Twenty-First Sunday in Ordinary Time, Year B-2021

From Vincentian Encyclopedia
Rise or Fall, Live or Die, Yes or No

Jesus comes down from heaven and dwells among us. He takes up our flesh of death to give us spirit and life. He wants us to rise.

The Jews were the ones who grumbled before when Jesus said, “I am the bread that came down from heaven.” Those who grumble now are disciples; it is hard for them to accept the Teacher’s words. One can guess that his words do not make them rise but lose heart.

But Jesus does not take back his word. He says they are spirit and life. He also repeats that no one can come to him if the Father does not grant it.

No doubt, Jesus’ words faze reason. How can someone from the earth come down from heaven? How can a carpenter give to others his flesh to eat?

These words trigger crisis, judgment, division, treason. For they are the words of the one who separates from one another those who fall and those who rise (Lk 2, 34-35). They are the words of God’s Word, which is alive, effective, and sharper than any two-edged sword (Heb 4, 12). It pierces between soul and spirit and divides them. It bares the thoughts of the heart.

And to be among those who rise, one cannot settle for reason. It is not enough; there is need for the heart that has its reasons that reason does not know. And to feel God by the heart, not by the reason, is what faith is about.

To rise due to faith

Faith is what those who fall lack. That is why they find shocking that Jesus says that he is the bread from heaven. He says too that that the food he gives is his flesh and blood. So, it will not be surprising if to see him go up where he was before will shock them even more. They do not believe when he speaks of things of the earth. It will be even harder for them to believe when he speaks of things of heaven (see Jn 3, 10-15).

Indeed, it is hard for us to understand that to obey to death on the cross means to rise. It is hard to accept that to die so is to receive the “Name-above-every-name.” To grasp the mystery that Jesus and his words are, we have to have faith. The flesh’s reason is of no use.

The Father will open the hearts of those whom he draws. By faith, they will get to enter into mystery. It will be plain to them that the cross does not reveal a vengeful god who is thirsty for blood. Rather, the cross makes known God who is Father; he teaches his children how to live life to the fullest.

He teaches us that to die is to live. It is not that the cross does not portray the havoc that greed, the lack of justice and of caring love, wreaks. But the cross speaks at the same time of the way to feed and cherish the flesh.

If we say yes to the cross, the flesh of death will become spirit that gives life. And if we hold the memorial of the cross, its face and words, not those of the wicked, will fill us (Ps 17, 15; 73, 10).

Lord Jesus, let us eat of your bread, and give us to drink. For there is nothing that can satisfy our hunger and quench our thirst. We who are weak and prone to fall will thus rise. And we will thus also see you, by the light of faith, in the poor (SV.EN XI:26).


22 August 2021

21st Sunday in O.T. (B)

Jos 22, 1-2a. 15-17. 18b; Eph 5, 21-32; Jn 6, 60-69


VERSIÓN ESPAÑOLA

Levantados o caídos, vivos o muertos, sí o no

Jesús baja del cielo y habita con nosotros. Toma para sí nuestra carne de muerte para darnos espíritu y vida. Nos quiere levantados.

Eran los judíos que mumuraron antes tras oír a Jesús decir: «Yo soy el pan bajado del cielo». Ahora los que murmuran son los discípulos; se les hace duro aceptar las palabras del Maestro. Y es de suponer que ellas los dejan decaídos más que levantados.

Pero no las retracta Jesús. Dice que son espíritu y vida. Y repite que nadie puede creer en él ni venir a él si el Padre no se lo concede.

No cabe duda de que las palabras de Jesús desconciertan la razón. ¿Cómo puede bajar del cielo uno que es de la tierra? ¿Cómo puede un carpintero dar a comer su carne a los demás?

Esas palabras provocan también crisis, juicio, división, traición. Es que son del que separa a los caídos y a los levantados, a unos de otros (Lc 2, 34-35). Son del que es la Palabra de Dios. La Palabra que es viva y eficaz, más tajante que espada de doble filo (Heb 4, 12). Penetra hasta el punto donde se dividen alma y espíritu, y juzga las intenciones del corazón.

Y para que se cuente entre los levantados, uno no se puede contentar con la razón. Ella no basta; hay necesidad del «corazón que tiene sus razones que la razón no conoce». Y en sentir a Dios por medio del corazón está la fe.

Levantados debido a la fe

Les falta la fe a los caídos. Es por eso que se escandalizan porque se llama Jesús el pan que ha bajado del cielo. Y dice él tambén que el alimento que da es su carne y sangre. No será una sorpresa, pues, que se escandalicen aún más cuando lo vean subir a donde estaba antes. No creen sus palabras sobre las cosas de la tierra. Por lo tanto, les resultará más duro aún creer sus palabras sobre las cosas del cielo (véase Jn 3, 10-15).

De verdad, se nos hace duro comprender que someterse a la muerte de cruz quiere decir estar entre los levantados. Nos cuesta aceptar que morir así es recibir el «Nombre-sobre-todo-nombre». Para captar el misterio que se encierra en Jesús y en sus palabras, hay que tener fe. La razón propia de la carne no sirve de nada.

A los que el Padre atrae, a ellos, sí, se les abrirán los corazones. Por la fe, lograrán entrar en el misterio. Les será patente que la cruz no revela a un dios vengativo y sediento de sangre. Al contrario, da a conocer la cruz a Dios Padre que enseña a sus hijos a vivir de modo pleno.

Se nos enseña que morir es vivir. Y no es que la cruz no retrate el estrago que hace la codicia, la falta de justicia y de amor solidario. Pero la cruz habla a la vez del modo de dar alimento y calor a la carne.

Si se dice sí a la cruz, la carne de muerte se hará espíritu de vida. Y si celebramos el memorial de la cruz, nos saciaremos de su faz (Sal 17, 15) y de sus palabras. No de las de los malvados (Sal 73, 10).

Señor Jesús, danos de tu pan, danos de beber, que no hay nada que nos sacie el hambre y la sed. Así los propensos a caer nos mantendremos levantados. Así también te veremos, con las luces de la fe, en los pobres (SV.ES XI:725).


22 Agosto 2021

21º Domingo de T.O. (B)

Jos 22, 1-2a. 15-17. 18b; Ef 5, 21-32; Jn 6, 60-69