Twenty-Fourth Sunday in Ordinary Time, Year B-2018

From Vincentian Encyclopedia
Hostility between the Serpent and Human Beings

Jesus is the Christ. His mission is to bring the Good News to the poor. He does not turn back in the face of hostility.

After the disciples’ spokesman’s right confession that Jesus is the Christ, the latter warns them not to tell anyone about him. That’s because he knows that he is up against people’s misconception about the Messiah as a political liberator. Understandably, it is the hostility of the Romans that has given rise to the misconception.

Jesus’ warning turns out reasonable; the disciples themselves can spread wrong ideas. This is clear from Peter’s reaction to Jesus’ foretelling of his passion, death and resurrection. The disciple, displaying hostility to the idea of a suffering Messiah, takes the Teacher aside and rebukes him.

But Jesus turns around and, looking at his disciples, returns the rebuke. He calls Peter Satan, the tempter who only seeks to take Jesus away from his mission. On display again is the hostility of the old serpent.

Then Jesus reaffirms right away his teaching. One can imagine that he shocks the crowd and his disciples even more, for there is mention of the cross. Those who seek to throw out the Romans find the cross loathsome. It shows that the hostility of the Romans has reached its height.

And now the one they think is the Messiah teaches that his followers will have to carry their cross! No, he’s not rubbing it in the face of those who think not as God does. Rather, he wants to highlight the fundamental importance of this teaching.

The Word made flesh has to suffer and so enter into his glory. He cannot avoid the devil’s hostility.

The Son of God willed to become human, which means he also freely chose not to have any choice. Jesus has no choice but be part of the hostility between evil and human beings.

And one should never underestimate the power of evil to foster injustice and greed. One has only to gaze on Jesus on the cross. He is the fate in person of those who bring the Good News to those who hunger and thirst for righteousness.

Disciples have to be clear on this before deciding to follow Jesus to the giving up of the body and the shedding of blood. Self-giving, not possessing, is the only way to break the cycle of hostility.

Indeed, in order to die as Jesus Christ, we must live as Jesus Christ (SV.EN I:276). Otherwise, our confession of him would be as glib as the statement of someone who only has words, and no deeds, for a needy brother or sister.

Lord Jesus, help the poor, so that we may clearly see that your cross won over Satan’s hostility.


16 September 2018

24th Sunday in O.T. (B)

Is 50, 5-9a; Jas 2, 14-18; Mk 8, 27-35


VERSIÓN ESPAÑOLA

Hostilidad entre la serpiente y los hombres

Jesús es el Mesías, con misión de evangelizar a los pobres. No se echa atrás ante la hostilidad de la serpiente.

Luego de confesar acertadamente el portavoz de los discípulos que Jesús es el Mesías, éste les prohíbe decírselo a nadie. Es que se da cuenta del malentendido popular a que se enfrenta de que el Mesías es un libertador político. Lógicamente, es la hostilidad de los romanos lo que ha dado paso al malentendido.

Resulta razonable la prohibición de Jesús; los discípulos mismos son capaces de difundir ideas erróneas. Esto lo deja claro la reacción de Pedro al predecir el confesado Mesías su pasión, muerte y resurrección. El discípulo, demostrando hostilidad a la idea de un Mesías sufriente, lleva aparte al Maestro para increparle.

Pero Jesús se vuelve de cara a los discípulos para reprender a Pedro de manera igualmente severa. Le llama Satanás, el tentador que solo busca impedir a Jesús cumplir su misión. Una vez más se manifiesta la hostilidad de la serpiente antigua.

A continuación, reafirma Jesús su enseñanza. Es de suponer que él les escandalice aún más a la gente y a los discípulos. Pues se menciona la cruz, una abominación para quienes buscan expulsar a los romanos. Expresa la cruz que se ha llegado al colmo de la hostilidad romana.

Y ahora, ¡enseña el pensado Mesías que tendrán que cargar con su cruz los que quieren ser discípulos de él! No lo dice para restregárselo en la cara a los que piensan como los hombres. Quiere resaltar, más bien, la importancia fundamental de esta enseñanza.

Le es necesario al Verbo hecho hombre padecer y así entrar en su gloria. Es consequencia inevitable de la hostilidad entre la maldad y la humanidad.

El Hijo de Dios quiso hacerse hombre, lo que quiere decir que eligió libremente no tener opción alguna. Jesús no puede sino tener parte en la hostilidad entre el maligno y los hombres.

No se debe subestimar jamás el poder de la maldad para promover la injusticia y la codicia. Nos basta con fijar los ojos en Jesús crucificado. Él es el destino en persona de los que anuncian la Buena Noticia a los hambrientos y sedientos de justicia.

Los discípulos han de tener claridad sobre esto antes de decidir a seguir a Jesús hasta la entrega del cuerpo y el derramamiento de la sangre. La entrega, no la posesión, es lo que es capaz de romper el círculo de hostilidad.

De verdad, para morir como Jesucristo, hay que vivir como Jesucristo (SV.ES I:320). De lo contrario, nuestra confesión de él será tan fácil como la declaración de los que solo tienen palabras, no obras, para un hermano o hermana necesitado.

Señor Jesús, ayuda a los pobres, para que se manifieste el triumfo de tu cruz sobre la hostilidad satánica.


16 Septiembre 2018

24º Domingo de T.O. (B)

Is 50, 5-9a; Stg 2, 14-18; Mc 8, 27-35