Third Sunday of Advent, Year B-2020

From Vincentian Encyclopedia
Disappointment Due to Our Biases

Jesus is the Christ. To know him so makes us acknowledge that we are not worthy of him and spares us, too, of all disappointment.

Those who come from Jerusalem do not receive John’s baptism; they are there to grill him and judge him. The priests and the Levites pepper him with questions and they get annoyed with him more and more. And the Pharisees ask him, “Why then do you baptize if you are not the Christ or Elijah or the Prophet?” Their disappointment shows.

John does not meet their expectations, which, no doubt, gives rise to the annoyance and disappointment of the wise. The biases of the learned blind them to who really is the one whom God has sent. They do not have the cleanness of heart that one cannot do without if one is to see God and what he has in mind. In the end, they quench the Spirit and despise prophecies.

Free from all disappointment

On the other hand, the simple folks, like the least of Jesus’ brothers and sisters, are clean of heart. They the least, and so, they are the greatest (Mt 11, 11; 18, 4). And the Father, Lord of heaven and earth, makes known to them what he hides from the wise (Mt 11, 25).

Besides, the Lord leads the lowly and teaches them his way (Ps 25, 9). They may be gullible and crude, still Christ is in them (SV.EN XI:26).

Hence, we ask ourselves, “Are we of the simple folks?” That is to say, of those who have the true religion, the living faith (SV.EN XI:190). “They believe, touch, taste the words of life. You never see them … get carried away with impatience …; not at all or rarely” (SV.EN XII:142). They know no disappointment. Rather, they are deeply joyful in the Lord.

Or do we dismiss what Phil 2, 3 says and, instead claim that we are above others? We will, then, run the risk of turning into inquisitors, like those who are from Jerusalem. And we will not know either John or Jesus.

Lord Jesus, you give up your body and shed your blood for us. Make us grasp what you do for us, so that we, too, may do it. With joy and generosity, with no disappointment.


13 December 2020

Third Sunday of Advent (B)

Is 61, 1-2a. 10-11; 1 Thes 5, 16-24; Jn 1, 6-8. 19-28


VERSIÓN ESPAÑOLA

Desencanto debido a nuestros prejuicios

Jesús es el Mesías. Conocerlo así es reconocer que no somos dignos de él. Y tal conocimiento nos libra también de todo desencanto.

Los de Jerusalén no acuden al Bautista para recibir el bautismo, sino para inquirir y juzgar. Los sacerdotes y levitas le ametralla con preguntas y se sienten cada vez más frustrados con él. Y los fariseos le preguntan: «¿Por qué bautizas, si tú no eres el Mesías, ni Elías, ni el Profeta?». Claro queda su desencanto.

La frustración y el desencanto se deben, no hay duda, a que Juan no satisface las expectativas de los sabios. Los prejuicios de los sabios les cierra los ojos a la identidad del enviado por Dios. Les falta la pureza de corazón, de la que no se puede prescindir para ver a Dios y sus planes. Al fin, apagan el Espíritu y tienen en poco el don de profecía.

Libres de todo desencanto

Son limpios de corazón, en cambio, los sencillos como los más pequeños hermanos y hermanas de Jesús. Se hacen, por su pequeñez, los más grandes (Mt 11, 11; 18, 4). Y les revela el Padre, Señor de cielo y tierra, las cosas que esconde a los sabios (Mt 11, 25).

El Señor también guía a los humildes; les enseña su camino (Sal 25, 9). Tal vez sean crédulos y groseros, pero está en ellos Jesús (SV.ES XI:725).

Y, por lo tanto, nos preguntamos: ¿Somos de la gente sencilla? Es decir, de la pobre gente que tiene la verdadera religión y la fe viva (SV.ES XI:120, 462). «Ellos creen, palpan, saborean las palabras de vida. No los veréis nunca … dejarse llevar de la impaciencia; nunca, o muy raras veces». Les es ajeno el desencanto. Desbordan, más bien, de gozo con el Señor.

O, ¿acaso descartamos lo que dice Fil 2, 3 y nos tomamos por superiores a los demás? Correremos, entonces, el riesgo de ser inquisidores, como los enviados desde Jerusalén. No conoceremos ni a Juan ni a Jesús.

Señor Jesús, entregas tu cuerpo y derramas tu sangre por nosotros. Haz que comprendamos lo que haces con nosotros, para que lo hagamos también, con gozo y generosidad, sin desencanto.


13 Diciembre 2020

Domingo 3º de Adviento (B)

Is 61, 1-2a. 10-11; 1 Tes 5, 16-24; Jn 1, 6-8. 19-28