Thirteenth Sunday in Ordinary Time, Year B-2018

From Vincentian Encyclopedia
Sensitivity of Faith in the Face of Death

Jesus wants to bring light to those who live in the shadow of death. If we just have faith and Jesus’ sensitivity, his wish for us will become true.

Neighbors and relatives rejoiced with Elizabeth. But they did not really experience her sensitivity to the merciful God. That was why they found odd the name she wanted for her child.

The disciples find it odd, too, that their Teacher asks, with the crowd pressing on him, “Who touched my clothes?” That is because they think they know exactly how Jesus feels. But they are mistaken. They are not aware, of course, that power has gone out of him. And the confession of the woman who has touched his cloak makes it clear that his sensitivity is greater than theirs.

But Jesus shows even more his great sensitivity when he states, “The child is not dead but asleep.” He goes against all evidence and sees beyond appearances. It is not surprising, then, that those who weep and wail laugh at him.

Nor is it surprising that he puts them all out. No, there can be no agreement between Jesus’ sensitivity and the people’s sensitivity. Besides, commotion is distracting and dulls one’s sensitivity. And apparently, only those with strong faith, like the woman with hemorrhages, overcome the turmoil the masses create. And those who, like the girl’s parents and those accompanying Jesus, who let themselves be led by his sensitivity.

And the obvious question that arises for us is this: Do we really believe in Jesus, clothing ourselves with his sensitivity?

Jesus assures us, “I am the resurrection and the life; whoever believes in me, even if he dies, will live, and everyone who lives and believes in me will never die.” Do we believe this? Is it our conviction that God formed us to be imperishable and made us the image of his own nature?

Setting himself against worldly people, Jesus sees wealth in poverty. He turns smallness into greatness, foolishness into wisdom, weakness into strength. Do we see as does Jesus? Those who truly put their trust in God’s goodness are sure that they are always under his protection (CRCM II:2). Do we have the same certainty?

Lord Jesus, increase our faith. And nourish us at the banquet of your Word and Bread and make us share also in your sensitivity.


1 July 2018

13th Sunday in O.T. (B)

Wis 1, 13-15; 2, 23-24; 2 Cor 8, 7-9. 13-15; Mk 5, 21-43


VERSIÓN ESPAÑOLA

Sensibilidad de la fe ante la muerte

Desea Jesús iluminarnos a los que vivimos en sombra de muerte. Para que su deseo nos sea efectivo, basta que tengamos fe, revistiéndonos de su sensibilidad.

Vinieron a alegrarse con Isabel los vecinos y los parientes. Pero no experimentaron realmente su sensibilidad al Dios compasivo. Por eso, les resultó extraño el nombre que quería ella para su hijo.

Y les resulta extraño a los discípulos que pregunte el Maestro, apretujándole la gente: «¿Quién me ha tocado el manto?». Es que piensan que saben exactamente cómo se siente Jesús. Pero están equivocados. No notan ellos, desde luego, la fuerza que ha salido de Jesús. Y también deja claro la confesión de la hemorroísa que la sensibilidad del Maestro es mayor que la de ellos.

Pero Jesús manifiesta aún más su gran sensibilidad al afirmar: «La niña no está muerta, está dormida». Va él en contra de toda evidencia y mira más allá de las apariencias. No es de extrañar, pues, que lo ridiculicen los que lloran y se lamentan.

Ni es de extrañar que Jesús los eche fuera a todos. No, no pueden concordar en nada la sensibilidad de Jesús y la sensibilidad de la gente. En medio del alboroto, además, fácilmente se distrae uno y se embota su sensibilidad. El tumulto, lo superan solo, por lo visto, los con fe firme, como la hemorroísa. Y los que, como los padres de la niña y los acompañantes de Jesús, se dejan guiar por su sensibilidad.

Y la pregunta obvia que se nos plantea es ésta: ¿Creemos realmente en Jesús, revestidos de su sensibilidad?

Nos asegura Jesús: «Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre». ¿Creemos esto? ¿Estamos realmente convencidos de que Dios nos creó para la inmortalidad y nos hizo a imagen de su propio ser?

Poniéndose en contra de los mundanos, Jesús ve la riqueza en la pobreza. Convierte él la pequeñez en grandeza, la locura en sabiduría, la debilidad en fuerza. ¿Vemos nosotros con la mirada de Jesús? Cuantos dejan de verdad sus cuidados a la bondad de Dios tienen por cierto que siempre viven bajo su protección (RCCM II:2). ¿Tenemos la misma certeza?

Señor Jesús, auméntanos la fe. Y concédenos a los que participamos en la mesa de tu Pan y de tu Palabra participar también en tu sensibilidad.


1 Julio 2018

13º Domingo de T.O. (B)

Sab 1, 13-15; 2, 23-24; 2 Cor 8, 7-9. 13-15; Mc 5, 21-43