Twenty-Fifth Sunday in Ordinary Time, Year C-2019

From Vincentian Encyclopedia
Serve God Alone and Not Money

Jesus shows us the way to serve God absolutely and not money ever. Do we Christians, and Vincentians besides, really learn from him?

Jesus does not love money. He is not all like those who sneer at him on hearing him say, “You cannot serve both God and wealth.” Although he is a teacher, he feels more at home with the poor than with those who seat on the chair of Moses.

In fact, Jesus himself is poor, coming from a lowly family (see F.J. Sáez de Maturana, S.C.). He is among those people in the country who “hardly get hold of bronze or copper coin, of little value.” Meanwhile, those with capital and the big landholders can accumulate gold and silver coins. That is how these assure themselves of well-being, looking out only for their interests

And Jesus is against such inequality. That is why he warns us that we cannot serve both God and wealth. Any more than a servant can serve two masters. In other words, we should worship God and serve him alone. We cannot allow any idol, in the form of wealth often, to take God’s place.

Jesus’ warning is his way of denouncing—as did the prophet Amos—the wealthy who amass wealth unjustly. It is, moreover, his way of speaking out against the well-off who, seeing a brother in need close their hearts to him (see also Amos 6, 4-7).

Jesus gives us an example to follow, so that we may worship God and serve him alone.

No, Jesus cannot bear what almost always happens in times of economic prosperity: the rich get richer, the poor poorer. For example, even while working in Herod Antipas’ big projects in Sepphoris and Tiberias, carpenters and stonemasons still live from hand to mouth.

So, Jesus, without attachment to possessions, having even nowhere to rest his head, freely proclaims God’s kingdom and righteousness. He puts nothing ahead of this kingdom and righteousness. He wholly loves God above all. Of course, Jesus loves his neighbor as himself, most especially those who are in the outskirts.

Undoubtedly, this is the Jesus that Vincent de Paul follows. He follows Jesus, so he surrenders himself to God, renounces himself and goes to serve the poor (SV.EN III:384). He learns from this Jesus also to be a clever and inventive child of light. For he uses wealth wisely for the glory of God and the welfare of the needy. Vincent is, then, the light of the world. His light so shines before others that they see his good works and glorify God.

Is Vincent’s Jesus our Jesus, too?

Lord Jesus, we receive from you the Eucharist because of your infinitely inventive love (SV.EN XI:131). Make us truly share in such love. You are our one Mediator before God. May we always worship and serve God alone through you and in union with the Holy Spirit.


22 September 2019

25th Sunday in O.T. (C)

Amos 8, 4-7; 1 Tim 2, 1-8; Lk 16, 1-13


27 September 2019 - Solemnity of St. Vincent de Paul



VERSIÓN ESPAÑOLA

Servir a Dios solo y no al dinero

Jesús nos enseña la forma de servir a Dios absolutamente y no jamás al dinero. ¿Aprendemos realmente de él los cristianos y, además, vicentinos?

Jesús no es amante del dinero. No es nada como aquellos que se burlan de él al oírlo decir: «No podéis servir a Dios y al dinero». Aunque maestro, se hace más solidario con los pobres que con los que se sientan en la cátedra de Moisés.

De hecho, Jesús mismo es pobre, procedente de una familia humilde (véase F.J. Sáez de Maturana, S.C.). Forma parte de las gentes de los campos, las que apenas pueden «[hacerse con alguna moneda de bronce o cobre, de escaso valor http://vincentians.com/es/25o-domingo-t-jose-antonio-pagola/]». Mientras tanto, los capitalistas y los terratenientes van acumulando monedas de oro y plata. Así se aseguran los ricos de su bienestar, encerrados en sus intereses.

Y se opone Jesús a tal desigualdad. Po eso, advierte que no podemos servir a Dios y al dinero. Así como no puede servir ningún siervo a dos señores. Es decir, a Dios solo debemos adorar y servir, y no a ningún ídolo, en forma de dinero con frecuencia.

La advertencia de Jesús es su manera de denunciar, —como lo hizo el profeta Amós—, a los ricos que amasan bienes injustamente. Es su forma además de protestar contra los acomodados que, viendo a un hermano en necesidad, mantienen cerrados sus corazones (véase también Amós 6, 4-7).

Jesús nos da ejemplo de cómo se debe adorar y servir a Dios.

No, no soporta Jesús lo que casi siempre pasa en tiempos de prosperidad económica: los ricos se hacen más ricos y los pobres más pobres. Por ejemplo, aun trabajando en los grandes proyectos de Herodes Antipas en Séforis y Tiberíades, los carpinteros y los artesanos siguen igual con su vida de subsistencia.

Por consiguiente, sin posesiones y sin tener siquiera donde reclinar la cabeza, Jesús proclama libremente el reino y la justicia de Dios. Antepone nada al reino y la justicia. Ama a Dios totalmente y sobre todo. Desde luego, ama al prójimo como a sí mismo, a los en las periferias especialmente.

Indudablemente, ese es el Jesús a quien sigue san Vicente de Paúl. Sigue él a Jesús, por eso se entrega a Dios y renuncia a sí mismo y va a servir a los pobres (SV.ES III:359). Aprende también de ese Jesús a ser hijo astuto e inventivo de la luz. Pues hace uso inteligente del dinero. Por eso, Vicente es la luz del mundo. Tanto brilla su luz delante de los hombres que ven ellos las buenas obras de él y glorifican a Dios.

¿Es nuestro también ese Jesús de Vicente?

Señor Jesús, recibimos tu Eucaristía debido a tu amor infinitamente inventivo (SV.ES XI:65). Haz que participemos de tu amor. Tú eres nuestro solo Mediador ante Dios. Que logremos siempre adorar y servir a Dios por ti y en la unidad del Espíritu Santo.


22 Septiembre 2019

25º Domingo de T.O. (C)

Amós 8, 4-7; 1 Tim 2, 1-8; Lc 16, 1-13


27 Septiembre 2019 - Solemnidad de san Vicente de Paúl