Twenty-First Sunday in Ordinary Time, Year C-2019

From Vincentian Encyclopedia
Narrowness to Go Through and Overcome

Jesus himself goes in through the narrow gate. His example gives us strength to go through and overcome all narrowness.

Someone asks Jesus, “Lord, will only a few people be saved?” The question, in other words, is whether there is wideness in God’s mercy or narrowness.

Jesus answers, yet he steers the conversation away from the question of number. Finding out how many will be saved may interest thinkers who delight in endless speculation about religious matters. But more profitable for salvation is finding out and taking the way that leads to eternal life.

So, Jesus challenges instead the one who asks and the others also. For he answers them, “Strive to enter through the narrow gate ….”

The narrowness of the gate surely hints at the hardship that repentance entails, which sends us back to Jesus’ Forerunner. People from all walks of life come out to receive John’s baptism and they ask what they should do.

John, then, warns those who take salvation for granted, because they are Abraham’s children, not to be too sure of themselves. And he urges the crowds to share what they have with the needy. He says, on the other hand, to the publicans and the soldiers to give up all greed and injustice. And emptying oneself in these ways is by no means easy.

Yes, it hurts —to recall last Sunday’s Gospel— to catch the fire that Jesus sets to rid us of sin. To love God, moreover, is to put forth great effort. For we are to love him “with the strength of our arms and the sweat of our brows” (SV.EN XI:32). No, loving God is not just a matter of having lofty godly thoughts or speaking sweetly and eloquently about God. After all, thoughts, feelings and talks of God must translate into practical love that reaches out to our neighbor also.

Narrowness needs overcoming also.

Besides being strong enough to undergo narrowness, we also need to overcome it. We have to get over the narrowness of mind, outlook or horizon that makes for self-righteousness, self-complacency, racism and nationalism. Or we may find ourselves cast out. Meanwhile, those we belittle and avoid recline at table in the kingdom of God.

Lord Jesus, make our sharing in your Supper an effective sign of our striving to go through and overcome narrowness. Strengthen us so that, with you, we too may go about doing good and so get to enter through the narrow gate.


25 August 2019

21st Sunday in O.T. (C)

Is 66, 18-21; Heb 12, 5-7. 11-13; Lk 13, 22-30


VERSIÓN ESPAÑOLA

Estrechez que hay que soportar y superar

Jesús mismo entra por la puerta estrecha. Su ejemplo nos da fuerza para soportar y superar toda estrechez.

Uno pregunta a Jesús: «Señor, ¿son pocos los que se salven?». Es decir, se pregunta si hay anchura o estrechez en la clemencia de Dios.

Contesta Jesús, pero aleja él la conversación de la cuestión de número. Averiguar cuántos se salvarán quizás les interese a los pensadores que encuentran deleitables las interminables especulaciones sobre asuntos religiosos. Pero sirve más para la salvación averiguar y seguir el camino que lleve a la vida eterna.

Así pues, Jesús desafía más bien al que pregunta y a los demás también. Pues les dice: «Esforzaos en entrar por la puerta estrecha … ».

La estrechez de la puerta alude seguramente a la dificultad que la conversión conlleva. Y esto nos remite al Precursor de Jesús. Personas de toda condición acuden a Juan para bautizarse y le preguntan qué deben hacer.

Juan les advierte, entonces, a los que dan por sentada su salvación, por ser ellos hijos de Abrahán, que no estén demasiado seguros de sí mismos. Y les exhorta a las gentes a compartir sus bienes con los necesitados. Por otra parte, les dice a los publicanos y a los soldados que renuncien a toda codicia e injusticia. Y tales maneras de hacer entrega de sí mismo no son fáciles de ninguna manera.

Sí, nos causa dolor, —por recordar el Evangelio del domingo pasado—, ser abrasado por el fuego que prende Jesús para eliminar en nosotros el pecado. Además, amar a Dios significa hacer esfuerzos. Pues hemos de amarle «a costa de nuestros brazos y con el sudor de nuestra frente» (SV.ES XI:733). Amar a Dios no es cuestión solo de tener pensamientos piadosos elevados o de hablar dulce y elocuentemente de Dios. Después de todo, los pensamientos, sentimientos y discursos sobre Dios deben llegar a ser amor práctico y solidario.

La estrechez se ha de superar también.

Además de ser bastante fuertes para soportar la estrechez, también tenemos que superarla. Necesitamos sobrepasar la estrechez de mente, miras o horizonte que lleva al fariseísmo, la autocomplacencia, al racismo y nacionalismo. O podremos vernos arrojados fuera, mientras se sienten a la mesa en el reino de Dios los que a quienes menospreciamos y evitamos.

Señor Jesús, haz que nuestra participación en tu Cena sea una señal efectiva de nuestros esfuerzos por soportar y superar toda estrechez. Fortalécenos para que, contigo, podamos pasar haciendo el bien y así poder entrar por la puerta estrecha.


25 Agosto 2019

21º Domingo de T.O. (C)

Is 66, 18-21; Heb 12, 5-7. 11-13; Lc 13, 22-30