Twenty-Fourth Sunday in Ordinary Time, Year A-2020

From Vincentian Encyclopedia
Seventy Times Seven: to Live Is to Forgive

Jesus fulfills the law and the prophets. That is why he corrects Peter and says that we have to forgive seventy times seven.

We say, “Three strikes and you are out,” though we hear, too, “One is enough, two is too much.” So, seven is not small. If it seems so, it is because we see it in the light of seventy times seven.

The truth is, seven, which shows up in the Bible more than 700 times, means fullness. But Jesus brings in the kingdom of God and his justice. And so, he turns down seven; he goes for seventy times seven.

So, he goes past what people take as fullness. He, of course, also goes past the justice of those who are most just in the eyes of men. And it cannot be any other way, for the new that he brings in asks for it.

Yes, to live in the new order means to forgive seventy times seven or seventy-seven times. But be it seventy times seven or seventy-seven times, it means the same. For the span of our life is seventy years or eighty, if we are strong (Ps 90, 10). Just the same, then, what we are told is to forgive as long as we live.

Those who do not forgive seventy times seven do not live.

So, to live is to forgive. That is to say, if we do not forgive, life is not worth it. If we do not forgive, our life would be as though handed over to the torturers.

In the first place, what torment and anguish we would go through were God not to forgive us, should he keep wrath always. But then it could not be that he would torment us. Nay, we would torment ourselves as we see how helpless we are. That is to say, with no hope of a stronger one to bail us out and raise us up to a new life.

In the second place, there is no bliss if we do not forgive, if we keep count of wrongs. To quote José Antonio Pagola: “A couple breaks up without mutual understanding; a family becomes hell without forgiveness. Society turns less than human if there is no compassion.”

No, Jesus does not want us to be less than human. And that is why he seeks to get rid of Lamech’s project. Of the line of Cain, he swears to take revenge seventy times seven (Gen 4, 24). But what he plans to do will not bring peace.

So, Jesus seeks the opposite as he works on the project of the kingdom of God. He lives to forgive to the end. For he gives his body up and sheds his blood for us so that sins may be forgiven. And his blood cries out louder than that of Abel and brings peace (Heb 12, 24; Eph 2, 14).

Lord Jesus, grant us to live and die for you, and to forgive seventy times seven. We will thus be of one heart and mind even more. For to forgive one another is to preserve union (SV.EN IX:87).


13 September 2020

24th Sunday in O.T. (A)

Sir 27, 30 – 28, 7; Rom 14, 7-9; Mt 18, 21-35


VERSIÓN ESPAÑOLA

Setenta veces siete: vivir es perdonar

Jesús da plenitud a la ley y los profetas. Es por eso que corrige él a Pedro y dice que hay que perdonar hasta setenta veces siete.

Nos basta con tres reincidencias para denegar el perdón, si bien oímos también no rara vez: «una y no más, santo Tomás». Así que siete no es mezquino. Si parece que lo es, se debe a que se ve a la luz de las setenta veces siete.

La verdad es que siete, que se cita en la biblia [más de 700 veces https://0201.nccdn.net/1_2/000/000/0fd/dc4/La-Biblia-y-sus-numeros.pdf], quiere decir plenitud. Pero Jesús inaugura el reino de Dios y su justicia. Por lo tanto, él no se conforma con siete; quiere setenta veces siete.

Jesús, pues, va más allá de lo que la gente considera pleno. Claro, él va más allá también de la justicia de los más justos a los ojos de la gente. Y no puede ser de otra forma, que lo nuevo que Jesús introduce lo exige.

Vivir en ese nuevo orden, sí, es disponernos a perdonar hasta setenta veces siete, o sesenta y siete veces. Pero sea setenta veces siete o setenta y siete, ¿qué más da? Pues nuestra vida dura setenta años, más o menos, o ochenta, si más robustos somos (Sal 90, 10). Así que, igual, se nos da a entender que hay que perdonar a lo largo de toda nuestra vida.

Los que no perdonan hasta setenta veces siete no viven.

Vivir, pues, es perdonar. Es decir, sin el perdón, la vida no se vale vivir. A no ser que perdonemos setenta veces siete, nos resultará la vida como entregada a los verdugos.

En primer lugar, qué tormentos y congojas pasaríamos si Dios no nos perdonara, si él guardara rencor perpetuo. Y no sería que nos atormentare él, sino que nos atormentáremos a nosotros mismos al vernos desvalidos. Es decir, sin esperanza alguna de que un poder superior nos sacara de apuros y nos resucitara a una nueva vida.

En segundo lugar, seremos muy infelices si no perdonamos, si llevamos cuentas del mal. Por citar a José Antonio Pagola: «Una pareja sin mutua comprensión se destruye; una familia sin perdón es un infierno. Una sociedad sin compasión es inhumana».

Humanos de verdad nos quiere, sí, Jesús. Y es por eso que pone fin al proyecto de Lamec. De la estirpe de Caín, jura él vengarse setenta veces siete (Gén 4, 24). Pero tal plan nunca trae paz.

Es por eso que Jesús busca lo contrario mientras trabaja en el proyecto del reino de Dios. Vive él el perdón hasta el fin. Pues entrega su cuerpo y derrama su sangre por nosotros para el perdón de los pecados. Y su sangre clama con más fuerza que la de Abel y trae paz (Heb 12, 24; Ef 2, 14).

Señor Jesús, concédenos vivir y morir para ti, y perdonar también setenta veces siete. Así seremos aún más de un solo pensar y sentir. Pues pedirnos perdón unos a otros es un medio excelente de unión (SV.ES IX:114).


13 Septiembre 2020

24º Domingo de T. O. (A)

Eclus 27, 30 – 28, 7; Rom 14, 7-9; Mt 18, 21-35