Twenty-Eighth Sunday in Ordinary Time, Year C-2019

From Vincentian Encyclopedia
Thankful for Healing and Salvation

Jesus is the last revelation of divine salvation to Israel and the nations. It is right, then, that all show themselves thankful to him always and everywhere.

Nine of the ten lepers that Jesus has healed do not show that they are thankful. For only a Samaritan, who supposedly does not even belong to God’s chosen people, seeks out his healer to thank him.

The foreigner goes back, yes, praising God. He shows that he sees that Jesus’ healing power can only come from God. Jesus’ face is now for him the face of God. That is, he acknowledges that God has mercy on the needy in and through Jesus. He now believes, then, in Jesus. He takes him as God’s good news for the poor, for those who are suffering from diseases and illnesses.

That is why the Samaritan does not only praise God. He, moreover, falls at the feet of Jesus and tells him he is thankful. And Jesus, in turn, more than lives up to his faith. He lets the new believer know that he does not only heal but saves also. For he says to the humbly thankful, “Stand up and go; your faith has saved you.”

It is not the law that heals and saves, but faith in Jesus. Rightly, then, does the Samaritan put faith ahead of the law. Finding himself clean, he makes up his mind to go back to Jesus.

Presumably, the other nine cannot wait to see the priests who will certify them clean. They badly want to be allowed back into society. And because of their interested keeping of the law, they forget to be thankful.

And they may think, for all one knows, that they have a right to healing. They belong, after all, to a people God has made his own. Moreover, they do what the law prescribes. But haughty people with feelings of entitlement cannot be thankful.

One cannot be thankful without being poor.

Being thankful is a distinctive feature of the lowly (The Way of Vincent de Paul 59). Of those who have the true religion and sing with the mother of Jesus, “My soul proclaims the greatness of the Lord ….” These do not believe having a right to anything. For even after keeping all the commandments and working hard, they still see themselves as useless servants. And they do not care for what is theirs, crying out “My room, my books, my Mass” (SV.EN XI:190). They wear themselves out rather for others and look out for others’ interests, humbly regarding them as more important than themselves (Phil 2, 3-4).

Lord Jesus, make us true to the Eucharist and to the trustworthy saying of the Church. May our remembrance of your death and resurrection prod us to be thankful always and everywhere.


13 October 2019

28th Sunday in O.T. (C)

2 Kgs 5, 14-17; 2 Tim 2, 8-13; Lk 17, 11-19


VERSIÓN ESPAÑOLA

Agradecidos por la sanación y la salvación

Jesús es la revelación definitiva, a Israel y las naciones, de la salvación divina. Es justo, pues, que siempre y en todo lugar todos se muestren agradecidos a él.

No se muestran agradecidos nueve de los diez sanados. Pues solo un samaritano, que supuestamente no es del pueblo elegido siquiera, busca al sanador para darle gracias.

Se vuelve el extranjero, sí, alabando a Dios. Esto indica que él está convencido de que solo de Dios viene el poder sanador de Jesús. Ve ahora en el rostro de Jesús el rostro de Dios. Es decir, reconoce que, en Jesús y por él, Dios tiene compasión de los necesitados. Cree ya en Jesús. Lo toma por Buena Noticia de Dios para los pobres, para los con enfermedades y dolencias.

Por tanto, no solo alaba a Dios el samaritano. Pues se postra además a los pies de Jesús, rostro en tierra, y se muestra uno de los agradecidos que representan un diez por ciento solo de los sanados. Y Jesús a su vez responde más adecuadamente a las expectativas de fe. Lo deja al nuevo creyente saber que no es solo el Sanador sino el Salvador también. Pues le dice al que es uno de los humildes agradecidos: «Levántate, vete; tu fe te ha salvado».

Lo que sana y salva no es la ley, sino la fe en Jesús. Con razón, pues, el samaritano antepone la fe a la ley. Viéndose limpio, vuelve decididamente a Jesús.

Por supuesto tienen los nueve muchas ganas de presentarse a los sacerdotes que los certifiquen limpios. Desean muchísimo ser reintegrados a la sociedad. Debido a esa observancia interesada de la ley, se olvidan de mostrarse agradecidos.

Y no es del todo imposible que se sientan ellos con derecho a la sanación. Son, después de todo, del pueblo elegido de Dios. Además, cumplen con las prescripciones de la ley. Pero los arrogantes que se creen merecedores de todo beneficio no son capaces de estar agradecidos.

No podemos estar agradecidos sin ser pobres.

Estar agradecidos es propio de los pobres (Robert P. Maloney, C.M.), de los que guardan la verdadera religión y cantan con la madre de Jesus: «Proclama mi alma la grandeza del Señor …». No piensan ellos tener derecho a ninguna cosa. Pues aun guardando todos los mandamientos y trabajando duro, todavía se dicen siervos inútiles. No se encierran en sus intereses, clamando: «¡Mi cuarto, mis libros, mi misa!» (SV.ES XI:120). Se fatigan más bien por los demás y buscan los intereses de los demás, considerando siempre y humildemente superiores a los demás (Fil 2, 3-4).

Señor Jesús, haz que seamos fieles a la Eucaristía y a la palabra digna de crédito. Que la memoria de tu muerte y resurrección nos impulse a mostrarnos agradecidos a ti siempre y en todo lugar.


13 Octubre 2019

28º Domingo de T.O. (C)

2 Re 5, 14-17; 2 Tim 2, 8-13; Lc 17, 11-19