Trinity Sunday, Year B-2015

From Vincentian Encyclopedia
In the name of the Father, and of the Son, and of the Holy Spirit (Mt 28, 19)

God’s overflowing love reaches us human beings so that may be, in the Son and by the working of the Holy Spirit, genuine images of the Creator.

God, who is love, has never been seen by any human. The one who reveals him is his only Son.

The Father sent his only Son, anointed with the Holy Spirit, “to bring glad tidings to the poor, to proclaim liberty to captives and recovery of sight to the blind, to let the oppressed go free, to proclaim a year acceptable to the Lord.” Through his preaching and healing ministry, Jesus shows how much our heavenly Father loves us.

The Sent One speaks to us about the God who is concerned about the disadvantaged, disenfranchised, excluded, marginalized, despised, persecuted, oppressed, exploited. This God is provident and gives good things, the Holy Spirit included, to those who ask him. He knows what we need before we ask him. He desires mercy, not sacrifice.

And the proof of the Teacher’s teachings is in his actions. Curing every disease and illness even in apparent violation of the Sabbath, feeding more than five thousand people, eating with publicans and sinners, Jesus reveals himself as the Father’s love made flesh. Finally, he gives his body up and sheds his blood for us, and thus gives witness to the God who loved the world so much that he gave his only Son to give believers eternal life.

Thus loves the one and incomparable God. He is not locked up in himself. God is sharing and communication of the Father, the Son and the Holy Spirit. He is sharing and communication with human beings. His love, far from stagnating, is poured out into our hearts through the Holy Spirit that has been given to us. In the person of Jesus, God humbled himself to share in our humanity and to communicate to us his divinity. He loved us first, hence we love.

Those truly infected with the love of the Sacred of Jesus and seen as “a people made one with the unity of the Father, the Son and the Holy Spirit” (LG 4), surely reflect their Creator. They believe in effect, if not explicitly, in the mysteries of the Most Holy Trinity and the Incarnation, and know and honor them. The faith in these mysteries and knowledge of them, says St. Vincent de Paul, following prominent theologians, are necessary means for salvation (SVP.FR I:121; X:336; XI:181. 382; XII:80). And missionaries are to honor in a very special way these ineffable mysteries (CRCM X, 2).

Glory to the Father, and to the Son, and to the Holy Spirit.


VERSIÓN ESPAÑOLA

Santísima Trinidad B-2015

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo (Mt 28, 19)

El amor desbordante de Dios nos alcanza a los hombres para que seamos, en el Hijo y por obra del Espíritu Santo, imágenes auténticas del Creador.

Dios, que es amor, jamás ha sido visto por ningún humano. Quien lo ha dado a conocer es el Hijo único.

El Padre envió a su Hijo, ungido con el Espíritu Santo, «para dar la Buena Noticia a los pobres, para anunciar a los cautivos la libertad, y a los ciegos, la vista, para dar libertad a los oprimidos, para anunciar el año de gracia del Señor». Por su ministerio de predicación y sanación, Jesús demuestra lo mucho que nos ama nuestro Padre celestial.

El Enviado nos habla del Dios que se preocupa por los desfavorecidos, desposeídos, excluidos, marginados, menospreciados, perseguidos, oprimidos, explotados. Este Dios es providente y da cosas buenas a quienes se las pidan, incluso el Espíritu Santo. Sabe lo que necesitamos antes de que se lo pidamos. Él quiere misericordia y no sacrificios.

Y las enseñanzas del Maestro quedan acreditadas por sus actuaciones. Sanando toda clase de enfermedades y dolencias, siquiera en aparente violación del sábado, alimentando a más de cinco mil personas, comiendo con públicanos y pecadores, Jesús se revela el amor encarnado del Padre. Finalmente, entrega su cuerpo y derrama su sangre por nosotros, y así da testimonio del Dios que tanto amó al mundo que entregó a su Hijo único para dar vida eterna a los creyentes.

Así ama el único e incomparable Dios. No está encerrado en sí mismo. Dios es compartición y comunicación del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Es compartición y comunicación con los hombres. Su amor, lejos de estancarse, se derrama sobre nosotros por el Espíritu Santo que se nos ha dado. En la persona de Jesús, Dios se humilló para compartir en nuestra humanidad y comunicarnos su divinidad. Nos amó primero, por eso, amamos.

Los realmente contagiados del amor del Sagrado Corazón de Jesús y manifestados como «un pueblo reunido en virtud de la unidad del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo» (LG 4), reflejan seguramente a su Creador. Creen efectivamente, si no explícitamente, en los misterios de la Santísima Trinidad y la Encarnación, y los conocen y honran. Según san Vicente de Paúl, siguiendo a teólogos ilustres, la fe en estos misterios y el conocimiento de ellos son medios necesarios para la salvación (SVP.ES I:181; IX:919; X:201; XI:104. 267. 387). Y los misioneros deben honrar de una manera especialísima estos inefables misterios (SVP.ES X:507).

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.