Thirty-Fourth Sunday in Ordinary Time, Year B-2018 - Jesus Christ, King of the Universe

From Vincentian Encyclopedia
Kingship That Jesus Christ Wishes for All of Us

Jesus Christ is King. But his kingship, the one he wants to share with us, is not just like any other. For it does not come from this world.

Those who make up the Sanhedrin bring Jesus before Pilate. One of the charges they bring against Jesus is that he keeps saying he is the Messiah, Christ, the King (Lk 23, 2). And the crowd that that they stir up sides with them. It seems, then, that all of them question his messianic kingship.

Pilate, however, does not take seriously the accusation against Jesus. He repeatedly says that he finds no guilt in him. He asks him, yes, “Are you the king of the Jews?” But he does not really care for the truth. After all, he will betray it by handing Jesus over to the chief priests so that they may crucify him.

The truth, then, that Jesus is not guilty does not matter to Pilate. What matter to him are his interests and advancements. It frightens him to think that he could lose power. Indeed, just like the chief priests, he has no king but Caesar. Pilate serves Power and the Wealth it hoards through lies, violence, oppression and exploitation of even the most helpless.

So then, no one among those who have a part in Jesus’ trial believes in his kingship. But do we, who call ourselves Christians, really believe in Christ the King?

The kingdom, the kingship, of Jesus is not of this world.

Are we sure that we do not conform to this world? Kings and rulers of the Gentiles lord it over them. And their great ones see to it that people know who exactly have power and wealth. Is this really not so among us? Have we not perhaps made our own the ways of the Roman Empire?

Jesus wants us to understand and accept the truth that to share in his kingship is not to be served. Rather, it is to serve and to lay down our life for others. The greatness of Christian kingship lies in humble service; being first as Christ the King is being the slave of all.

And this world experiences here and now Christ’s kingship as we help the poor. As we give commit ourselves to them, our “masters” and “kings” (SV.EN X:489), loving them, as Jesus loves us. To the end and with an infinitely inventive love that assures us of his real presence among us (SV.EN XI:131), the presence of his indestructible kingship. Doing so, we also, like the faithful Witness, like Mary, too, and St. Catherine Labouré, witness before the world to the truth.

Lord Jesus, through baptism we share in your kingship. Grant that we may live up to whatever is noble, true, just, good and lovely.


25 November 2018

34th Sunday in O.T. (B) – Jesus Christ, King of the Universe

Dan 7, 13-14; Rev 1, 5-8; Jn 18, 33b-37


VERSIÓN ESPAÑOLA

Realeza que desea Jesucristo para todos nosotros

Jesucristo es Rey. Pero su realeza, la que quiere compartir con nosotros, no es una cualquiera. Pues ella no procede de este mundo.

Los del sanedrín llevan a Jesús a presencia de Pilato. En parte, acusan a Jesús de andar diciéndose el Mesías Rey (Lc 23, 2), es decir, Cristo Rey. Y se pone de lado de ellos la muchedumbre, a la que soliviantan para que pida la muerte del acusado. Así pues, todos ellos ponen en duda, por lo visto, la realeza mesiánica de Jesús.

Pilato, sin embargo, no toma en serio la acusación contra Jesús. Dice repetidamente que no encuentra en él ninguna culpa. Le pregunta, sí: «¿Eres tú el rey de los judíos?», pero no le interesa realmente la verdad. Después de todo, la renegará, entregándole a Jesús a los sumos sacerdotes, para que lo crucifiquen.

La verdad, pues, de que no es culpable Jesús, ésta no le importa a Pilato. Le importan solo sus intereses y ascensos. Le da miedo pensar en que posiblemente pierda el poder. De verdad, al igual que los sumos sacerdotes, no tiene más rey que al César. Pilato es siervo del Poder y del Dinero que se acapara por medio de mentiras, violencia, opresión y explotación incluso de los más indefensos.

Así que nadie de los que toman parte en el juicio de Jesús cree en su realeza. Y nosotros que nos decimos cristianos, ¿qué? ¿Creemos realmente en Cristo Rey?

El reino, la realeza, de Jesús no es de este mundo.

¿Seguros estamos nosotros de que no nos ajustamos a este mundo? Los reyes y jefes de los gentiles tiranizan a sus súbditos y los oprimen los grandes. ¿No es así realmente entre nosotros? ¿Acaso no hemos hecho nuestra la forma de comportar propia del imperio romano?

Quiere Jesús que entendamos y aceptemos la verdad de que participar de su realeza no es ser servido. Es, más bien, servir y entregar nuestra vida por los demás. La grandeza propia de la realeza cristiana está en la servidumbre humilde; ser primero como Cristo Rey es ser esclavo de todos.

Y este mundo tiene experiencia aquí y ahora de la realeza de Cristo mientras asistimos a los pobres. Mientras nos comprometemos con nuestros «amos» y «reyes» (SV.ES IX:1137), amándolos como nos ama Jesús. Hasta el extremo y con amor infinitamente inventivo que nos asegura de su presencia real entre nosotros (SV.ES XI:65), de la presencia de su realeza que no acabará. Haciendo esto, somos además, como el Testigo fiel, y como María también y santa Catalina Labouré, testigos de la verdad en este mundo.

Señor Jesús, por el bautismo participamos de tu realeza. Haz que vivamos todo lo que es noble, verdadero, justo, bueno y amable.


25 Noviembre 2018

34º Domingo de T.O. (B) – Jesucristo, Rey del Universo

Dan 7, 13-14; Apoc 1, 5-8; Jn 18, 33b-37