Thirty-Fourth Sunday in Ordinary Time, Solemnity of Christ the King, Year C-2016

From Vincentian Encyclopedia
King unlike all other kings undoubtedly

Jesus is King! How do we react to this proclamation?

As an assembly, the elders of the people, the chief priests and the scribes bring Jesus before Pilate. After hearing the charges, the Roman prefect asks Jesus if he is the king of the Jews. Jesus answers him, “You say so.”

The answer seems to suggest that Jesus does not at all feel comfortable with the title of king. He considers himself the evangelizer of the poor. He also explicitly calls himself the good shepherd who lays down his life for the sheep. In addition, he clearly introduces himself as one who serves. Yet with regards to being a king, he does not claim it for himself.

True, in the Gospel of John, Jesus leaves no room for doubt that he is king. But he is quick to add almost right away that his kingdom is not worldly. Hence, though he admits he is the messianic king in David’s line, he makes clear, nevertheless, that he is not just like any other king. He is not a potentate; he comes to us meek and riding on an ass. And here lies the key to our taking the correct stance before Christ.

Unless we break the worldly mold, we will never point him out rightly. We will end up sneering at him. We will take him for an impostor claiming to be the Son of God and the king of the Jews.

On the other hand, if we go beyond worldly expectations, we will take the cue from angel Gabriel’s announcement. We will recognize the kingship of the one born of the Virgin Mary. In imitation of the magi from the east, we will kneel in worship before him. Moreover, as trusting as the believing criminal, we will plead with Jesus to welcome us someday to his kingdom.

And we cannot assure better our being welcomed than by following Jesus to the end in serving the poor (SV.EN III:384).

The Son of Man, with all the nations before him, either welcomes us or rejects us. His decision depends on how we treat the least of his brothers and sisters. He takes it personally when we help or not help the poor.

And he will make them share in his inheritance, those whose faith is so great they see his royalty on the cross. Those who feed the hungry, discerning the real and royal presence of Jesus in the poor, will likewise take part in the heavenly banquet.

Lord Jesus, give us eyes and a heart directed to the poor. May we contemplate your kingship in them, do you homage in them, and one day be united with you and them in your kingdom.


20 November 2016

34th Sunday O.T. – Jesus Christ, King of the Universe (C)

2 Sam 5, 1-3; Col 1, 12-20; Lk 23, 35-43


VERSIÓN ESPAÑOLA

Rey como ningún otro rey indudablemente

¡Jesús es Rey! ¿Cómo reaccionamos ante esta proclamación?

Los ancianos del pueblo, los sumos sacerdotes, los escribas todos a una llevan a Jesús en presencia de Pilato. Luego de oír las acusaciones, el prefecto romano pregunta a Jesús si es el rey de los judíos. Le contesta Jesús: «Tú lo dices».

La respuesta parece indicar que Jesús no se siente del todo cómodo con el título de rey. Se considera como quien evangeliza a los pobres. También se llama expresamente el buen pastor que da la vida por sus ovejas. Además, se nos presenta claramente como quien sirve. Pero en cuanto a ser rey, no lo reclama para sí mismo.

Cierto, en el evangelio de Juan, Jesús no deja lugar a dudas de que es rey. Pero no tarda en añadir casi de inmediato que su reino no es mundano. Así que aunque admite que es el Mesías Rey de la línea de David, deja claro, sin embargo, que no es un rey como cualquiera. No es un potentado; Jesús viene a nosotros, humilde montado en un asno. Y en esto está la clave para que nuestra postura ante Cristo sea correcta.

No sea que rompamos esquemas mundanos, jamás señalaremos a él con acierto. Acabaremos haciéndole muecas. Lo tomaremos por impostor que se pasa por el Hijo de Dios y el rey de los judíos.

Si vamos, en cambio, más allá de las expectativas mundanas, nos inspiraremos en el anuncio del ángel Gabriel. Reconoceremos rey al nacido de la Virgen María. A imitación de los magos del oriente, lo adoraremos arrodillados. Tan confiados además como el malhechor creyente, suplicaremos a Jesús que nos acoja algún día en su reino.

Y no podemos asegurar mejor esa acogida que seguiendo a Jesucristo hasta el fin en el servicio de los pobres (SV.ES III:359).

O nos acoge o nos rechaza el Hijo del Hombre, reunidas ante él todas las naciones. Su decisión depende de cómo tratamos a sus más pequeños hermanos y hermanas. Lo toma de forma personal cuando ayudamos o no ayudamos a los pobres.

Y Jesús los hará compartir su herencia real a los con fe tan grande que perciben su realeza en la cruz. Participarán asimismo en el banquete celestial cuantos les dan de comer a los hambrientos, discerniendo la presencia real de Cristo en los pobres.

Señor Jesús, danos ojos y corazón para los pobres. Que contemplemos tu realeza en ellos, te homenajeemos en ellos, y un día nos unamos a ti y a ellos en tu reino.


20 Noviembre 2016

34º Domingo T.O. – Jesucristo Rey del Universo (C)

2 Sam 5, 1-3; Col 1, 12-20; Lc 23, 35-43