Trinity Sunday, Year B-2018

From Vincentian Encyclopedia
Trinity: God Who Is Father, Son, and Holy Spirit

Jesus reveals God as Father, Son, and Holy Spirit. Looking out for others’ interests, we also reveal the Most Holy Trinity.

No one has ever seen God. But his Son reveals him. Jesus does not of the word Trinity, of course, nor does any New Testament writer.

No, Jesus does not use Trinity. But he shows repeatedly that God is our Father who cares for us. He is kind, merciful, faithful and fair. The Father looks out for our interests. He saves us with strong hand and outstretched arm. And so, we can trust him wholly and cast our worries upon him.

And we learn from Jesus also that he is not just any other human being, though he is like us. In fact, he tells us:

All things have been handed over to me by my Father. No one knows the Son except the Father,
and no one knows the Father except the Son and anyone to whom the Son wishes to reveal him.

Undoubtedly, Jesus is the Son of God. And that is how he reveals himself, even after breathing his last on the cross, to the centurion. Jesus is truly divine. Those who see him, see the Father. He is the exact image of the invisible God. And though he is now beyond the reach of our bodily senses, he is still in our midst.

The Crucified and Risen is with us through the Holy Spirit. In Spirit and truth, then, the true believer says to him, “My Lord and my God!” This Spirit is the other Advocate that the Father sends at Jesus’ request. The one who enables us to bear hard Gospel teachings. Through him, too, we cry out, “Abba, Father!”

Without explicitly speaking of the Most Holy Trinity, Jesus discloses this mystery to us.

More important than our human words, inadequate and poor, is the reality we seek to describe. The doctrine, then, of the Trinity will be valuable to us if we let Jesus share with us his Trinitarian experience. And we show that we have a similar experience when we are merciful just as our Father is merciful.

Others will also see Jesus in us if we show understanding for them. And helping the needy in every way and having others help them likewise, we surely reflect Jesus (SV.EN XII:77).

Moreover, it becomes evident that the Spirit is our life-breath when we comfort the disheartened. When we are patient with those who seems to us to be slow of heart to believe.

Most Holy Trinity, do not let us look out only for our own interests. May we be willing to give our bodies up and shed our blood for others. In that way we will live up to our baptism in the name of the Father and of the Son and of the Holy Spirit.


27 May 2018

Most Holy Trinity (B)

Dt 4, 32-34. 39-40; Rom 8, 14-17; Mt 28, 16-20


VERSIÓN ESPAÑOLA

Trinidad: Dios Padre, Hijo, y Espíritu Santo

Jesús da a conocer a Dios como Padre, Hijo, y Espíritu Santo. Buscando los intereses de los demás, damos a conocer también a la Santísima Trinidad.

A Dios nadie lo ha visto jamás. Pero lo da a conocer su Hijo, sin servirse éste, claro, ni ningún escritor neotestamentario, de la palabra Trinidad.

No, Jesús no utiliza Trinidad. Pero enseña él repetidamente que Dios es nuestro Padre que cuida de nosotros. Es bondadoso, compasivo, fiel y justo. Busca él nuestros intereses. Nos salva con mano fuerte y brazo poderoso. Así que podemos confiar completamente en él y encomendarle nuestros afanes.

Y de Jesús aprendemos también que, aunque hecho semejante a los hombres, no es un hombre más. De hecho, nos dice él:

Todo me lo ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre,
y nadie conoce al Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.

Indudablemente, Jesús es Hijo de Dios. Y así se manifiesta, aun crucificado y muerto, al centurión. Jesús es realmente de condición divina. Quienes lo ven, ven al Padre. Jesús es imagen exacta de Dios invisible. Y aunque ya no está al alcance de los sentidos corporales, sigue poniéndose en medio de nosotros.

Por medio del Espíritu Santo, está con nosotros aún el Crucificado y Resucitado. En Espiritu y verdad, pues, le dice el verdadero creyente: «¡Señor mío y Dios mío!». Ese Espíritu es el otro Defensor que nos manda el Padre a petición de su Hijo Jesús. El que nos hace capaces de cargar con sus enseñanzas duras del Evangelio. Él también nos hace gritar: «¡Abba, Padre!».

Sin hablar expresamente de la Santísima Trinidad, Jesús nos comunica este misterio.

Más importante que nuestros vocablos humanos, inadecuados y pobres, es la realidad que pretendemos describir. Nos valdrá, pues, la doctrina de la Trinidad si dejamos a Jesús comunicarnos su experiencia trinitaria. Y nos manifestamos con semejante experiencia siendo compasivos nosotros como nuestro Padre es compasivo.

Los demás verán también a Jesús en nosostros si nos mostramos comprensivos para con ellos. Y asistiendo a los necesitados de todas la maneras y haciendo que otras personas los asistan asimismo, reflejamos seguramente a Jesús (SV.ES XI:393).

Queda patente además que nos alienta el Espíritu cuando confortamos a los descorazonados. Cuando somos pacientes con los que nos parecen torpes para creer.

Santísima Trinidad, no permitas que nos encerremos en nuestros intereses. Ojalá estemos dispuestos a entregar nuestro cuerpo y derramar nuestra sangre por los demás. Así seremos fieles a nuestro bautismo en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.


27 Mayo 2018

Santísima Trinidad (B)

Dt 4, 32-34. 39-40; Rom 8, 14-17; Mt 28, 16-20