Twenty-Fourth Sunday in Ordinary Time, Year C-2022

From Vincentian Encyclopedia
Bother Those of Strict Observance

Jesus shows us God who is rich in mercy. He welcomes sinners and eats with them. This does bother not a few folks.

Maybe the Pharisees and the scribes think Jesus likes to bother them since they are the guardians of the law. For he stands up to them when they tell him he breaks the law. Besides, he criticizes them in the open.

And, of course, he does bother them as he shows that he is close to sinners. They already brought this up before, and he told them that he had come to call sinners]. But those who do not sit with liars nor eat with the wicked do not just give up. And the Teacher tells them at this time, by way of three parables, why he behaves so.

And the “why” is God, who is rich in mercy and, hence, seeks sinners. He brims with joy when a sinner, a lost son, repents.

The Father, yes, spurs Jesus on, through the Holy Spirit, to welcome sinners. After all, Jesus does just what he sees the Father do; he teaches no more than what he learns from the Father.

And he sees, and knows by experience, that God loves us humans very much. And that is why he, the Father’s only Son, has not come to judge us, but to save us.

To let Jesus’ mercy bother us is to give away that we do not know God.

The Father, then, is not the harsh judge that the Pharisees and the scribes speak of. Far from being what they think, he is soft-hearted and full of mercy, slow to anger, very kind, and true. And it looks like that those who forget this lose sight, too, of what matters most in the law: justice, mercy, being true. It is to be stricter than the one who knows that to be human is to be prone to do evil. For God knows that we are made of clay. David was right to choose to fall into God’s hands, for his mercy is great, than into men’s hands.

Indeed, Jesus shows us God’s true face. The face of the one who did not carry out his threat against the stiff-necked, and who will later treat Saul with mercy. There is no doubt that mercy is the trait that tells us who and what God is (SV.EN XI:328). No, he is not the tough master that a servant must please, and not bother, to have feathers in his cap.

And as such master does the older son serve his own father. This son stands for the Pharisees and the scribes, smug, sure, pleased. But their trust is not in God, but in their works and merits that make them feel sure and pleased. And they are angry since those who they think are of no worth get their feasts.

But the Father forgives even his children that are brazen in their wish to see him dead. And he holds a family reunion, a feast. But those who are smug spurn it; they do not want communion. Do they want another 9-11 or 3-11?

Lord Jesus, grant that those who are friends to sinners not bother us. And make us learn that, before God, no one is above another or has merits, no one can boast or be brashly vain (Comentarios al evangelio 1).


11 September 2022

24th Sunday in O.T. (C)

Ex 32, 7-11. 13-14; 1 Tim 1, 12-17; Lk 15, 1-32


VERSIÓN ESPAÑOLA

Molestar a los de la observancia estricta

Jesús da a conocer a Dios que es rico en misericordia. Acoge él a los pecadores y come con ellos. Esto no deja de molestar a no pocos.

Creen quizás los fariseos y los escribas que Jesús los quiere molestar, por ser ellos guardianes de la ley. Pues él se justifica al decirle ellos que no guarda él la ley. Pero por encima de defenderse, él los critica de forma abierta.

Y, claro, que él se muestre cerca de los pecadores y pecadoras, esto no los puede sino molestar. Ya se quejaron antes, y él les dijo que había venido a llamar a los pecadores. Pero no se rinden sin más los que no se sientan con los mentirosos ni comen con los malvados. Y esta vez les aclara el Maestro, por medio de tres parábolas, por qué se porta de ese modo.

Y el por qué es Dios, que es rico en misericordia. Por lo tanto, busca a los pecadores. Y rebosa él de alegría al arrepentirse un pecador, un hijo perdido.

El Padre impulsa, sí, por su Espírtu a Jesús a acoger a los pecadores. Después de todo, solo hace Jesús lo que ve hacer el Padre; enseña no más que lo que aprende del Padre.

Y ve, y sabe Jesús por experiencia, que Dios ama mucho a los hombres. Y es por eso que él, hijo único del Padre, no ha venido para juzgarnos, sino para salvarnos.

Dejarse molestar por la misericordia de Jesús es delatarse no conocedor de Dios.

El Padre, pues, no es el juez severo del que hablan los fariseos y los escribas. Él es, más bien, tierno y compasivo, lento a la ira, rico en piedad, y leal. Y olvidarse de esto es, por lo visto, perder de vista a la vez lo más importante de la ley: la justicia, la misericordia, la fidelidad. Es ser más estricto que el que sabe que ser humano quiere decir inclinarse a hacer el mal. Pues sabe Dios que los hombres estamos hechos de barro. Con razón escogió David caer en manos de Dios, pues es grande su compasión, que en manos de los hombres.

Jesús, de verdad, nos muestra el verdadero rostro de Dios. Del que se arrepintió de la amenaza que había pronunciado contra los de dura cerviz, y del que más tarde tendrá compasión de Saulo. No cabe duda de que lo propio de este Dios es la misericordia (SV.ES XI:253). No, no es un amo duro al que un siervo tiene que agradar, en vez de molestar, para que se ganen méritos.

Y, sí, como a un amo severo sirve a su padre el hijo mayor. Éste representa a los fariseos y a los escribas, confiados, seguros, satisfechos. Pero no confían en Dios, sino en sus obras y méritos, por los que se sienten seguros y satisfechos. Y se enfadan, pues se les festeja a los que, al parecer de ellos, no valen nada.

Pero el Padre perdona aun a sus hijos descarados que lo quieren ver muerto. Y celebra él una reunión, un festín, de familia. Los autocomplacientes, en cambio, lo rechazan todo; no les gusta la comunión. ¿Quieren ellos otro 11 de septiembre o 11 de marzo?

Señor Jesús, concédenos no dejarnos molestar por los amigos de los pecadores. Y haz que aprendamos que ante Dios no hay nadie que sea superior o tenga mérito, que pueda alardear o ser vocinglero (Comentarios al evangelio 1).


11 Septiembre 2022

24º Domingo de T.O. (C)

Éx 32, 7-11. 13-14; 1 Tim 1, 12-17; Lc 15, 1-32