Third Sunday of Easter, Year A-2020

From Vincentian Encyclopedia
Remember Jesus, His Works and Words

Jesus Christ, the Son of the living God and the Son of Mary, has risen! We should remember him and also preach him as our Good News (2 Tim 2, 8).

We Christians love Jesus Christ although we have not seen him. And even though we do not see him now yet we believe in him (1 Pt 1, 8). So, we rejoice beyond words and with beaming faces. For the Holy Spirit makes us remember him even, or especially, in our disappointments and wanderings. The Spirit makes him again a member of our body, palpably one of us.

Through the Spirit, what happened to the disciples on the road to Emmaus happens to us also. Although hopeless and aimless, they did remember Jesus whom God accredited with mighty word and deed. Yes, Jesus draws near although we may not recognize him due perhaps to our emotions.

But whether we remember and recognize him or not, he walks with us. For we and our affairs, our joys and griefs, our hopes and hopelessness, matter to him. And he takes away our blindness, and our foolishness and slowness to believe. That is, he heals our closed or narrow minds, our hard or cold hearts, and our dull or dim eyes.

Truly, the risen Christ shows us what Scriptures mean and changes our minds about him and about God. At once, he makes our hearts burn and throb passionately, so we end up telling him, “Stay with us ….” Or clasping his feet (Mt 28, 9).

Then, he opens our eyes at the breaking of bread. The way he blesses and breaks the bread makes us remember. For it sends us back to the Supper on the night he was betrayed.

And he vanishes from our sight. But he leaves us with eyes open to recognize him when he shows up again expectedly or unexpectedly. In the Word and Sacraments, in warm welcome and togetherness.

Lord Jesus, make happen to us, as we sojourn, what happened to those who were going to Emmaus. It made them go back at once to Jerusalem with hearts burning. Teach us how to get to the core of the Good News and of reality. May we set on fire the hearts of those who walk with us. And help us remember that we live in you through your death and that we must die in you through your life (SV.EN I:276). We will thus put you in the center, for no one should be more in our midst than you.


26 April 2020

Third Sunday of Easter (A)

Acts 2, 14. 22-33; 1 Pt 1, 17-21; Lk 24, 13-35


VERSIÓN ESPAÑOLA

Recordar a Jesús, sus obras y palabras

¡Ha resucitado Jesucristo, Hijo de Dios vivo e Hijo de María! A él lo debemos recordar y también proclamar como nuestra Buena Nueva (2 Tim 2, 8).

Los cristianos amamos a Jesucristo sin haberlo visto. Y sin contemplarlo todavía, creemos en él (1 Pd 1, 8). Es por eso que nos alegramos inefable y gloriosamente. Es que el Espíritu Santo nos lo hace recordar incluso, o especialmente, cuando nos sentimos decepcionados o perdidos. Lo hace volver a pasar por nuestro corazón, para que captemos palpablemente su presencia.

Por el Espíritu, nos pasa a nosotros lo mismo que a los discípulos que iban a Emaús. Lo que a los desesperanzados y desorientados que, sin embargo, no pudieron sino recordar a Jesús, acreditado por Dios con poderosas obras y palabras. Sí, él se acerca a nosotros, aunque no lo reconozcamos quizás por nuestras emociones.

Pero recordar y reconocer nosotros a Jesús o no, camina él con nosotros. La razón es que se interesa por nosotros y por nuestros asuntos. Por nuestros gozos y tristezas, por nuestras esperanzas y desesperanzas. Y nos quita la ceguera, y la necedad y la torpeza para creer. Es decir, sana nuestra mente cerrada o estrecha, nuestro corazón duro o frío, y nuestros ojos nublados o confusos.

Sí, Cristo resucitado nos explica las Escrituras y nos cambia las ideas que tenemos de él y Dios. A la vez, nos hace arder y latir apasionadamente los corazones y así terminamos diciéndole: «Quédate con nosotros …». O abrazándole los pies (Mt 28, 9).

Luego, nos abre los ojos en la fracción del pan. Su forma de bendecir y partir el pan nos hace recordar. Pues se nos remite a la Cena en la noche en que iba a ser entregado.

Y él se desaparece. Pero nos deja con los ojos abiertos para reconocerlo en otras apariciones esperadas o inesperadas. En la Palabra y los Sacramentos, en la acogida y la solidaridad.

Señor Jesús, haz que nos pase realmente a los peregrinos lo mismo que a los caminantes a Emaús. Por ello, se volvieron a Jerusalén en seguida con corazón ardiente. Enséñanos a llegar al fondo de la Buena Nueva y de la realidad. Que prendamos fuego en los corazones de los que caminan con nosotros. Y ayúdanos a recordar que vivimos en ti por tu muerte y que hemos de morir en ti por tu vida (SV.ES I:320). Así te pondremos en el centro, que nadie debe estar más en medio de nosotros que tú.


26 Abril 2020

3º Domingo de Pascua (A)

Hch 2, 14. 22-33; 1 Pd 1, 17-21; Lc 24, 13-35