Twenty-Second Sunday in Ordinary Time, Year A-2020

From Vincentian Encyclopedia
Lose and Gain, Die and Live with Christ

With his teaching and life, Jesus proves that to lose is to gain, to die is to live. To belong to him is to embody this truth.

Jesus calls fishermen Peter and Andrew. Right away, the brothers, as though they have nothing to lose, leave their nets and follow him. James and John, also follow him quickly; they leave their boat and their father.

And Jesus does not let them down. That is because he shows he is a new teacher, a new prophet. For he goes around, teaches, proclaims the Good News, and cures diseases and illnesses among the people.

So, his fame soon spreads and great crowds follow him. Surely, the disciples think in their hearts that they do not follow just anyone. For he shows more and more that he is the promised Messiah. It is better, then, to lose nets and boat than Jesus.

To follow Jesus, yes, is worth it. After all, he amazes the crowds, for he teaches with authority. Never mind that his teaching asks for inner, radical, change, and turns things upside down. Besides, he wants his followers to follow him as a poor man, always ready to go with him, and as kind and inclusive as he.

Jesus says again that to lose is to gain.

Jesus, yes, amazes the crowds. But there are those, too, who do not agree with what he says and does. And he does not hide the cost of being a disciple. To be a disciple is to have the same fate as the prophets. It is to lose life for his sake to find it. It is to be like Jeremiah.

Still and all, Peter scolds Jesus, for he hears him say that he must go to Jerusalem and suffer greatly. That he must be killed and be raised on the third day.

This saying makes Peter stumble, indeed, which prompts Jesus to call him, in turn, “Satan.” And he tells him to get behind him; he is the Master. He says again that to lose life for his sake is to find it.

Like Peter, Jesus does not want suffering for himself or anyone. But he is not like him, too, since he thinks as God and does his will. He seeks first the kingdom of God and his justice. He puts himself on the line. For the sake of a better world, where justice, peace, freedom and happiness reign. A world fit for humans. And we are less than human if we do not feel for those who suffer (SV.EN XII:222).

Sadly, to do any good brings in strife (SV.EN I:75). And no one goes against Jesus more than those who are in control in Jerusalem. They conform to this age, and so, they oppose all change that will make them lose power, wealth and privilege.

Lord Jesus, make us follow you and speak truth to power. Grant that we live what we call to mind at your Supper: your commitment to lose so as to gain, to die so as to live.


30 August 2020

22nd Sunday in O.T. (A)

Jer 20, 7-9; Rom 12, 1-2; Mt 16, 21-27


VERSIÓN ESPAÑOLA

Perder y ganar, morir y vivir con Cristo

Con su enseñanza y su vida, comprueba Jesús que perder es ganar, morir es vivir. Decirnos seguidores suyos es encarnar esa verdad.

Llama Jesús a los pescadores Pedro y Andrés. En seguida, los hermanos, como si tuviesen nada que perder, dejan las redes y lo siguen. Lo siguen inmediatamente también los hermanos Santiago y Juan; dejan la barca y a su padre.

Y no se defraudan ellos. Es que Jesús se manifiesta como un nuevo maestro, un nuevo profeta. Pues recorre él pueblos y aldeas, enseña, proclama la Buena Noticia y cura las enfermedades y dolencias del pueblo.

A poco, por lo tanto, su fama se extiende por todas partes y le siguen grandes multitudes. Seguramente, piensan para sí los discípulos que no siguen a cualquiera. Pues cada vez más se les presenta él como el Mesías de la promesa. Así que más vale perder las redes y la barca que a Jesús.

Vale la pena, sí, seguirlo. Después de todo, se asombran de él las multitudes, pues enseña con autoridad. No importa que su enseñanza exija un cambio interior, radical, y lo ponga todo boca abajo. Y requiere él también que se le siga a él pobre, con pronta disponibilidad y sin rigidez ni acepción de personas.

Se les dice una vez más a los discípulos que perder es ganar.

Son muchos los que se asombran de Jesús, pero no faltan los que ponen en cuestión sus enseñanzas y actuaciones. Y él mismo divulga plenamente el coste de ser discípulo. Ser discípulo es tener la misma suerte que los profetas, es perder la vida por él para encontrarla. Es ser como Jeremías.

Con todo, Pedro increpa a Jesús al decir éste que tiene que ir a Jersualén y padecer allí mucho. Que tiene que ser ejecutado y resucitar al tercer día.

Y el dicho lo hace tropezar al discípulo, lo que provoca que Jesús, a su vez, lo llame «Satanás». Le manda, pues, que se ponga detrás de él, que él es el Maestro. Luego, dice una vez más que perder la vida por él es encontrarla.

Al igual que Pedro, no quiere Jesús el sufrimiento ni para sí mismo ni para nadie. Pero no como el discípulo, el Maestro piensa al igual que Dios y hace su voluntad. Busca él primero el reino de Dios y su justicia. Se expone él a grandes riesgos. Por un mundo mejor, un mundo de justicia, paz, libertad, felicidad y vida más humana. Y somos menos humanos sin la compasión, (SV.ES XI:561).

Pero lamentablemente, «es muy difícil … hacer algún bien sin contrariedades» (SV.ES I:143). Y, claro, los que se oponen más a Jesús son los que tienen el control en Jerusalén. Se amoldan a este mundo, y es por eso que resisten a todo cambio que les haga perder sus poderes, riquezas y privilegios.

Señor Jesús, haz que te sigamos y digamos la verdad a los con poder. Concédenos vivir lo que se remembra en tu Cena: tu compromiso a perder para ganar, a morir para vivir.


30 Agosto 2020

22º Domingo de T. O. (A)

Jer 20, 7-9; Rom 12, 1-2; Mt 16, 21-27