Twelfth Sunday in Ordinary Time, Year B-2015

From Vincentian Encyclopedia
Whoever is in Christ is a new creation (2 Cor 5, 17)

Those who are truly new in Christ do not lose sleep even over life’s most violent storms. They put their trust in God.

Our needs and our wants make us worry. Those with meager means are terribly concerned about their basic needs. The wealthy, on the other hand, get anxious about how to accumulate and store more goods, so that they hardly get to fulfill their objective of resting, eating, drinking and being merry.

Jesus does not want us to worry so. What he wishes for us is a new life, different from that of the pagans who are so concerned about things they need to live. He gives us notice besides that one radical trait that should characterize us is the readiness to renounce security—in the form of occupation, profession, family, possessions—to work with him in advancing the Kingdom of God.

This Kingdom ought to be at the center of our concerns. And the Teacher guarantees that everything else will be given besides to those who seek first God’s kingdom and righteousness.

Nothing, then, should overly preoccupy those who believe in Jesus and his words, convinced that they will conquer overwhelmingly through him. They are infected by both his indefatigable zeal for the kingdom and his trust in Providence. Hence, like St. Paul, they do not get overwhelmed by any strait.

Nor does it matter to them that they are accused, as was Jesus, of blaspheming, of being gluttons and drunkards, friends of tax collectors and sinners, of not fasting or following doctrines and observing precepts, of being out of their minds and being insincere, of colluding with Beelzebub. What is important to them is to make sure, as St. Vincent de Paul advises, that they worry more about enlarging Jesus Christ’s empire than adding to their possessions, certain that, if they look after his affairs, he will see to theirs (SV.FR III:531-532).

In other words, true disciples are focused on seeing to it that it is seen and heard that the Kingdom of God is here. They do so by attending to the poor, announcing to them the Good News, loving as they are loved by the one who nourishes them with his body and blood.

And at the end of a day of hard work for the Gospel, they lie down in peace and fall asleep at once on the cushion of their conviction that the Lord alone gives them safety and makes grow what Paul has planted and Apollos has watered.

Lord of nature and history, grant that we work confidently with you in the building up of a more human and wholesome world.


VERSIÓN ESPAÑOLA

12º Domingo de Tiempo Ordinario B-2015

El que vive con Cristo es una nueva creatura (2 Cor 5, 17)

A los que se han hecho verdaderamente nuevos en Cristo no les quitan el sueño ni aun los más violentos huracanes de la vida. Tienen la confianza puesta en Dios.

Nos preocupan nuestras necesidades y nuestros deseos. Los que llevan una vida precaria se agobian por sus necesidades básicas. Los ricos, por su parte, se afanan echando cálculos sobre cómo acumular y almacenar más bienes, de modo que difícilmente logran realizar su propuesto de tumbarse, comer, beber y darse buena vida.

No así de preocupados nos quiere Jesús. Nos desea una vida nueva, diferente de la de los paganos que se preocupan por las cosas que necesitan para vivir. Advierte además que un rasgo radicalmente nuevo que debe caracterizarnos es la disposición a renunciar la seguridad—en forma de ocupación, profesión, familia, posesiones—para colaborar en adelantar el Reino de Dios.

Este Reino debe estar en el centro de nuestras preocupaciones. Y garantiza el Maestro que todo lo demás se les dará por añadidura a quienes busquen sobre todo el Reino y la justicia de Dios.

Por nada, pues, se agobian los que realmente creen en Jesús y en sus palabras, convencidos de que en todo vencerán por él. Les contagian tanto su celo infatigable por el Reino como su confianza total en la Providencia. Por eso, como san Pablo, no se dejan abrumar por ningún apuro.

Tampoco les importa que se les acuse a ellos, como a Jesús, de ser blasfemos, comilones y bebedores, amigos de publicanos y pecadores, de no ayunar ni seguir doctrinas ni guardar preceptos, de no estar en sus cabales ni ser sinceros, de coludir con Belcebú. Lo más importante para ellos es asegurar, como lo aconseja san Vicente de Paúl, que tengan más intereses en extender el imperio de Jesucristo que sus posesiones, ciertos de que si llevan sus negocios, él llevará los suyos (SV.ES III:488-489).

En otras palabras, los verdaderos discípulos se centran en procurar que se vea y se oiga que ya está aquí el Reino de Dios. Esto lo hacen, atendiéndoles a los pobres, anunciándoles la Buena Noticia, y amando como ama el que les alimenta con su cuerpo y sangre.

Y al terminar un día de duro trabajo por el Evangelio, se acuestan en paz y enseguida se duermen sobre un almohadón, su convicción de que solo Dios les da seguridad y hace crecer lo plantado por Pablo y regado por Apolos.

Señor de la naturaleza y de la historia, concédenos trabajar confiadamente contigo en la edificación de un mundo más humano y sano.