Twenty-Second Sunday in Ordinary Time, Year C-2022

From VincentWiki
Lowliness, Simplicity, Truth and Freedom

Jesus is the poorest of the poor on whom God looks with favor due to the simplicity, lowliness and awe of him that they show.

Does it bother Jesus that his fellow guests, leading Pharisees, and maybe the host, too, watch him closely? If he shows that it does, it may be due to his wish to avail of the moment to teach lowliness and other things.

But be it as it may, he knows himself, for sure. He knows who and what he is; he sees he is true, solid. Which means, too, that suspicion or criticism does not make him less than what he is. Nor do praises and nice words make him greater. This goes to show that he is calm and self-possessed. For he has nothing to lose or gain. No “income, promotions or things that makes him feel secure,” to borrow a phrase from Jaime Corera (RIP). That is to say, Jesus is free. And nothing disturbs him, nothing frightens him.

And that is why, too, that he dares correct those he eats with. He tells them it will turn better for them to choose the lowest place. The example he uses proves that it pays to be lowly, even just to avoid being put to shame.

Such lowliness, is of course, selfish. But there is a lowliness that is selfless. And Jesus wants us to have it so we may be like our Father in heaven. It is the lowliness that we cannot but see in Jesus.

Lowliness no one has seen

Though he is God, Christ makes no boast of it. Rather, he becomes man to serve. And he is lowliest as he dies on the cross.

And such lowliness shows the lowliness of God. He reigns from on high, yet stoops down to reach out to the poor. He lifts us up wretched folks, takes us out of the outskirts, and gives us a place in his kingdom. His sovereignty over all makes him forgive all, judge with mercy, and rule with patience. He thus teaches us that to be just means to be kind, and he gives hope to us sinners.

Hence, the living God, to whose mountain we go near, is not the god we make in our likeness. This god, overbearing and beyond reach, is like us who are high-handed. Who thirst for power and wealth.

Needless to say, we are to be good, lowly, simple, truthful, solid and free as God is. And that is why our guests should be the poor, the crippled, the lame, the blind, those who cannot pay us back. But we will be paid back when God is all in all. When we get to see that the virtues of God that we strive to make our own are their own reward.

By the same token, if we are overbearing, beyond reach, find fault in others, harsh, showy and greedy as our idols, will these vices not be our punishment?

Lord Jesus, grant us your creative love due to which you give us, in lowliness, your body as food and your blood as drink (SV.EN XI:131).


28 August 2022

22nd Sunday in O.T. (C)

Sir 3, 17-18. 20. 28-29; Heb 12, 18-19. 22-24a; Lk 14, 1. 7-14


VERSIÓN ESPAÑOLA

Humildad, sencillez, verdad y libertad

Jesús es el más pobre de los pobres en los cuales fija Dios los ojos por la sencillez, la humildad y la reverencia que manifiestan ellos.

¿Le molesta a Jesús que le espían sus comensales, los principales fariseos, y quizá aun el que le ha invitado? Si se ve molesto Jesús, se deberá a que busque aprovechar el momento para enseñarles la humildad y otras cosas.

Sea lo que sea, él se conoce, por cierto, a sí mismo. Conoce quién es él y lo que es él; ve lo veraz y sólido que es. Y sabe también que no es menos porque en él pone lenguas uno. Ni es más porque de él se hace lenguas otro. Es decir, no le falta aplomo a Jesús. Pues no tiene nada que perder ni ganar, ni «rentas, ascensos y seguridades», por usar una frase de Jaime Corera (QDEP). Es libre Jesús. Y nada le turba ni espanta.

Y es por eso también que corrige Jesús a los que comen con él. Les demuestra, por medio de un ejemplo, que mejor le resultará a un convidado escogerse el último puesto. Vale, sí, la pena mostrarse humilde, aun sea no más para no terminar avergonzado.

Esa humildad, sí, es egoísta. Pero hay humildad abnegada. Y ésta se nos enseña para que seamos al igual que nuestro Padre del cielo. Es la humildad que bien claro se ve en Jesús.

Humildad que no se ha visto jamás

Aunque es Dios, Cristo no se jacta de serlo. Más bien, se hace hombre para servir. Y aún más humilde se muestra al morir en la cruz.

Y tal humildad da a conocer la humildad de Dios. Él reina allá en lo alto, pero se abaja para socorrer al pobre. Él nos da la mano para levantarnos de la miseria, sacarnos de las afueras y darnos puesto en su reino. Su soberanía sobre todos le hace perdonarlos a todos, juzgar con moderación y regir con compasión. Así se nos enseña que ser justo es ser amable, y también se nos da esperanza a los pecadores.

Por lo tanto, el Dios vivo, al monte del cual nos acercamos, no es el dios que nos forjamos a semejanza nuestra. Ese dios, prepotente e intocable, es igual que nosotros, los que buscamos dominar a los demás. Los que tenemos sed de poder y riqueza.

Y está de más decir que nos toca ser buenos, humildes, sencillos, veraces, sólidos y libres como lo es Dios. Y es por eso que hemos de convidar a los pobres, lisiados, cojos, ciegos, a los que no nos pueden pagar. Se nos pagará cuando Dios sea todo en todos. Cuando se nos dé a conocer de modo pleno que las virtudes de Dios que procuramos hacer nuestras son ya en sí una recompensa.

De la misma forma, si nos hacemos prepotentes, intocables, déspotas, justicieros, severos, ostentosos y codiciosos al igual que nuestros ídolos, ¿no serán esos vicios nuestro castigo?

Señor Jesús, concédenos tu amor inventivo por el que nos das, con humildad, tu cuerpo como comida y tu sangre como bebida (SV.ES XI:65).


28 Agosto 2022

22º Domingo de T.O. (C)

Eclo 3, 17-18. 20. 28-29; Heb 12, 18-19. 22-24a; Lc 14, 1. 7-14