wild grapes. That is to say, no one should say of us: “He looked for judgment, but see, bloodshed! For justice, but hark, the outcry!”

Fruitful and trustworthy

We who now make up the house of Israel and the people of Judah are to bear, yes, fruit of justice. And we have to give the same fruit of justice to the one who has called us to work with him.

No, we cannot fail the one who trusts us out of his pure goodness. To let him down is to ruin ourselves (see also Gal 5, 15). And just as love calls for love in return, so trust, too, asks us to be trustworthy. But are we?

What would God say about us in the face of hunger, inequality, racism, selfishness and lack of concern these days? How many more prophets will the world spurn and kill? When shall we stop to twist the meaning of Dt 15, 11 (see Mt 26, 11; M. Donizetti; 17th Sunday in O.T.), “The needy will never be lacking in the land,” and not heed at all Dt 15, 4, “There should be no one of you in need?”

And how much longer must the Son of God suffer to the extreme due to greed? Furthermore, could someone not say to us, “The kingdom of God will be taken away from you and given to a people that will bear its fruit?” It is not wholly unlikely that Jesus may ask us, “What have you done to my Church?”

No doubt, it will do us good to heed the trustworthy warning that if we do not use the graces of God as we ought he would give them to others (Abelly II:235-236; SV.EN XI:262. 319. 320).

Lord Jesus, forgive us for we are not always trustworthy or fruitful. Nor do we always seek what is true, honorable and just. But do not leave us behind, especially when you build a new house, a new people, that will have you as its cornerstone. Grant, too, that we do what you do for us at your Supper, so that justice may reign in the world.


4 October 2020

27th Sunday in O.T. (A)

Is 5, 1-7; Fil 4, 6-9; Mt 21, 33-43


VERSIÓN ESPAÑOLA

Confiables y fructuosos labradores

Jesús es la confianza extrema en persona que Dios pone en nosotros. Y tal confianza nos alienta a hacernos confiables y listos para entregar a Dios los frutos debidos.

Dios, seguramente, nos toma por personas confiables. Pues si no, no nos arrendaría él a nosotros su viña. Es decir, no nos llamaría a trabajar con él en pro de la justicia.

Pero trabajar en pro de la justicia exige que la encarnemos. Es que si no nos hacemos la justicia que buscamos ver en el mundo, apenas se nos creerá a nosotros. Esto es lo que quiere decir ser la viña que el Señor prefiere.

Y busca el Señor, el cual dedica todos sus cuidados a la viña, que dé uvas ella y no agrazones. Es decir, que no se diga de nosotros: «Esperó de ellos derecho y ahí tenéis asesinatos; esperó justicia, y ahí tenéis lamentos».

Fructuosos y confiables

Así que nos toca, sí, a los que ahora formamos parte de la casa de Israel y del pueblo de Judá dar frutos de justicia. Y los mismos frutos de justicia los tenemos que entregar al que nos ha llamado a trabajar con él.

No, no hay que decepcionar al que, por su pura bondad, confía en nosotros. Defraudarle es arruinarnos (véase también Gal 5, 15). Y así como «amor saca amor», así también la confianza nos llama a ser confiables. Pero, ¿lo somos?

¿Qué diría Dios de nosotros frente al hambre, la desigualdad, el racismo, el egoísmo y la indiferencia de nuestro tiempo? ¿A cuántos profetas más se les rechazará y se les matará en el mundo? ¿No dejaremos de distorsionar el sentido (M. Donizzeti; 17º Domingo de T. O.) de Dt 15, 11 (véase Mt 26, 11): «Nunca dejará de haber pobres en la tierra» y excluir Dt 15, 4: «Es verdad que no habrá pobres entre los tuyos»?

Y, ¿hasta cuándo tendrá que sufrir hasta el extremo el Hijo de Dios debido a la codicia? Además, ¿no sería que se nos dijera: «Os quitará a vosotros el reino de los cielos y se dará a un pueblo que dé sus frutos»? Y no es del todo improbable que nos pregunte Jesús: «¿Qué habéis hecho con mi Iglesia?».

No cabe duda que nos conviene escuchar bien las advertencias confiables de que cuando no usamos debidamente las gracias de Dios, él se las pasa a otros (SV.ES XI:188-189. 244. 245. 246. 709-710. 803).

Señor Jesús, perdónanos, que no siempre somos confiables ni fructuosos. Ni siempre buscamos lo verdadero, noble y justo. Pero no nos abandones, especialmente cuando contruyas una nueva casa, un pueblo nuevo, que te tenga a ti por piedra angular. Concédenos hacer lo que tú haces en tu Cena, para que reine tu justicia en el mundo.


4 Octubre 2020

27º Domingo de T. O. (A)

Is 5, 1-7; Fil 4, 6-9; Mt 21, 33-43