Thirteenth Sunday in Ordinary Time, Year C-2019

From Vincentian Encyclopedia
Follow Jesus Steadfastly to the End

Jesus steadfastly makes up his mind to carry out fully his mission. To follow him steadfastly to the end is what it means to be a Christian.

To follow Jesus is not easy. It entails, as he has warned, self-denial and the daily carrying of the cross.

But such hardship should not surprise us. For to follow Jesus is to go after someone who is setting out for Jerusalem to die. Yes, as he has foretold, awaiting him in Jerusalem are rejection, great suffering and cruel death. Does it, then, not follow from this alone that one cannot follow the Suffering Servant without undergoing hardships?

And the hardship need not be as stark as laying down one’s life. It may come as rejection that is due to racism or ethnocentrism. But those who follow Jesus, are to go out of their way to forgo violence. They should not turn racist or ethnocentric themselves.

Such avoidance—to follow Jesus’ way—hurts Christians further. For it wounds self-love also. Surely, it is bothersome to think that we let others reject just like that. Could this be, in part, why we had holy crusades and blessed wars?

Jesus’ way of life also spells hardships for those who follow him. For he is on the go, making the rounds of towns and villages. He is not like those who settle down in leading cities and hold important teaching chairs. He does not have the comfort or security that they enjoy. And he certainly does not submit to the yoke of clericalism.

What matters most to Jesus should matter most to those who follow him.

Of course, what matters most to Jesus is to bring to the poor the Good News of God’s kingdom. He takes this to be the most pressing task. So, needless to say, this should matter most also to us, his followers. This is our most urgent task too, then, to foster justice and love. So that there may be no needy person among us. And no one who oppresses. After all, we are all God’s children. And so, we make up one big family, each one of us, then, being a keeper of every brother or sister.

And there is nothing more crucial than this, because where there is no justice and love, there is only death (see 1 Jn 3, 14). The sooner we get rid, then, of our oxen and plows, the better.

Moreover, there is nothing that asks for single-minded commitment more than the project of the kingdom of God. For the one who stops and looks back becomes lifeless (see Gen 19, 26). Indeed, “not to advance is to fall back” (SV.EN II:146).

Lord Jesus, you make us a kingdom and priests for our God. May we follow you steadfastly to the end, and so embody the meaning of the Supper we share.


30 June 2019

13th Sunday in O.T. (C)

1 Kgs 19, 16b. 19-21; Gal 5, 1. 13-18; Lk 9, 51-62


VERSIÓN ESPAÑOLA

Seguir a Jesús con decisión hasta el final

Jesús toma la decisión de consumar su misión. Seguirle decididamente hasta el final es lo que significa ser cristiano.

No resulta fácil seguir a Jesús. Como él ya nos ha advertido, seguirle supone la abnegación y la carga diaria de la cruz.

Pero tales dificultades no han de sorprendernos. Pues seguir a Jesús es ir en pos del que se dirige decidadmente a Jerusalén para morir allí. Sí, según su predicción, le esperan allí el rechazo, muchos padecimientos y una muerte cruel. ¿No basta esto solo para llegar a la conclusión de que nadie puede seguir al Siervo Sufriente sin pasar por muchas dificultades?

Y no es necesario que la dificultad sea tan dura como la entrega de la vida. Puede tomar la forma de un rechazo al que da paso el racismo o el etnocentrismo. Pero se espera de los empeñados a seguir a Jesús que hagan todo lo posible para renunciar a la violencia. No se les permite hacerse ellos mismos racistas ni egocéntricos.

Esa renuncia a la violencia, con motivo de seguir el camino de Jesús, les hiere el amor propio a los cristianos. Pues, seguramente, nos molesta pensar que dejamos impunes a los que nos rechazan. ¿Sería esto una razón por la que había santas cruzadas y se les bendecía a las guerras?

El modo de vivir de Jesús supone dificultades también para quienes le buscan seguir. Pues lleva él una vida itinerante, recorriendo pueblos y aldeas. Él no es como los instalados en las grandes ciudades, los cuales ocupan cátedras magistrales. Le faltan el bienestar y la seguridad de los así establecidos. E indudablemente, no se somete él a yugos del clericalismo.

Lo que más le importa a Jesús ha de importarles también a los que le procuran seguir.

Desde luego, lo que más le importa a Jesús es anunciar a los pobres la Buena Nueva del reino de Dios. Esto lo considera él como la tarea apremiante. Demás está decir, pues, que lo mismo debe importarnos a los que somos seguidores suyos. Nos urge promover la justicia y el amor para que no haya ningún necesitado entre nosotros. Ni haya ningún opresor. Es que somos todos hijos de Dios. Y, por eso, formamos parte de una familia grande, de modo que cada uno de nosotros es guardián de todo hermano o hermana.

Y no hay nada más urgente que esto, porque donde no hay justicia y amor, hay muerte solo (véase 1 Jn 3, 14). Cuanto antes nos deshagamos de los bueyes y del arado, mejor.

No hay nada, además, que exija compromiso resuelto más que el proyecto del reino de Dios. Pues quien mira hacia atrás se vuelve inánime (véase Gén 19, 26). Y, sí, «el no avanzar es retroceder» (SV.ES II:107).

Señor Jesús, haces de nosotros para nuestro Dios un reino de sacerdotes. Ojalá te logremos seguir decididamente hasta el final, y así imitaremos en nuestra manera de vivir lo que celebramos en la Eucaristía.


30 Junio 2019

13º Domingo de T.O. (C)

1 Re 19, 16b. 19-21; Gál 5, 1. 13-18; Lc 9, 51-62