Thirty-First Sunday in Ordinary Time, Year C-2019

From Vincentian Encyclopedia
Call to Repentance and Salvation

The Son of Man has come to seek out and save sinners. We can answer him because he is the first to call us to repentance and salvation.

Zacchaeus badly wants to see who Jesus is. Never mind that he is short. Wouldn’t it be sad if those who call out to say Jesus is coming should now block his view? So, he climbs a tree to get a good look at Jesus.

Zacchaeus is a head tax collector and a wealthy man. But to see Jesus, he does not mind doing what a small boy would do. It seemingly does not cross his mind that climbing the tree is beneath him. But then it must not be new to him that people laugh at him and call him names. They, after all, consider him a great sinner, for he is a head tax collector, a lead collaborator of Rome.

So, it is not without cost that Zacchaeus sees who Jesus is. But what is decisive is not what he does and the jeering he suffers. Rather, it is what Jesus does and the grumbling he hears and bears. The key to salvation is Jesus’ call, “Zacchaeus, come down quickly, for today I must stay at your house.” It is his statement that the “Son of Man has come to seek and to save what was lost.”

Were it not for that call, Zacchaeus would have been like other bystanders who see Jesus and then go away. If it were not for that statement, which means God loves all that he has made, Zacchaeus would have stayed lost. Since God loathes nothing, no one, that he has made, he does not give up on Zacchaeus. Nor does his Son.

Zacchaeus, by the grace of our God and Lord Jesus, answers the call.

Zacchaeus comes down quickly from the tree. Maybe as quickly as Peter and Andrew left their nets, and James and John, their boat and their father. And he receives Jesus with joy. He also right away makes up his mind to give to the poor and make restitution.

In other words, he is acknowledging his sins. Because of it he stands a better chance of being saved than the self-righteous who grumble against Jesus. He has the lowliness that draws God’s grace (SV.EN IX:530). Moreover, Zacchaeus is beginning to turn his life around. He is not going to look out for his interests only, but for those of others, too, of the poor specifically. Extortion is something he is giving up. Proof, then, of his repentance is the change for the good that is coming over him. And all this is due to Jesus’ call.

Lord Jesus, you call us to your Supper. As we recall your death for the forgiveness of sins, may we turn our lives around and pledge not to give up on other sinners like us. And make us reveal, rather than conceal, your authentic face.


3 November 2019

31st Sunday in O.T. (C)

Wis 11:22 – 12, 2; 2 Thes 1, 11 – 2, 2; Lk 19, 1-10


VERSIÓN ESPAÑOLA

Llamamiento a la conversión y la salvación

El Hijo del Hombre ha venido a buscar y a salvar a los pecadores. Le podemos responder porque primero nos dirige él un llamamiento a la conversión y la salvación.

Zaqueo desea enormemente ver quién es Jesús. No importa que él sea pequeño de estatura. ¿No sería una lástima si le impidiera verlo el gentío que con su llamamiento anuncia al que está pasando? Por eso, sube Zaqueo a un sicomoro para ver mejor a Jesús.

Zaqueo es jefe de publicanos y rico. Pero para ver a Jesús, no le importa hacer lo que un chiquillo. Parece que jamás se le ocurre pensar que perderá la dignidad subiendo a un árbol. Pero, claro, no le resultaría extraño si la gente se riese de él. Después de todo, lo toman por gran pecador, pues es jefe de publicanos, colaborador principal de los romanos.

Así que no sin costes personales ve Zaqueo quién es Jesús. Pero lo decisivo no es lo que hace él o las burlas que sufre. Es, más bien, lo que hace Jesús y la murmuración que oye él y soporta. La clave de la salvación es el llamamiento de Jesús: «Zaqueo, date prisa y baja, porque es necesario que hoy me quede en tu casa». Es la afirmación de que «el Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido».

Si no fuera por ese llamamiento, sería Zaqueo un observador más, uno de los que ven y luego se van. Y permanecería perdido Zaqueo si no fuera por esa afirmación, la que quiere decir que Dios ama a todos los seres. Pero como no aborrece nada ni a nadie que hizo, Dios no toma a Zaqueo por caso perdido. No así lo toma tampoco el Hijo de Dios.

Zaqueo, por la gracia de nuestro Dios y del Señor Jesucristo, responde al llamamiento.

Zaqueo se da prisa en bajar del árbol. Quizás como se dieron prisa Pedro y Andrés en dejar las redes, y Santiago y Juan en dejar la barca y a su padre. Y recibe a Jesús muy contento. E inmediatamente hace también la decisión de ayudar a los pobres y hacer restitución.

En otras palabras, reconoce Zaqueo sus pecados, por lo que tiene mejores posibilidades de salvarse que los presumidos que murmuran contra Jesús. Posee el jefe de publicanos la humildad que atrae la gracia de Dios (SV.ES IX:604). Comienza además a transformarse. Ya no se encerrará en sus intereses, sino buscará el interés de los demás, de los pobres específicamente. Renunciará a la extorsión. La prueba, entonces del arrepentimiento es la transformación. Y todo esto se debe al llamamiento de Jesús.

Señor Jesús, hacemos caso a tu llamamiento a que asistamos a tu Cena. Ojalá nos transformemos, acordándonos de tu muerte para el perdón de los pecados, y nos comprometamos a no dar por perdidos a los demás pecadores como nosotros. Y haz que revelemos tu genuino rostro en lugar de velarlo.


3 Noviembre 2019

31º Domingo de T.O. (C)

Sab 11:22 – 12, 2; 2 Tes 1, 11 – 2, 2; Lc 19, 1-10