Third Sunday of Advent, Year C-2018

From Vincentian Encyclopedia
We Should Do as Jesus, Our Teacher and Master

The Word is mightier than we. But, becoming flesh, he shares in our weakness, so that, baptized with the Holy Spirit and fire, we may share in his might.

The people who have come to John are beginning to repent, for they ask, “What should we do?” The crowds in general ask the same question, and so do the tax collectors and the soldiers. They make “What should we do?” sound, then, like a refrain of a hymn or a poem.

The Baptizer, however, does not give a general answer. He concretizes instead the meaning of repentance, of preparing the way of the Lord. In effect, he wants each group to bear the fruits of repentance according to the group’s state or situation.

In the first place, then, those who claim to have Abraham as their father receive an important reminder. They must not harden their hearts or close their hands to the needy among them (Dt 15, 7).

In the second place, John answers the tax collectors. This means he does not give up on those whom self-righteous folks avoid and tag as hopeless public sinners. And he tells the collaborators of the hated Romans to collect only taxes that the law requires. No unreasonable service fees, then, or baseless surcharges. They must not let greed get the better of them.

In the third place, Jesus’ Forerunner recognizes that it is possible for soldiers, too, to repent. But they must renounce the evil with which people associate them. That is to say, they should not abuse their position. They are not to intimidate people or accuse them falsely to extort from them money or some other benefit.

“What should we do?” is a question we ask today also.

For us Christians, the simple and general answer is that we should do as Jesus, our Teacher and Master. Less generally, it means keeping the commandment of love of God and neighbor. Through love we stay being we, not I. Of course, love entails, at a minimum, being just to our neighbor.

And to love as Jesus is to love to the end. “With the strength of our arms and the sweat of our brows” (SV.EN XI:32). With brows sweating blood and arms outstretched on the cross.

But one still needs to find answers that are more and more concrete. And that is why we should keep praying, “Lord, if you were in my place, how would you act on this occasion?” (SV.EN XI:314).

Lord Jesus, you invite us to your Supper where we eat your body and blood. Empower us with your Holy Spirit and fire to prepare, in turn, a similar supper for our brothers and sisters.


16 December 2018

Third Sunday of Advent (C)

Zeph 3, 14-18a; Phil 4, 4-7; Lk 3, 10-18


VERSIÓN ESPAÑOLA

Nosotros debemos hacer lo que Jesús, nuestro Maestro y Señor

El Verbo es más fuerte que nosotros. Pero, haciéndose carne, participa él de nuestra debilidad, para que participemos de su fuerza, bautizados con Espíritu Santo y fuego.

Inician el proceso de arrepentimiento los que han acudido a Juan, pues preguntan: «¿Qué debemos hacer nosotros?». Es la pregunta que hace la gente en general; la hacen también unos cobradores de impuestos, e igualmente unos soldados. Porque se va repitiendo, la pregunta parece ser un estribillo de un himno o poema.

Pero el Bautista no da una respuesta generalizada. Concreta él más bien el significado de la conversión, de la preparación del camino del Señor. Efectivamente, pide que cada grupo dé fruto de arrepentimiento conforme a su estado o situación.

En primer lugar, pues, se les recuerda a los que toman a Abrahán por padre su obligación de asistir a sus hermanos pobres. No deben endurecer el corazón ni cerrar la mano a ellos (Dt 15, 7).

En segundo lugar, contesta Juan a los recaudadores de impuestos. Esto quiere decir que no abandona a los que son evitados y etiquetados como pecadores públicos sin remedio por los fariseos. Les manda a los colaboradores de los odiosos romanos no exigir más de lo establecido. No han de cobrar exorbitantes apremios y recargos. La codicia no debe apoderarse de ellos.

En tercer lugar, el Precursor de Jesús reconoce que les es posible también a los soldados arrepentirse. Pero tendrán que renunciar a la maldad con la que los relaciona la gente. Es decir, no recurrirán al abuso de poder. No intimidarán a nadie ni fabricarán denuncias con motivo de obener dinero u otro beneficio.

Nosotros también preguntamos hoy en día: «¿Qué debemos hacer nosotros?».

Se nos contesta a los cristianos sencilla y generalmente que nosotros debemos hacer lo que Jesús, nuestro Maestro y Señor. Por hacerla menos general, la respuesta significa la observancia del mandamiento de amor a Dios y al prójimo. Por el amor, nosotros seguimos siendo nosotros, no yo. Claro, el amor supone, a lo mínimo, la justicia para con el prójimo.

Y amar como Jesús es amar hasta el extremo. «A costa de nuestros brazos, con el sudor de nuestra frente» (SV.ES XI:733). Con la frente sudando sangre y los brazos extendidos en la cruz.

Pero nos toca a nosotros aún buscar respuestas cada vez más concretas. Por eso, nosotros debemos seguir rezando: «Señor, si tú estuvieras en mi lugar, ¿qué harías en esta ocasión?» (SV.EN XI:240).

Señor Jesús, nos convidas a tu cena, en el que nosotros comemos tu cuerpo y bebemos tu sangre. Danos la fuerza, por tu Espíritu Santo y fuego, para que podamos preparar, a nuestra vez, una cena semejante para nuestros hermanos y hermanas.


16 Diciembre 2018

Domingo 3º de Adviento (C)

Sof 3, 14-18a; Fil 4, 4-7; Lc 3, 10-18