Twenty-Ninth Sunday in Ordinary Time, Year C-2019

From Vincentian Encyclopedia
Cry out to God Always and Not Lose Heart

Jesus, “a man of the greatest prayer” (SV.EN IX:326), pleads with God for us always. And his blood cries out to him more loudly than that of Abel. Surely, God brings justice without delay to those who cry out with faith as Jesus.

The Gospel this Sunday tells us that we have to pray always without becoming weary. But it is not simply about prayer. Rather, it is about a specific prayer. That is, we have to cry out to God tirelessly that he may do justice for poor people.

Undoubtedly, this teaching is part of the word that we must proclaim persistently whether it is timely or untimely. But it really suits our world today.

After all, today too thousands of people fall prey to merciless exploiters. These victims are as helpless as the widow in the Gospel. Their sufferings cry out to God for justice. And we also cry out with them and for them, believing that he sees their affliction and hears their cry.

Yet despite our many prayers and best efforts to work with God, the poor keep suffering, getting poorer, growing in number. Meanwhile, the wicked continue to suffer no pain and to prosper (Ps 73, 3-12). Staying proud and violent, they seethe with plots and from on high plan oppression. They do not stop telling lies and fostering falsehood, and issuing threats, as though might makes right. Sadly, these are times of exclusion, wall-building, separation and isolation.

And so, we wonder if God really sees, listens and helps. But, yes, the Gospel tells us in no uncertain terms that God does care and hear our cry. Even a judge, who is the very definition of corruption, can relent. How much more, then, will the loving and merciful God see to it that he does justice for the poor. But do we have the faith Jesus wants us to see in us?

Faith makes us pray and cry out to God for justice.

To pray always without becoming weary requires that we have faith. And to believe so means to pray and cry out with Jesus in loud cries and tears to the One who can save us (Heb 5, 7). God heard Jesus and raised him up from the dead, which guarantees that God hears the poor and does right by them.

Moreover, faith implies keen and practical awareness of the intertwining of prayer, the breaking of bread and support for one another. It all makes for the poor being heard and the wrongs done them being redressed.

Lord Jesus, we approach God through you, with you, in you, in union with the Holy Spirit. Plead with God for us. And increase our faith. Spur us on to cry out to God always that he does justice for those in the clutches of racist, self-serving and corrupt leaders.


20 October 2019

29th Sunday in O.T. (C)

Ex 17, 8-13; 2 Tim 3, 14 – 4, 2; Lk 18, 1-8


VERSIÓN ESPAÑOLA

Clamar a Dios siempre sin desanimarse

Jesús, «hombre de grandísima oración» (SV.ES IX:380), intercede siempre por nosotros. Su sangre clama más fuerte a Dios que la de Abel. Clamar con fe, como Jesús, es asegurar que Dios nos haga justicia sin tardar.

Nos dice el Evangelio de este domingo que tenemos que orar siempre sin desanimarnos. Pero no se trata simplemente de la oración. Se trata más bien de una oración concreta, de clamar a Dios sin cejar que les haga justicia a los pobres.

Indudablemente, lo que se nos enseña forma parte de la palabra que se debe proclamar con persistencia a tiempo y a destiempo. Pero realmente la enseñanza es bien oportuna para el mundo contemporáneo.

Después de todo, también hoy día miles de personas caen en las garras de explotadores despiadados. Esas víctimas son tan indefensas que la viuda del Evangelio. Sus sufrimientos no dejan de clamar a Dios para reclamar justicia. Y procuramos nosotros clamar con las víctrimas y por ellas, pues creemos que Dios ve la aflicción que sufren y escucha el clamor de ellas.

Pero aun a Dios rogando nosotros y con el mazo dando, los pobres van sufriendo y haciéndose más pobres y numerosos. Mientras tanto los malvados van sin problemas y siguen prosperando (Sal 73, 3-12). Orgullosos y violentos, rebosan de malas ideas y desde lo alto amenazan con la opresión. No cesan de decir mentiras, promover falsedades y proferir intimidaciones, como si la ley aplicable fuera la ley del más fuerte. Lamentablemente, vivimos tiempos de exclusión, construcción de muros, separación y aislamiento.

Por eso, nos preguntamos si realmente ve, escucha y ayuda Dios. Pero el Evangelio nos dice, sí, con contundencia que Dios nos cuida y escucha nuestro clamor. Puede ceder incluso un juez que es la definición en persona de la corrupción. Cuánto más asegurará, pues, el Dios amoroso y misericordia que se les haga justicia a los pobres. Pero, ¿tenemos la fe que nos desea Jesús?

Hace la fe que nosotros nos dediquemos a orar y clamar a Dios pidiendo justicia.

Orar siempre sin deasnimarnos exige que tengamos fe. Y creer así quiere decir orar y clamar con Jesús a gritos y con lágrimas al que puede salvarnos (Heb 5, 7). Dios escuchó a Jesús, lo que nos da certeza de que Dios escucha a los pobres y les hace justicia.

La fe supone además conciencia aguda y práctica de la interacción entre la oración, la fracción del pan y el apoyo mutuo. Todo esto lleva a que se les escuche a los pobres y se les haga justicia.

Señor Jesús, nos acercamos a Dios por ti, contigo y en ti, en la unidad del Espíritu Santo; intercede en nuestro favor. Y auméntanos la fe. Que siempre nos animemos a clamar ante Dios que haga justicia a las víctimas de líderes racistas, egoístas y corruptos.


20 Octubre 2019

29º Domingo de T.O. (C)

Éx 17, 8-13; 2 Tim 3, 14 – 4, 2; Lc 18, 1-8