Twenty-Second Sunday in Ordinary Time, Year C-2019

From Vincentian Encyclopedia
Lowly Followers of Jesus Christ

Jesus is the definitive proof that God lifts up the lowly and repays those who reaches out to them. Our Teacher calls us to the same lowliness and outreach.

Jesus is a guest of one of the leading Pharisees. In other words, he is not among the lowly folks.

Rather, Jesus is among citizens who are outstanding for their knowledge and strict keeping of the law. So, they have people’s respect and see themselves as the righteous judges of others. Little wonder, then, that they watch him carefully, though this surely puts in doubt his host’s sincerity.

Jesus, on the other hand, is guileless. After all, he leads the lowly people that makes up the remnant of Israel, who speak no lies (Zeph 3, 12-13). So, he speaks the truth, not caring about their status, as though living up now to the Pharisees’ later flattery (Lk 20, 21). But really, social standing or nationality does not matter to him, nor to his Father (Acts 10, 34-35). So, then, he tells his fellow guests that being lowly makes sense.

And Jesus does not spare his host the hurt that the truth brings. He says to him that it is better that he invites and opts for those who cannot repay him. Doing so, the host can, then, look forward to the repayment at the resurrection of the righteous.

Jesus, the lowliest among the lowly, welcomes the lowly and wants us to be like him.

Jesus embodies his own teaching about being humble. For our sake, he becomes poor and a curse (2 Cor 8, 9; Gal 3, 13). Moreover, he becomes as sin, so that he may become our righteousness (2 Cor 5, 21). And even more telling is that, to save us, he humbles himself, becoming obedient even to death on the cross (Phil 2, 6-11). And because of this God greatly exalts him. No, there is no denying that the lowly find favor with God.

And so, the lowly finds favor, too, with Jesus. Again, like his Father, the Son approves more the lowly who is in awe of his words than the greatness that we can show off (Is 66, 1-2).

Needless to say, following Jesus means being like him and doing what he does. For one thing, then, true Christians humbly take others as more important than themselves (Phil 2, 3). For another, they associate with the lowly (Rom 12, 16). And, basically, disciples are humble because they stand on the truth that they are nothing if not for God (see SV.EN XI:313). And they associate with the lowly, because they are truthful. They acknowledge that they live and eat due to the sweat and hard work of the lowly (SV.EN XI:190-191).

And so their sharing in the Eucharist, which commits them to the poor (CCC 1397), is truly a pledge of the assembly of the firstborn in heaven.

Lord Jesus, make us “learn, by your grace and example, to be truly” lowly “of heart” (SV.XII:173).


1 September 2019

22nd Sunday O.T. (C)

Sir 3, 17-18. 20. 28-29; Heb 12, 18-19. 22-24a; Lk 14, 1. 7-14


VERSIÓN ESPAÑOLA

Humildes seguidores de Jesucristo

Jesús es la prueba definitiva de que Dios enaltece a los humildes y paga a los solidarios con ellos. Nos llama nuestro Maestro a tal humildad y tal solidaridad.

Jesús es uno de los convidados por uno de los principales fariseos. Es decir, no está entre los humildes.

Se encuentra más bien entre ciudadanos notables por su conocimiento de la ley y su observancia estricta. Por eso, la gente los tiene en gran estima y ellos, por su parte, se creen con derecho a juzgar a los demás. No extraña, pues, que espíen a Jesús, lo que seguramente pone en cuestión la sinceridad del anfitrión.

Jesús, en cambio, es honesto. Después de todo, preside a los humildes que forman parte del remanente de Israel, quienes no dicen mentiras (Sof 3, 12-13). Dice entonces la verdad, sin fijarse en el estatus, como si se ajustara ahora a los halagos de más adelante por parte de los fariseos (Lc 20, 21). Pero realmente, no le importa a Jesús, —ni a su Padre—, la posición social ni la nacionalidad (Hch 10, 34-35). Así pues, dice a los demás convidados que ser humildes ellos tiene sentido.

Y no le libra Jesús al anfitrión del dolor que la verdad conlleva. Le dice que es mejor invitar a los que no podrán corresponderle; es mejor optar por ellos. Así se le pagará al que invita en la resurrección de los justos.

Jesús, el más humilde de los humildes, acoge a los humildes y quiere que seamos como él.

Personifica Jesús su enseñanza sobre la humildad. Pues por nosotros se hace pobre y maldición (2 Cor 8, 9; Gál 3, 13). Se hace además como pecado para que nos hagamos justos (2 Cor 5, 21). Y lo que es aún más revelador, se humilla, para salvarnos, haciéndose obediente hasta la muerte de cruz (Fil 2, 6-11). Por eso, Dios lo exalta sobre todo. No, no se puede negar que alcanzan los humildes el favor de Dios.

Alcanzan también el favor de Jesús. Pues otra vez como su Padre, el Hijo pone sus ojos más en los humildes que se estremecen ante las palabras divinas que en las grandezas de las que podamos engreírnos. (Is 66, 1-2).

Huelga decir que seguir a Jesús significa ser como él y hacer lo que él. Por una parte, pues, los verdaderos cristianos humildemente consideran superiores a los demás. Por otra parte, se hacen solidarios con los humildes (Rom 12, 16). Fundamentalmente, son humildes porque se basan en la verdad de que son nada sin Dios (véase SV.ES XI:238). Y practican la solidaridad, reconociendo que viven y comen debido al sudor y el trabajo de los humildes (SV.ES XI:121).

Por eso, su participación en la Eucaristía, la que entraña un compromiso en favor de los pobres (CIC 1397), es verdaderamente la prenda de la asamblea de los primogénitos en el cielo.

Señor Jesús, haz que «aprendamos a ser verdaderamente humildes de corazón, por tu gracia y por tu ejemplo» (SV.ES XI:495).


1 Septiembre 2019

22º Domingo de T.O. (C)

Eclo 3, 17-18. 20. 28-29; Heb 12, 18-19. 22-24a; Lc 14, 1. 7-14