Twenty-Eighth Sunday in Ordinary Time, Year B-2018

From Vincentian Encyclopedia
Everything, Give Up Everything for Jesus’ Sake

Jesus proclaims the Good News of the Kingdom and helps all kinds of needy people. Those who give up everything to follow him will inherit the Kingdom and its assets and riches.

While Jesus is setting out on a journey, an unidentified man runs up to him. As it turns out, the man is one of those who have done everything according the law. In particular, he is someone whose love for God translates into effective love of the neighbor (see SV.EN XI:32). Yet he still wonders if following the law in everything is enough.

And Jesus does not put in doubt his observance of everything that the commandments ask. Rather, he lovingly looks at the one whose haste and gesture of respect and humility reflect sincerity. The man is clearly not testing him as did those who asked about divorce.

And so, the Teacher, who brings fulfillment to the law and the prophets, wants the man not to lack anything. Wishing him everything instead, Jesus invites him. He tells him to sell everything he has, and give to the poor, in order to have treasure in heaven. More importantly, Jesus adds, “Come, follow me,” for one enters the Kingdom through him, not through one’s poverty. It is true, of course, that wealth often becomes a hindrance.

No doubt, Jesus’ invitation shows how much and how truly he loves the man. And Jesus loves and invites us also.

The ball is now in our court. Are we ready to give up everything for the sake of Jesus and the Gospel?

Do we react as sadly as the man with an urgent question? Is there anything that we put ahead of Jesus? Is our greed, as members of the Church, for *wealth, power and control over others holding us back? Do we hurry to go to Jesus? Does he so excite us as the love of our youth does that we vow to be faithful to the end? To total surrender even to death in love, the total love that we recall at the Eucharist?

Needless to say, we have to ask ourselves hard and honest questions. We need to examine ourselves in the light of God’s living and effective Word. God’s Word is, moreover, the Wisdom at whose hands are countless riches. It is Jesus to whom we need to go if we are to find the treasure buried in the field. Or the pearl of great price. To have such treasure or pearl, one sells everything.

Lord Jesus, make possible for us to give up everything in order to inherit the Kingdom. Help us understand that we cannot better assure our eternal happiness than by living and dying in the service of the poor, in the arms of Providence, truly renouncing ourselves to follow you (SV.EN III:384).


14 October 2018

28th Sunday in O.T. (B)

Wis 7, 7-11; Heb 4, 12-13; Mk 10, 17-30


VERSIÓN ESPAÑOLA

Todo, dejarlo todo por causa de Jesús

Jesús proclama el Evangelio del Reino y asiste a los necesitados de toda clase. Herederán el Reino y sus bienes y riquezas quienes, dejándolo todo, sigan a Jesús.

Mientras se está poniendo en camino Jesús, un hombre no identificado se le acerca corriendo. Resulta que es uno de los que todo lo han hecho según los mandamientos. En particular, el amor a Dios del desconocido llega a ser amor efectivo para con el prójimo (véase SV.ES XI:733). Con todo, no se siente seguro de heredar la vida eterna.

Y no pone en duda Jesús la observancia, por parte del hombre, de todo lo que exigen los mandamientos. Lo mira, más bien, con cariño al que, por su prisa y su gesto de respeto y humildad, se manifiesta sincero. Claramente, el hombre no lo está poniendo a prueba, como hicieron aquellos que preguntaban del divorcio.

Así que el Maestro, quien da plenitud a la ley y los profetas, no quiere que algo le falte al hombre, sino que le desea lo mejor en todo. Por tanto, le hace una invitación. Le pide que venda todo lo que tiene, dé el dinero a los pobres, para que así tenga un tesoro en el cielo. Y, lo que más importa sobre todo, Jesús le dice además: «Y luego sígueme». Pues, se entra en el Reino por Jesús, no por la pobreza de uno. Pero, ciertamente, la riqueza se convierte con frecuencia en obstáculo.

Indudablemente, la invitación de Jesús revela que él ama mucho y verdaderamente al hombre. Y nos invita y nos ama Jesús también.

Ahora la decisión está en nuestras manos. ¿Estamos listos para dejarlo todo por Jesús y el Evangelio?

¿Reaccionamos nosotros con tristeza como el hombre con una pregunta urgente? ¿Acaso hay algo que anteponemos a Jesús? ¿Nos restringe nuestra codicia de dinero, de poder y dominio sobre los demás? ¿No nos hace esa codicia tracionar a la Iglesia? ¿Acudimos nosotros a Jesús con prisa? ¿Nos llena él de emoción como lo hace el amor de nuestra juventud, de modo que hagamos el voto de permanecer fiel hasta el fin? ¿Hasta someternos a la muerte por el amor, el amor total que se recuerda en la Eucaristía?

Está de más decir que tenemos que cuestionarnos a nosotros mismos dura y honestamente. Hemos de confrontarnos con la Palabra viva y eficaz de Dios. Esa Palabra es, además, la sabiduría, en cuyas manos hay riquezas incontables. A Jesus debemos acudir para que encontremos el tesoro escondido en el campo o la perla de gran valor. Para obtener tal tesoro o perla, uno vende todo lo que tiene.

Señor Jesús, haz posible que nosotros lo dejemos todo para que heredemos el Reino. Ayúdanos a comprender que no podemos asegurar mejor nuestra felicidad eterna que viviendo y muriendo en el servicio de los pobres, en los brazos de la Providencia y en una renuncia actual a nosotros mismos, para seguirte a ti (SV.ES III:359).


14 Octubre 2018

28º Domingo de T.O. (B)

Sab 7, 7-11; Heb 4, 12-13; Mc 10, 17-30