Trinity Sunday, Year C-2019

From Vincentian Encyclopedia
Mystery of God Hidden in Plain Sight

Jesus reveals that God, whom no one has ever seen, is love. Those without love, then, do not know God nor, much less, the mystery of the Most Holy Trinity.

Without doubt, Jesus is God’s last word to us human beings. He is the mystery of God and in him are hidden all the treasures of wisdom and knowledge (Col 2, 2-3).

Sadly, however, we do not readily understand Jesus’ teaching even when we are all for welcoming him. Nor do we know, for now and for what is coming, the breadth, length, height and depth of his word.

And besides being foolish and slow to believe, we also easily forget. There are times, too, when we cannot seem to bear Jesus’ word and his way of life. And so, we cleverly go skirting both and even distorting them (J.L. McKenzie).

Clearly, then, we need the Spirit of truth to show us the way to all truth and to everlasting life. To open our eyes to the mystery among us, which is Christ in us (Col 1, 27). Yes, the mystery is in plain sight; the word is near us, in our mouths and in our hearts. We but need the Holy Spirit to bring about our justification and salvation. For the Spirit empowers us to confess that Jesus is Lord and to believe that God raised him up.

Grasping the mystery, or making it grasp us, entails love.

“No one has ever seen God. The only Son, God, who is at the Father’s side, reveals him” (Jn 1, 18). And sent to the world so that we may have life through him, Jesus shows God’s love (Jn 3, 16; 1 Jn 4, 9). Again, “no one has ever seen God. Yet if we love one another, God remains in us …” (1 Jn 4, 13).

Loving one another, then, we human beings get to know God who is love. Our mutual love gives us an insight also into the mystery of love that the Most Holy Trinity is. And so, we can concretely pattern ourselves and our way of life after the Most Holy Trinity, the perfect community.

Lord Jesus, grant that we believers in you be of one heart and mind. Make us true to your teaching and your way of life, and to the breaking of the bread, the mystery of your inventive love (SV.EN XI:131). In that way, there will be no needy person among us and no one playing the master (SV.EN XI:313). Looking at others as more important than ourselves (Phil 2, 3), may we never think that God consecrated us to be served, but rather, to serve.


16 June 2019

Most Holy Trinity (C)

Prov 8, 22-31; Rom 5, 1-5; Jn 16, 12-15


VERSIÓN ESPAÑOLA

Misterio oculto de Dios a plena vista

Da a conocer Jesús que Dios, a quien nadie ha visto nunca, es amor. Quienes no aman, pues, no conocen a Dios, ni menos, el misterio de la Santísima Trinidad.

Indudablemente, Jesús es la última palabra de Dios dirigida a los hombres. Él es el misterio de Dios y en él están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento (Col 2, 2-3).

Lamentablemente, sin embargo, no nos resulta fácil comprender la enseñanza de Jesús dispuestos que estemos a acogerle. Y no logramos abarcar, ni para lo que nos pasa ahora ni para lo que nos está por venir, lo ancha, larga, alta y profunda que es su palabra.

Y además de ser necios y torpes para creer, también nos olvidamos fácilmente. Parece que a veces no podemos cargar tampoco con la palabra de Jesús ni con su manera de vida. Y, por tanto, las vamos eludiendo e incluso distorsionando (J.L. McKenzie).

Queda claro, pues, que tenemos necesidad del Espíritu de la verdad que nos guíe hasta la verdad plena y nos acompañe en el camino hacia la vida eterna. Le necesitamos para que nos abra los ojos para percibir el misterio entre nosotros, que es Cristo en nosotros (Col 1, 27). Sí, a plena vista se encuentra el misterio; cerca de nosotros está la palabra, en nuestra boca y en nuestro corazón. Solo necesitamos que el Espíritu Santo lleve a cabo nuestra justificación y nuestra salvación. Pues solo por el Espíritu podemos confesar que Jesús es Señor y creer que Dios le resucitó.

Captar el misterio, o dejarnos captar por él, supone el amor.

«A Dios nadie lo ha visto jamás: Dios unigénito, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer» (Jn 1, 18). Y enviado al mundo para que vivamos por medio de él, Jesús manifiesta el amor de Dios (Jn 3, 16; 1 Jn 4, 9). Una vez más, «a Dios nadie le ha visto nunca. Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros …» (1 Jn 4, 13).

Así que amándonos unos a otros, los hombres conseguimos conocer a Dios que es amor. El amor mutuo nos da también una visión de la Santísima Trinidad como misterio de amor. Por lo tanto, podemos de manera concreta configurarnos, y conformar nuestra manera de vida, a la Santísima Trinidad, la comunidad perfecta.

Señor Jesús, concédenos a los que creemos en ti tener un solo corazón y una sola alma. Haz que seamos fieles a tu enseñanza y a tu manera de vida, y a la fracción del pan, misterio de tu amor inventivo (SV.ES XI:65). Así no habrá ningún necesitado entre nosotros y nadie tendrá la pasión de ser el maestro (SV.ES XI:238). Considerando siempre superiores a los demás (Fil 2, 3), ojalá no se nos ocurra jamás pensar que somos consagrados para ser servidos, sino para servir.


16 Junio 2019

Santísima Trinidad (C)

Prov 8, 22-31; Rom 5, 1-5; Jn 16, 12-15