Twenty-Ninth Sunday in Ordinary Time, Year A-2020

From Vincentian Encyclopedia
Trap Is All It Is, without Doubt

Jesus probes the heart and searches the mind. That is why those who seek to catch him and set a trap for him fall into it themselves.

The Pharisees and their followers are against the payment of taxes to Caesar. The Herodians, on the other hand, are for it. But it is enough that they all seek to trap Jesus for them to turn into strange bedfellows.

So then, they try catch him in speech. And he, in turn, steers clear of the trap with his answer. He tells them, “Then give back to Caesar what is Caesar’s and to God what is God’s.”

Such a reply comes from logic, for the image and the writing on the coin are Caesar’s. And it unmasks the odd bedfellows as phonies (Dennis Hamm). They fall, then, into their own trap. Of course, it has not crossed their mind that Jesus knows what is in each person (Jn 1, 25). And that is why he knows their ill will.

But as D. Hamm and J.A. Pagola, too, make clear, not a few fall into a trap. That is to say, not a few say that the rule of a state is one thing, and that of God, another. And that these two realms are separate and self-ruling.

But Jesus says no such thing, if we do not take what he says out of context. If we do not fail to see it in the light of what he does in behalf of the kingdom of God and his justice.

True to the Scriptures, Jesus makes clear by word and deed that we all bear the image of God. And so, we are all God’s. And God is the Lord of all and there is none besides him. One, then, should resist all authority that defaces, enslaves and oppresses us.

One must not set a trap for anyone who bears the image of God.

To see God in others. I grapple with this, especially when it has to do with those who seem to be the devil himself in the flesh. Yet here is the test that tries and proves the true disciples.

Madeleine L’Engle wrote (“Lion and Lamb,” The Irrational Season) of a Lutheran pastor who had met Hitler and liked him. But he could not reconcile his faith with the Third Reich that claimed to protect religion. As long as it agreed with Hitler and served his ends.

The pastor “and his wife and children were sent to a concentration camp, and the wife and children died there. Like Anne Frank’s father, he was the only one left.

“… When Hitler’s megalomaniac kingdom had fallen … it was remembered that he had seen Hitler. Someone asked him curiously, ‘What did Hitler look like?’

“He replied quietly, ‘Like Jesus Christ.’”

Lord Jesus, may we love our neighbor as ourselves to the end, and never set a trap for him. And make our faith alive, our love toilful and our hope enduring. Grant, too, that we further more your kingdom than our own possessions (SV.EN III:527).


18 October 2020

29th Sunday in O.T. (A)

Is 45, 1. 4-6; 1 Thes 1, 1-5b; Mt 22, 15-21


VERSIÓN ESPAÑOLA

Trampa es nada más, no cabe duda

Jesús penetra el corazón y sondea las entrañas. Es por eso que los que lo buscan comprometer y le tienden una trampa caen ellos mismos en ella.

Los fariseos y sus seguidores están en contra del pago de impuesto al César. Los herodianos, en cambio, están a favor. Pero les basta con buscar todos tenderle a Jesús una trampa para que se hagan ellos aliados curiosos.

Así pues, ellos lo tratan de comprometer con una pregunta. Y él, a su vez, sortea la trampa con una respuesta. Les dice: «Pues dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios».

Resulta lógica esa conclusión, pues son del César la imagen y la inscripción en la moneda. Y desenmascara esa respuesta lo insinceros que son los aliados curiosos (Dennis Hamm). Caen ellos, pues, en su propia trampa. Por supuesto, nunca se les ha ocurrido que Jesús sabe lo que hay dentro de cada hombre (Jn 2, 25). Y que es por eso que él ha comprendido la mala voluntad de ellos.

Pero como nos lo aclaran D. Hamm y también J. A. Pagola, no pocos caen en una trampa. Es decir, no son pocos los que dicen que el gobierno del estado es una cosa y el de Dios, otra. Y que los dos poderes son separados y autónomos.

Pero esto no lo dice Jesús, no sacamos lo que dice fuera de contexto. Si lo vemos en la luz de sus obras en pro del reino de Dios y su justicia.

Jesús, fiel a las Escrituras, deja claro, sí, de palabra y de obra, que llevamos todos la imagen de Dios. Y, por lo tanto, somos de Dios. Dios es el Señor de todos y no hay otro. Hay que resistir, pues, a toda autoridad que nos disfigure, nos esclavice y nos oprima.

A nadie que lleva la imagen de Dios se le ha de tender trampa alguna.

Ver a Dios en los demás. Con esto me cuesta cumplir, con respecto especialmente a los que parecen ser el diablo mismo en carne. Pero ahí está la prueba por la que se aquilatan los verdaderos discipulos.

Escribió Madeleine L’Engle (“Lion and Lamb,” The Irrational Season) de un pastor luterano que había conocido a Hitler. Éste le había gustado a áquel. Pero no encontraba el pastor acuerdo alguno entre la fe y el Tercer Reich que fingía proteger la religión. Con tal que ella se conformara con Hitler y valiera para sus fines.

Y se les envió al pastor, a su esposa y a sus hijos a un campo de concentración. Allí murieron ella y los hijos. Al igual, pues, que el padre de Ana Frank, el pastor fue el único que quedó.

Y cuando había caído el reino megalómano de Hitler, se recordó que el pastor había visto a Hitler. Alguien, luego, le preguntó, por curiosidad: «¿Cómo era Hitler?».

Replicó el pastor con calma: «Como Jesucristo».

Señor Jesús, ojalá amemos al prójimo hasta el extremo, en vez de tenderle una trampa. Y haz que sea activa nuestra fe, esforzador nuestro amor y firme nuestra esperanza. Concédenos también extender más tu reino que nuestras posesiones (SV.ES III:488-489).


18 Octubre 2020

29º Domingo de T. O. (A)

Is 45, 1. 4-6; 1 Tes 1, 1-5b; Mt 22, 15-21