Thirty-Second Sunday in Ordinary Time, Year A-2017

From Vincentian Encyclopedia
Ready, holding lamps that are burning

Jesus is the bridegroom whom we await. We will enter with him into the wedding feast, if with wisdom we stay awake and are ready, with our lamps burning.

Jesus informs us that we really do not know the day or the hour of his coming. He can come any day, even at an hour we least expect. That is because God’s good time does not necessarily match our expectations. In view of this, then, we need to stay awake and be ready.

And we have to be awake and ready even if it seems there is delay in the Lord’s coming. That is to say, we cannot slack off.

First, we cannot be like the foolish virgins. It is not enough to be ready for a short wait only. This means we should not work ourselves to death. And St. Vincent de Paul warns us precisely about the danger “indiscreet zeal” poses to our salvation (CRCM XII:11).

After all, indiscreet zeal masks self-love. Those who are indiscreet in this way refuse to recognize their limitations and believe they are the only ones that matter. They rely more on themselves than on God, more on their works than on grace.

And when they fail, they hopelessly lose heart. They, then, experience feelings of exhaustion and burn-out (Robert P. Maloney, The Way of Vincent de Paul). So, they are no longer ready to listen or to work. They lack the oil to keep their lamps burning. And little by little inattentiveness, laziness, the other extreme that is the opposite of genuine zeal, takes over. Mindfulness of others, says St. Charles Borromeo, does not mean forgetfulness of ourselves.

Secondly, it is not right either to do as the servant who thinks there is delay in his master’s coming. Right away this servant begins to beat the menservants and maidservants, and to live it up, eating, drinking, getting drunk.

Those who do the opposite of what the fools and the unfaithful servant do are ready, with their lamps burning.

Today’s gospel does not concretize what keeping our lamps burning means. But the meaning will become clear these next two Sundays. Suffice it to say that Jesus will not open the door for those who are lazy. They are not faithful to the talents they receive. And they will stay outside, too—and Jesus will not recognize them, moreover—those who abuse others and disregard the needy.

Lord Jesus, make us assist the poor and thus be true to the celebration of the Eucharist. It is you we await: help us to be ready, with our lamps burning. Grant that we may always be with you.


12 November 2017

32nd Sunday in O.T. (A)

Wis 6, 12-16; 1 Thes 4, 13-18; Mt 25, 1-13


VERSIÓN ESPAÑOLA

Listos, con las lámparas encendidas

Jesús es el esposo a quien esperamos. Entraremos con él al banquete nupcial, si con sabiduría velamos y estamos listos, teniendo encendidas nuestras lámparas.

Nos da a conocer Jesús que no sabemos realmente el día ni la hora de su venida. Él puede llegar cualquier día e incluso a la hora que menos pensemos. Es que el tiempo marcado por el Padre no necesariamente coincide con nuestras expectativas. Dándonos cuenta de esto, tenemos que estar velando, pues, y listos.

Y en vela y listos debemos estar aunque, al parecer, esté tardando el Señor. Es decir, no podemos cejar en nuestra vigilancia.

En primer lugar, no podemos ser como las doncellas necias. No nos basta con estar listos solo para una corta espera. Esto quiere decir que no debemos vivir deprisa. Y san Vicente de Paúl nos advierte precisamente del peligro que este «celo indiscreto» representa para nuestra salvación (RCCM XII:11).

Después de todo, el celo indiscreto oculta el amor propio. Los así de indiscretos rehúsan reconocer sus limitaciones y se creen los únicos que cuentan. Se fían más de sí mismos que de Dios, más de sus obras que de la gracia.

Y cuando fracasan ellos, se desalientan sin remedio. Luego se sienten totalmente agotados, extinguidos (Robert P. Maloney), ya no listos para escuchar ni para trabajar. Les falta aceite para mantener encendidas sus lámparas. Y poco a poco se va apoderando de ellos el desinterés, la pereza, el otro extremo opuesto al celo auténtico. Acordarnos de los demás, dice san Carlos Borromeo, no significa olvidarnos de nosotros mismos.

En segundo lugar, no nos conviene tampoco imitar al empleado que piensa que su amo tarda en llegar. Enseguida ese empleado empieza a pegarles a los criados y a las criadas, y darse buena vida, comiendo, bebiendo, emborrachándose.

Quienes hacen lo contrario de lo que hacen los necios y el empleado infiel están listos, con las lámparas encendidas.

No se nos concreta en el evangelio de hoy qué quiere decir tener encendidas las lámparas. Pero quedará claro el significado en los dos domingos próximos. Basta con mencionar que se les cerrará la puerta del Reino a los holgazanes, los infieles a los talentos recibidos. Y permanecerán fuera también, y además desconocidos, los que maltratan a los demás y no hacen caso de los necesitados.

Señor Jesús, haznos asistir a los pobres y así ser fieles a la celebración de la Eucaristía. A ti te esperamos: ayúdanos a estar listos, con las lámparas encendidas. Concédenos entrar en tu reino y estar siempre contigo.


12 Noviembre 2017

32º Domingo de T.O. (A)

Sab 6, 12-16; 1 Tes 4, 13-18; Mt 25, 1-13