Twenty-Fifth Sunday in Ordinary Time, Year C-2016

From Vincentian Encyclopedia
Creative and wise search of the Kingdom

Jesus teaches us the creative and wise search first of the kingdom of God and his righteousness.

Undoubtedly, the children of this world look for the power and glory of all the kingdoms of the world very shrewdly and in a creative way. To verify this, one only needs consider Amos’ denunciations.

Oppressors buy the lowly for silver, perhaps blatantly, and the poor for a pair of sandals. But they surely do not lack the creative imagination of deceivers. That is why, to hide their wickedness, they sell wheat, but mixed with the refuse of the wheat, and they use prices, though ridiculous and artificial, and measures and scales, albeit false.

Or it is more helpful perhaps to point to the case of Wells Fargo. To add to its profits, it opened accounts for its customers without their permission.

And what can we say of real estate developers who pay little or no taxes because their creative mind urges them to take advantage of legal loopholes? Admittedly, they are not at the same level as those who get rich by employing cheap labor illegally. Worse still is the scammer who not only cheats workers of their wages but also threatens the undocumented among them with deportation.

There is no lack, of course, of Christians to whom the observation, “The children of this world are more prudent in dealing with their own generation than are the children of light,” does not apply.

These Christians understand that goods are means to something more important, as St. Vincent de Paul says (SV.EN XI:212-213, 223). Hence, they are responsible with their possessions. Instead of serving their possessions, they use them so that they may find welcome into the eternal dwellings. For them, possessions are insignificant in comparison to the kingdom that the Father gives them. So, they sell their possessions and give alms. They are trustworthy in very small matters and in great ones.

They recognize besides that to accomplish God’s works, they have to use the means he has revealed through Jesus (SV.EN II:432-433; SV.EN III:192). That is why they do not aspire to magnificent seat of power. They do not cry out, “My room, my books, my Mass!” (SV.EN XI:190). They are poor missionaries who go about doing good and they pray for everybody.

Indeed, there are many disciples who are more interested in extending the kingdom of God than their own possessions (SV.EN III:527). And the questions that one must pose now are: Are we among these people? Am I not like the steward who, noting delay in his master’s return, becomes abusive of his subordinates, eats and drinks, and gets drunk? When the Lord returns, will he find us vigilant, so that he may then have us recline at table and wait on us?

Lord Jesus, let not everything be burdensome to us, nor let us do things by halves (SV.EN III:222).


September 18, 2016

25th Sunday in O. T. (C)

Am 8, 4-7; 1 Tim 2, 1-8; Lk 16, 1-13


VERSIÓN ESPAÑOLA

Creativa y sabia búsqueda del Reino

Jesús nos enseña la creativa y sabia búsqueda sobre todo del reino de Dios y su justicia.

Indudablemente, los hijos de este mundo con mucha astucia y de manera muy creativa buscan el poder y la gloria de todos los reinos del mundo. Para verificarlo, solo necesita uno considerar las denuncias de Amós.

Los opresores compran por dinero al pobre, quizás patentemente, y al mísero por un par de sandalias. Pero no les falta seguramente la imaginación creativa de los engañadores. Es por eso que, para encumbrir sus maldades, venden trigo, pero mezclado con el salvado del trigo, y se sirven de precios, si bien ridículos y artificiales, y de medidas y balanzas, aunque falsas.

O quizás nos ayudará más si señalamos al caso del banco Wells Fargo. Para acrecentar sus ingresos, abrió éste cuentas bancarias para sus clientes sin la autorización de ellos.

Y, ¿qué se puede decir de los promotores inmobiliarios que pagan pocos o nada de impuestos, ya que su mente creativa les insta a aprovecharse de las lagunas jurídicas existentes? Hay que admitir que no están al mismo nivel que aquellos que se enriquecen sirviéndose ilegalmente de la mano de obra barata. Y, claro, peor aún es el estafador quien, además de no pagar debidamente a los trabajadores, los amenaza de deportación a los indocumentados entre ellos.

No faltan, desde luego, cristianos a los cuales no es aplicable la observación: «Ciertamente, los hijos de este mundo son más astutos con su gente que los hijos de la luz».

Esos cristianos comprenden que los bienes son medios, para otra cosa más importante, como dice san Vicente de Paúl (SV.ES XI:141, 151). Por tanto, son generosos con sus posesiones. En lugar de servir al dinero, se sirven de él para que se les reciba a ellos en las moradas eternas. Para ellos, las posesiones son insignificantes, comparadas con el reino que el Padre les da. Las venden, entonces, y dan limosna. Son de fiar en lo menudo y en lo importante.

Reconocen además que para realizar obras divinas, han de usar los medios que Dios ha revelado por Jesús (cf. SV.ES II:325; SV.ES III:170). Por eso, no aspiran al trono magnífico de poder. No claman: «¡Mi cuarto, mis libros, mi misa!» (SV.ES XI:120). Son misioneros pobres que pasan haciendo el bien y oran por todos.

Sí, son muchos los discípulos quienes tienen más interés en extender el reino de Dios que sus posesiones (SV.ES III:488-489). Y las preguntas que ahora se nos plantean son: ¿Nos contamos entre ellos? ¿Acaso no soy como el administrador que, tardando en llegar su amo, se abusa de sus subordinados, come, bebe y se emborracha? Cuando vuelva el Señor, ¿en vela nos encontrará, para que luego nos haga él sentar a la mesa y nos sirva?

Señor Jesús, que no nos resulte gravoso todo ni hagamos las cosas a medias (SV.ES XI:151)


18 de septiembre de 2016

25º Domingo de T.O. (C)

Am 8, 4-7; 1 Tim 2, 1-8; Lc 16, 1-13