Thirteenth Sunday in Ordinary Time, Year B-2021

From Vincentian Encyclopedia
Person of Jesus More than Proposition

Jesus takes away our diseases and bears our illnesses (Mt 8, 17; Is 53, 4). Hence, for the disciple, to live a life of faith is to be the mercy of the Teacher in person.

Jairus falls at Jesus’ feet and pleads that he goes with him. For his little daughter is dying and he wants him to go in person and save her from death.

As they go, followed by a big crowd, an interruption takes place. It has to do with a woman who suffers from hemorrhages, and so, is deemed not clean (Lev 15, 25-27). Hence, she should have no contact with any person.

But she feels the need to get close to the person of Jesus. He is her last hope; she has already spent, to no avail, all her assets on doctors.

So then, to avoid notice, she comes up behind him in the crowd. She thinks that if she gets to touch his clothes, he will be cured. She does as she thinks, and right away her flow of blood dries up. But rather than feel happy, she shakes with fear.

It is because Jesus asks, “Who touched my clothes?” The disciples find the question a bit laughable. It figures; they are not in his place. Besides, one can only sympathize with a person, not feel what that person feels.

But as it turns out, the one who humbly tells Jesus the whole truth does not have to fear. For he does not scold her; rather, calling her “daughter, he lovingly tells her that her faith has saved her.

Faith in the person of Jesus is crucial.

Then comes the sad news that Jairus’ daughter has died. But he does not lose faith. For Jesus tells him, “Do not be afraid; just have faith.” He thus makes clear again that faith is crucial. He will be laughed at for this later.

This faith, like the faith of the woman with hemorrhages, means above all to take Jesus as truthful, solid. It is more than accepting as true a statement about him.

And both the person, with no name, and the important person, who is a synagogue official, have knelt before Jesus. That is to say, they not only respect him but also submit or surrender to him. Such faith makes one of the important and of the not important; so, there is unity in diversity.

By faith, too, we become like Jesus. He is the man-for-God-and-for-others. He seeks God’s glory and the neighbor’s good (SV.EN VI:413). His concern is for the kingdom of God and his justice. And he teaches the little folks, cures the sick and wipe the tears of those who mourn.

Hence, those with mature faith, those who give themselves to Jesus, go forth. They do not close themselves and do not cling to things that make them feel safe and secure (EG 49). Nor are they about extending their reach or that of their group (SV.EN II:502). They fix their gaze on the one who gives up his body and sheds his blood for others. He became poor to make us rich; he died to destroy death that God did not make. Thus, he is the proof in person that it is more blessed to give than to receive (Acts 20, 35).

Lord Jesus, grant that we live a life of faith in you, who gave yourself for us. Make us your mercy in person, even if others laugh at us.


27 June 2021

13th Sunday in O.T. (B)

Wis 1, 13-15; 2, 23-24; 2 Cor 8, 7. 9. 13-15; Mk 5, 21-43


VERSIÓN ESPAÑOLA

Persona de Jesús más que proposición

Jesús toma sobre sí nuestras enfermedades y carga con nuestras dolencias (Mt 8, 17; Is 53, 4). Para el discípulo, por lo tanto, vivir de la fe es ser la compasión del Maestro en persona.

Jairo se postra a los pies de Jesús y le ruega que vaya con él. Es que su niña se está muriendo, y quiere él que Jesús en persona la rescate de la muerte.

Mientras se van los dos, acompañados de mucha gente, acaece una interrupción. Se trata de una mujer que sufre de flujos de sangre, por lo que se considera ella no pura (Lev 15,25-27). Por lo tanto, no ha de tener contacto con ninguna persona.

Pero se siente ella con necesidad de tener contacto con la persona de Jesús. Él es su última esperanza; en vano ya ha gastado ella su fortuna en los médicos.

Así pues, para pasar desapercibida, la hemorroísa se acerca a Jesús por detrás, entre el gentío. Piensa ella que será curada con solo tocarle el vestido. Hace ella, pues, según su pensar y, de inmediato, queda curada. Pero en vez de alegrarse, la curada se asusta.

Es que Jesús pregunta: «¿Quién me ha tocado el manto?», una pregunta que les parece un poco ridícula a los discípulos. No sorprende la reacción de ellos; no están en el lugar del Maestro. Además, solo se puede simpatizar con una persona, no sentir lo que la persona.

Pero resulta que no tiene por qué asustarse la que con humildad se lo confiesa todo a Jesús. Pues en vez de regañarla, él le dice con cariño, —pues la llama «hija»—, que la fe de ella la ha curado.

Es decisiva la fe en la persona de Jesús.

Llega luego la triste noticia de que la hija de Jairo ha muerto. Pero no pierde él la fe. Es que le dice Jesús: «No temas; basta que tengas fe». Así que queda claro una vez más lo decisiva que es la fe. Más tarde unos se reirán de él. Esa fe, al igual que la de la hemorroísa, es, más que nada, tener a Jesús por veraz, sólido. Es más que aceptar por cierto lo que se afirma de él.

Y tanto la persona desconocida y la persona importante, el jefe de la sinagoga, se han arrodillado ante Jesús. Es decir, no solo le respetan, sino que se someten, se entregan, a él también. Tal fe, pues, hace uno del importante y de la no importante; brota la unidad en diversidad.

También por la fe, nos hacemos semejantes a Jesús. Él es el hombre-para-Dios-y-para-los-demás. Busca él la gloria del Padre y el bien del prójimo (SV.ES VI:370). Se preocupa él del reino de Dios y su justicia. Y enseña a los pequeños, cura a los enfermos y les enjuga las lágrimas a los con llanto.

Por lo tanto, los con fe madura, los que se entregan a Jesús, salen, en vez de encerrarse y aferrarse a sus seguridades (EG 49). No procuran la propia extensión ni la de su grupo (SV.ES II:383). Se fijan ellos en el que entrega su cuerpo y derrama su sangre por los demás. En el que se hizo pobre para enriquecernos y murió para destruir la muerte que Dios no hizo. Así, él es la prueba en persona de que «hay más dicha en dar que en recibir» (Hch 20, 35).

Señor Jesús, concédenos vivir de la fe en ti que te entregaste por nosotros. Haz que seamos en persona tu compasión, aun a riesgo de parecer reíbles nosotros.


27 Junio 2021

13º Domingo de T.O. (B)

Sab 1, 13-15; 2, 23-24; 2 Cor 8, 7. 9. 13-15; Mc 5, 21-43