Third Sunday of Advent, Year A-2019

From Vincentian Encyclopedia
Proof of Our Really Belonging to Jesus

Jesus brings the Good News to the poor and makes it come true for them. Doing as our Master, we give proof that we are his followers.

Last Sunday, we heard John the Baptist rebuke those he called “brood of vipers.” He asked them to bear good fruit as proof of their repentance.

This Sunday, John is again looking for a proof. But what he wants this time is some kind of proof of identity. For he asks Jesus, “Are you the one who is to come or should we look for another?” Are John and his followers not happy perhaps that Jesus preaches more God’s mercy than his wrath?

And Jesus does answer John. But the proof that Jesus gives of who he is highlights what he does. He thus suggests that his deeds reveal his identity better than any self-identification or self-description can.

So, Jesus is someone who eases the sufferings of poor people. He helps them in every way, taking care of their spiritual, bodily, temporal needs. That is to say, he preaches the Good News to the poor by “words and by works” (see SV.EN XII:77-79). And in doing so, he gives proof that he is the one whom God sends to save his people. That is why he opens the eyes of the blind and clears the ears of the deaf. He, moreover, makes the lame leap like a stag and the tongue of the mute sing. He also cleanses lepers and even raises the dead.

Jesus’ proof of identity, then, hinges upon his preaching of the Good News to the poor by words and by works. Preaching the Good News in such a way is also what makes up the proof of our identity as Christians. And we cannot allow those who ask us for proof of identity to stumble. So, we should go about doing good, proclaiming the Gospel of the kingdom, helping the poor in every way.

Lord Jesus, eating your bread and drinking from your cup, we proclaim your death until you come. As we wait for your coming, make our hearts as firm as that of John. And as humble, trusting and patient as the heart of the least in your kingdom. May we give joyful proof, too, that we are your followers.


15 December 2019

Third Sunday of Advent (A)

Is 35, 1-6a. 10; Jas 5, 7-10; Mt 11, 2-11


VERSIÓN ESPAÑOLA

Prueba de que somos realmente de Jesús

Jesús anuncia el Evangelio a los pobres y lo hace realidad para ellos. Haciendo lo que nuestro Maestro, damos prueba de que somos sus seguidores.

El domingo pasado, oímos a Juan Bautista increpar a los de la «raza de víboras». Les pidió que produjeran el fruto que sirviese de prueba de la conversión.

Este domingo, una vez más busca Juan una prueba, prueba de identidad. Pues pregunta él a Jesús: «¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?». ¿Acaso no les parece bien al Bautista y a sus discípulos que Jesús predique más la misericordia de Dios que su ira?

Y responde, sí, Jesús a Juan. Pero la prueba que da Jesús pone de relieve sus obras. Así indica él que sus obras revelan su identidad mejor que lo puede hacer una definición o descripción de sí mismo que él puede dar.

Así pues, Jesús es el que cuida a los pobres. Les asiste de todas las maneras, remediando sus necesidades espirituales, corporales, temporales. Es decir, evangeliza él a los pobres «de palabra y de obra» (véase SV.ES XI:393). Y haciendo esto, da él prueba de que es el Enviado de Dios para salvar a su pueblo. Por eso, despega los ojos de los ciegos y abre los oídos de los sordos. Hace saltar también como ciervo a los cojos y cantar de júbilo las lenguas de los mudos. Limpia además a los leprosos e incluso resucita a los muertos.

La prueba de identidad por parte de Jesús depende, entonces, de su predicación, de palabra y de obra, del Evangelio a los pobres. Predicar el Evangelio de la misma forma constituye también la prueba de nuestra identidad como cristianos. Y no podemos permitir que se escandalicen de nosotros los que nos piden prueba de identidad. Así que debemos ir haciendo el bien, anunciando el Evangelio del reino, asistiendo a los pobres de todas las maneras.

Señor Jesús, comiendo tu pan y bebiendo de tu copa, proclamamos tu muerte hasta que tú vengas. Mientras esperamos tu venida, fortalece nuestros corazones para que sean tan firmes que el de Juan. Y tan humildes, confiados y pacientes como el corazón del más pequeño en tu reino. Y que demos también prueba alegre de que somos seguidores tuyos.


15 Diciembre 2019

Domingo 3º de Adviento (A)

Is 35, 1-6a. 10; Stg 5, 7-10; Mt 11, 2-11