Thirty-First Sunday in Ordinary Time, Year A-2017

From Vincentian Encyclopedia
Simplicity that is unusual, yet necessary

There is, in Jesus, consistency between thought and word, and also between preaching and doing. We are not Christians if we lack such simplicity.

Jesus addresses this time the crowds and his disciples to reassure them. That is because a religious leader’s bad behavior, lack of simplicity, can easily puzzle and discourage them.

And Jesus makes the point that the distinction between the teaching office and those who hold it is key. One who recognizes that the bad behavior of teachers does not necessarily void official teachings can stay calm and upbeat. After all, it is God who guarantees the efficacy of the office.

But Jesus does not let the bad teachers off the hook. Rather, he strongly denounces their saying one thing and then doing another. He brings to light, besides, their being unbearable, their boastfulness and conceitedness. He also criticizes their craving for others’ recognition and service.

But nothing of this sort, of this lack simplicity and sincerity, among us who seek to follow Jesus.

Jesus makes it quite clear that one should not follow the example given by professional teachers who turn aside from the way. They cause many to falter in the matter of keeping the law. Instead of imitating them, then, we must be servants of others, if we want to belong to Jesus. We should humble ourselves, rather than exalt ourselves.

We will follow the contagious example of service and humility our Teacher and Master has given us. He washed the feet of his disciples; we will do likewise. We shall imitate the one who did not come to be served but to serve and to give his life for all. Our affection for our brothers, sisters—we have but one Father—should move us to give them our very selves.

In that way, ours will be the simplicity of the poor people who keep the true religion (SV.EN XI:190). Like the poor people with living faith, we, who will imitate Jesus, shall never lose patience and hope.

And what happens when we help, with simplicity, those in need, as Jesus did? We surely proclaim his death, his total self-surrender, until he comes. Of course, that was how the mother of Vincentian bishop, Andrew E. Bellisario, proclaimed it in a contagious manner.

Lord Jesus, enkindle within us the simplicity that will break the mold of hypocrisy, duplicity and pride we witness today.


5 November 2017

31st Sunday in O.T. (A)

Mal 1, 14b – 2, 2b. 8-10; 1 Thes 2, 7b-9. 13; Mt 23, 1-12


VERSIÓN ESPAÑOLA

Sencillez desacostumbrada pero necesaria

En Jesús hay coherencia entre el pensar y el decir y, asimismo, entre el decir y el hacer. No somos cristianos si nos falta tal sencillez.

Esta vez, se dirige Jesús a la gente y a sus discípulos para confortarlos. Es que fácilmente pueden desconcertarse y desanimarse, viendo la mala conducta, la falta de sencillez, de los dirigentes religiosos.

E indica Jesús que la distinción entre el magisterio y los que lo ejercen es decisiva. Quien reconoce que el mal comportamiento de los maestros no necesariamente invalida sus pronunciamentos magisteriales puede mantenerse tranquilo y optimista. Después de todo, es Dios quien garantiza la eficacia del magisterio.

Pero Jesús no permite a los malos maestros salirse con la suya. Al contrario, denuncia categóricamente el decir y no hacer de ellos. Pone al descubierto además su carácter de maestros insoportables, su jactancia y vanagloria. Critica también su afán de ser reconocidos y servidos por los demás.

Pero nada de eso, de esa falta de sencillez y sinceridad, entre los que buscamos seguir a Jesús.

Deja bien claro Jesús que no hay que seguir el ejemplo que dan los catedráticos que se apartan del camino. Ellos hacen tropezar a muchos en la observancia de la ley. En lugar, pues, de imitarlos, los que queremos pertenecer a Jesús seremos los servidores de los demás. No nos enalteceremos. Más bien, nos humillaremos.

Seguiremos el ejemplo contagioso de servicio y humildad que nos ha dado nuestro Maestro y nuestro Señor. Lavó Jesús los pies a sus discípulos; lo haremos asimismo. Imitaremos al que vino, no para ser servido, sino para servir y dar su vida por todos. Procuraremos tenerles tanto cariño a nuestros hermanos, —uno solo es nuestro Padre—, que desearemos entregarles incluso nuestras vidas.

Así nos caracterizará la sencillez de los pobres, quienes conservan la verdadera religión (SV.ES XI:120). Como los pobres con fe viva, los que imitaremos a Jesús jamás perderemos la paciencia y la esperanza.

Y, ¿qué pasa cuando ayudamos con sencillez a los necesitados, como lo hacía Jesús? Proclamamos, seguramente, su muerte, su entrega total, hasta que él vuelva. Así la proclamaba de manera sencilla y contagiosa, claro, la madre del obispo paúl, Andrew E. Bellisario.

Señor Jesús, suscita en nosotros la sencillez que rompa los esquemas de hipocresía, duplicidad y soberbia que presenciamos hoy.


5 Noviembre 2017

31º Domingo de T.O. (A)

Mal 1, 14b – 2, 2b. 8-10; 1 Tes 2, 7b-9. 13; Mt 23, 1-12