Thirty-Third Sunday in Ordinary Time, Year B-2021

From Vincentian Encyclopedia
Clouds by Day, and Fire by Night

Jesus, our Shepherd, leads us along the right path. He spreads clouds as cover and fire to light up the night. He wants us to hope, not to fear.

Today’s gospel speaks about signs in the sun, the moon and the stars. They show that the Son of Man will come soon in the clouds with great power and glory.

No doubt, these signs frighten and distress us. But for fear and anguish to take hold of us wholly will mean to fail to read correctly the signs (see GS 4). It will be not to know clouds at all. Or love, or life, with its joyful, luminous, sorrowful and glorious mysteries (Ecl 3, 1-12). For the signs point in the end to courage and hope, since Jesus will show up soon.

Yes, clouds suggest darkness, distress and despair (Ez 30, 3; Jl 2, 2; Zeph 1, 15). But if we look carefully, we will see a silver lining in the darkest cloud. In other words, there are blessings in disguise; God writes straight with crooked lines; see also).

In fact, God uses clouds, darkness, to shield those who are his own (Ex 13, 21; Ps 105, 39; Mt 2, 14). And to show his glory and power (Ex 16, 10; Job 37 and 37). These and other manifestations or theophanies lead the Israelites, in awe and trembling, to worship God (Ex 19, 9. 16).

And if the clouds of distress are due to our unfaithfulness, then we should call to mind God’s faithfulness. It reaches to the clouds (Ps 36, 6), though our love quickly fades as the morning cloud (Hos 6, 4).

Like the rain clouds

So, even in darkness shine rays of light and hope. And it is our duty as followers of Jesus Christ to be such rays. For, though we know darkness or night, we are not of it, but of the light, of the day (1 Thes 5, 5).

Ours, then, is the calling to be wise and just. In that way, we shall shine brightly like the heavens and like the stars forever. And our mercy will be like the clouds that bring the spring rain (Prov 16, 15; Sir 35, 26). Also, like the bow in the clouds, we will be signs of the covenant of mercy (Gen 9, 13). Like the clouds, besides, we shall obey and bless God and spread his words (Dn 3, 73; Bar 6, 61).

And all this means to live like Jesus Christ, so as to die like him (SV.EN I:276) and go up to heaven in a cloud (Rev 11, 12). Of course, to die like him implies to give up the body and shed blood for others. To share in the one sacrifice he offers for all time, since only his worship and his priesthood matter.

Lord Jesus, your mother stands near the cross. Through her prayers, let us look at you on the cross closely, long and lovingly. Give us strength, hope and courage when we see dark clouds.


14 November 2021

33rd Sunday in O.T. (B)

Dn 12, 1-3; Heb 10, 11-14. 18; Mk 13, 24-32


'VERSIÓN ESPAÑOLA'

Nubes de día, y fuego de noche

Jesús, nuestro Pastor, nos guía por la senda justa. Tiende él nubes que nos cubran y fuego que alumbre la noche. Esperamos, por lo tanto, más que tememos.

El evangelio de hoy nos habla de los signos en el sol, la luna y las estrellas. Dan a conocer ellos que pronto el Hijo del Hombre vendrá en las nubes con gran poder y gloria.

No cabe duda de que nos espantan y acongojan esos signos. Pero dejarnos apoderar por el espanto y la ansia querrá decir no leer con acierto los signos (véase GS 4). No conocer las nubes en absoluto. Ni el amor ni la vida, con sus misterios gozosos, luminosos, dolorosos y gloriosos (Ecl 3, 1-12). Es que los signos apuntan por último al valor y la esperanza, pues pronto se manifestará Jesús.

Las nubes, sí, quieren decir tinieblas, miserias y desesperaciones (Ez 30, 3; Jl 2, 2; Sof 1, 15). Pero, si miramos con cuidado, veremos en el borde aun de la nube más oscura una luz plateada. En otras palabras, no hay mal que por bien no venga; Dios escribe recto con renglones torcidos; véase también).

De hecho, se sirve Dios de las nubes, la oscuridad, para proteger a los suyos (Éx 13, 21; Sal 105, 39; Mt 2, 14). Y para manifestar su gloria y su poder (Éx 16, 10; Job 37 y 37). Esas y otras manifestaciones o teofanías llevan a los israelitas a dar culto a Dios, fascinados y temblorosos (Éx 19, 9. 16).

Y si las nubes de miserias las causa nuestra infidelidad, entonces nos hemos de acordar de la fidelidad de Dios. Ella llega hasta las nubes (Sal 36, 6). Pese a que nuestro amor es tan desvanecedor cual la nube de la mañana (Os 6, 4).

Al igual que las nubes de lluvia

Así que aun en las tinieblas brillan, sí, rayos de luz y esperanza. Y nos toca a los seguidores y seguidoras de Jesús ser tales rayos. Es que, aunque las tinieblas y las noches forman parte de nuestra vida, no somos de ellas, sino de la luz y del día (1 Tes 5, 5).

Se nos llama, por lo tanto, a ser sabios y justos. Así brillaremos como el fulgor del cielo y luciremos como las estrellas para siempre. Y será nuestra misericordia como nubes de lluvia (Prov 16, 15; Eclo 35, 26). También cual arco entre las nubes, serviremos de señal de la alianza de misericordia (Gén 9, 13). Cual las nubes, además, obedeceremos y bendiciremos a Dios, y difundiremos sus palabras (Dn 3, 73; Bar 6, 61).

Y todo eso quiere decir vivir como Jesucristo para morir como él (SV.ES I:320) y subir al cielo en una nube (Apoc 11, 12). Morir como él, claro, supone entregar el cuerpo y derramar la sangre por los demás. Participar en el solo sacrificio que ofrece él para siempre, que solo su culto y su sacerdocio cuentan.

Señor Jesús, junto a la cruz está tu madre. Por su intercesión, concédenos contemplarte en la cruz de cerca. Haz que cobremos fuerza, esperanza y ánimo cuando haya nubes oscuras.


14 Noviembre 2021

33º Domingo de T.O. (B)

Dn 12, 1-3; Heb 10, 11-14. 18; Mc 13, 24-32