Thirty-Fourth Sunday in Ordinary Time: Solemnity of Christ the King, Year A-2020

From Vincentian Encyclopedia
Judge the Blessed and the Accursed

Christ the King is not one to judge by the way we look. And on the last day, his teachings, by words and deeds, will be our judge.

The Church has been urging us, for two Sundays now, to watch and be ready for the coming of Jesus in glory. And today the teaching is that his coming spells the last judgment. For the one we wait and get ready for will judge all nations.

To judge belongs to Jesus, the Son of Man. That is to say, he will place us on one side or on the other. He is like the shepherd who places the sheep on his right and the goats on his left.

And we are from all nations. But what country one comes from, or what is one’s religion, this does not matter to our Judge. Before our King, there is no slave or free, no male or female, no lay or clergy, no schooled or unschooled. That is because he deems that all that counts is this: being merciful or not.

Jesus is mercy in person; he embodies his teaching, “Be merciful as your Father is merciful.” So then, he shows that he is the Anointed and Sent One of God to bring the Good News to the poor.

Hence, true to his anointing and mission, he goes around towns and villages to teach and to proclaim the Good News. To cure diseases and illnesses among the people. To welcome those that the world does not fail to judge as throwable and to push to the outskirts.

So, Jesus goes to the outskirts to meet with the helpless. He wants a culture of encounter and fellowship of love; he is one with all the wretched people of the world.

Jesus’ teachings by words and deeds will judge us on the last day (Jn 12, 48).

That is who Jesus is. That is why those who do not feel for those in need and distress cannot dwell with him. These are not even human and are worse than beasts (SV.EN XII:222). His words and deeds will become for them a consuming fire from which they will run away. They will flee from him, yes, to follow what has always been their way of selfishness that leads to eternal curse.

They are blessed, on the other hand, those who live and die in the service of those in need (SV.EN III:384). In the arms of Providence, and with real renouncement of themselves to follow Jesus Christ. They assure, yes, their eternal happiness; in Christ they shall all be brought to life. Surely, they will be among those to whom the King will say, “Come, you who are blessed by my Father” (SV.EN IX:200).

Lord Jesus, may we never judge the least of your brothers and sisters. Rather, may we see you in them. With your Mother, may we be signs of the great things the Almighty does for them. Grant us, who proclaim your death at your Supper to be ready for your coming. We will thus be one with you and them in your kingdom.


22 November 2020

34th Sunday in O.T. (A) – Jesus Christ King of the Universe

Ez 34, 11-12. 15-17; 1 Cor 15, 20-26. 28; Mt 25, 31-46


VERSIÓN ESPAÑOLA

Juzgar a los benditos y a los malditos

No es el proceder de Cristo Rey juzgar según las apariencias. Y en el día final, son sus enseñanzas de palabra y de obra que nos van a juzgar.

Desde hace dos domingo se nos exhorta a velar y a estar listos para la venida de Jesús en su gloria. Y hoy se nos concreta que esa venida quiere decir el juicio final. Pues el que a quien esperamos, y para cuya venida en gloria nos preparamos, va a juzgar a todas las naciones.

Le toca a Jesús, el Hijo del Hombre, juzgar a los hombres. Es decir, nos pondrá en un lado o en el otro. Él es como el pastor que pone las ovejas a su derecha y las cabras a su izquierda.

Y somos de todas las naciones. Pero de qué país viene uno, o cuál es la religión de uno, nada de esto sirve de base para juzgar. Ni hay, ante nuestro Rey, ni esclavo ni libre, ni varón ni mujer, ni lego ni clérigo, ni sabio ni ignorante. Es que cuenta él que esto es todo para juzgar: ser nosotros compasivos o no compasivos.

Jesús es la compasión en persona; encarna él su enseñanza: «Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo». Así pues, se presenta él como el Ungido y Enviado de Dios para anunciar la Buena Nueva a los pobres.

Por lo tanto, fiel a esa unción y misión, recorre él pueblos y aldeas para enseñar y proclamar la Buena Nueva. Para curar las enfermedades y dolencias del pueblo. Para acoger a los que el mundo no deja de juzgar por desechables y de empujar a las periferias.

A las periferias va, pues, Jesús para encontrarse allí con los desvalidos. Allí promueve él «una cultura de encuentro» y el amor solidario; se identifica con todos los desgraciados del mundo.

Las enseñanzas de palabra y de obra por parte de Jesús nos van a juzgar en el día final (Jn 12, 48).

Así es Jesús. Y es por eso que no pueden habitar con él los que no tienen compasión. Éstos carecen incluso de humanidad y son peores que las bestias (SV.ES XI:561). Y las palabras y las obras de Jesús les resultarán a los sin compasión como fuego devorador del que huirán. Se apartarán, sí, de él para que sigan su camino de egoísmo de siempre que llevará a la maldición eterna.

En cambio, serán benditos los que viven y mueren en el servicio de los pobres (SV.ES III:359). En los brazos de la Providencia y en una renuncia actual a sí mismos, para seguir a Jesucristo. Aseguran ellos, sí, su felicidad eterna; en Cristo serán vivificados. No hay duda de que se contarán entre los que oirán al Rey decirles: «Venid vosotros, benditos de mi Padre» (SV.ES IX:241).

Señor Jesús, haz que, en lugar de juzgar a tus más pequeños hermanos y hermanas, te reconozcamos a ti en ellos. Que, junto con tu Madre, seamos señales de las grandes obras que el Poderoso hace por ellos. Y concédenos a los que en tu Cena proclamamos tu muerte estar listos para tu venida. Así nos uniremos a ti y a ellos en tu reino.


22 Noviembre 2020

34º Domingo de T. O. (A) – Jesucristo Rey del Universo

Ez 34, 11-12. 15-17; 1 Cor 15, 20-26. 28; Mt 25, 31-46