Twentieth Sunday in Ordinary Time, Year C-2019

From Vincentian Encyclopedia
Transform and Cleanse Society

Jesus, God’s Anointed One, baptizes with the Holy Spirit and fire. Our baptism commits us to his mission to transform society and cleanse it of sin.

Undoubtedly, Jesus seeks to transform society. He wants us, for instance, to share what we have with the needy and not look out only for ourselves. That is why he unmasks greed as foolish self-deception and self-absorption.

Jesus also wants us to transform ourselves so that we may no longer worry about our basic needs. For we are to seek instead God’s kingdom, with passion for God and compassion for those who suffer. We must wholly and whole-heartedly trust in God. And so trustful, we can then sell our belongings and give alms. In that way, we will also be storing up for ourselves treasures in heaven

These instances are partly what setting the earth on fire is. Jesus means, yes, to transform society. But in speaking of fire, he shows that he is looking to transform society radically.

Fire destroys and cleanses. So, Jesus comes to set the earth on fire to rid it of selfishness, lies, chaos, injustice. Then, the Holy Spirit can bring about the new creation (Ps 104, 30) and order, where love, truth and justice will reign.

But, needless to say, to transform society is not easy, for we can hardly do any good without conflict (SV.EN I:75). Not only can we easily ruffle some feathers. We may also meet opposition from the powerful who mistake their own interests and privileges for national security. Doing some good may even pit us, our closest relatives or friends against one other.

But fixing our gaze on the Sign of contradiction, we find courage to stand our ground. We cannot water down the Gospel. He wants us to be true to it, even when it means earning for ourselves great anguish and overwhelming trials. Even if it entails giving our bodies up and shedding our blood.

Lord Jesus, make us new and transform us into yourself by your Holy Spirit. Cleanse us from all sin.


18 August 2019

20th Sunday in O.T. (C)

Jer 38, 4-6. 8-10; Heb 12, 1-4; Lk 12, 49-53



VERSIÓN ESPAÑOLA'

Transformar y purificar la sociedad

Jesús, el Ungido de Dios, bautiza con Espíritu Santo y fuego. Nuestro bautismo nos compromete a la misión de transformar la sociedad y purificarla del pecado.

Indudablemente, Jesús busca transformar la sociedad. Por ejemplo, nos quiere compartiendo nuestros bienes con los necesitados y no encerrados en nosotros mismos. Por eso, desenmascara él la codicia como autoengaño y ensimismamiento insensato.

Quiere Jesús también que nos transformemos de tal modo que ya no andemos agobiados por nuestras necesidades básicas. Pues hemos de buscar más bien el reino de Dios con pasión por Dios y compasión por los que sufren. Debemos confiar en Dios total e incondicionalmente. Así lograremos vender nuestros bienes y dar limosna. De esta forma, acumularemos también tesoros celestiales.

A estos ejemplos se refiere en parte esto de prender fuego a la tierra. Desea, sí, Jesús transformar la sociedad. Pero al hablar del fuego, da él a entender que busca transfomar radicalmente la sociedad.

El fuego destruye y purifica. Así pues, viene Jesús a prender fuego a la tierra para eliminar en ella el egoísmo, la mentira, el desorden, la injusticia. Luego hará brotar el Espíritu Santo la nueva creación (Sal 104, 30) y el orden nuevo, en donde reinará el amor, la verdad, la justicia.

Pero de más está decir que no es fácil transformar la sociedad, pues difícilmente se puede hacer algún bien sin contrariedades (SV.ES I:143). No solo podemos molestar a alguien. Posiblemente provoquemos la oposición de parte de los que confunden sus propios intereses y privilegios con la seguridad nacional. El hacer el bien puede generar riñas y divisiones entre nosotros, nuestros más cercanos familiares y amigos.

Pero fijándonos en el Signo de contradicción, cobramos valor para mantenernos firmes. Se nos prohíbe diluir el Evangelio. Se nos pide que permanezcamos fieles, aun ganando para nosotros grandes angustias y pruebas abrumadoras. Incluso hasta entregar nosotros el cuerpo y derramar la sangre.

Señor Jesús, nos puedes renovar, transformar y purificar de todo pecado por el Espíritu Santo. Realiza todo esto en favor nuestro.


18 Agosto 2019

20º Domingo de T.O. (C)

Jer 38, 4-6. 8-10; Heb 12, 1-4; Lc 12, 49-53