Third Sunday in Ordinary Time, Year A-2017

From Vincentian Encyclopedia
Chosen and appointed to bear lasting fruit

Jesus is the one who has chosen and appointed us to bear fruit.

Jesus’ chosen way breaks the mold. Unlike the religious leaders who are settled in Jerusalem, he withdraws to Galilee.

His withdrawal to Galilee shows his courage. He has chosen not to turn back as death looms large with the arrest (literally, the handing-over) of John.

Still, brave does not mean reckless. The change of residence spells better protection for Jesus. Nazareth is too close to the seat of government in Sepphoris for comfort. Capernaum affords, besides, an easy escape to Decapolis or another political jurisdiction (New Jerome Biblical Commentary [1990] 42:20). And one can flee at night by boat on the Sea of Galilee.

No, to flee in order to live to fight another day is not cowardice. Rightly does a saying affirm, “He that fights and runs away, may turn and fight another day.” The second part of the saying, however, is not altogether reasonable. It says, “But he who in battle slain, will never rise to fight again.”

That is because, despite Jesus’ cautiousness, he courageously acknowledges that, in the end, his winning lies in defeat. He gloriously rises after his submission to a shameful death.

Jesus’ way is also different with regard to discipleship.

Jesus invites disciples. But religious leaders do not take such initiative. Rather, the one who wants to be disciple takes it. And religious leaders prefer someone who is learned like them. In contrast, Jesus calls fishermen, and even a publican.

Jesus calls us where we are. But as his chosen ones, we are not to stay where we are. Jesus expects those he has chosen to work with him in the project of the kingdom of God. This, of course, implies repentance.

Repentance means, in part, turning away from the usual fare. The Lord of the harvest calls and sends workers to his harvest at all times of the day. To work with him is to become “hardworking workers” (SV.EN XI:33).

The ones Jesus has chosen go with him to Galilee of the Gentiles. That is to say, they go to the outskirts, to the most helpless at greatest risk.

Jesus’ chosen ones never use weakness or littleness as an excuse for mediocrity. They feel strong when they are weak and see success in failure. They are like St. Vincent de Paul. Relying on the meaning of the cross, he attributes the success of his preaching in Folleville and in Châtillon to God’s blessing (SV.EN XII:7; IX:192).

And the chosen ones sense that the Eucharist, as the “procession” in Châtillon shows, is the “the fount and apex of the whole Christian life” (LG 11).

Lord, by your grace, we will try with all our strength to give you all the service and faithfulness that you expect of us (SV.EN IX:284).


22 January 2017

3rd Sunday in O.T. (A)

Is 8, 23 – 9, 3; 1 Cor 1, 10-13. 17; Mt 4, 12-23


VERSIÓN ESPAÑOLA

Elegido y destinado para dar fruto duradero

Jesús es quien nos ha elegido y destinado para que vayamos y demos fruto.

Tiene elegido Jesús un proceder que rompe esquemas. A diferencia de los líderes religiosos instalados en Jerusalén, Jesús se retira a Galilea.

El retiro a Galilea manifiesta la valentía de Jesús. Ha elegido no retroceder ante el espectro de la muerte, a la cual apunta el arresto (literalmente, entrega) de Juan.

Con todo, valiente no es lo mismo que imprudente. Desde consideraciones de seguridad, el cambio de residencia significa mejor protección para Jesús. Nazaret está demasiado cerca del centro del gobierno en Séforis. Cafarnaúm, además, aporta huida fácil hacia Decápolis u otra jurisdicción política (New Jerome Biblical Commentary [1990] 42:20). Y uno puede escaparse desapercibo por la noche en una barca por el lago de Galilea.

No, no es cobardía huir para sobrevivir e ir luchando otro día. Con razón afirma un dicho que al que lucha y se huye, a éste se le hace posible luchar más tarde. Pero no del todo razonable es la segunda parte del dicho. Ésta dice que el muerto en la batalla jamás resucitará para seguir luchando otro día.

Es que, no obstante la prudencia de Jesús, él reconoce con valentía que, por último, su victoria está en la derrota. Sometido vergonzosamente a la muerte, resucita gloriosamente.

Es diferente también el proceder de Jesús referente al discípulado.

Jesús invita a los discípulos. Los líderes religiosos no toman esa iniciativa. La toma quien quiere ser discípulo. Y el preferido de los líderes religiosos es el letrado como ellos. Jesús, en cambio, llama a unos pescadores, e incluso a un publicano.

La invitación de Jesús nos llega, sí, donde nos encontramos. Pero ser elegido no quiere decir permanecer donde estamos. Espera Jesús que su elegido colabore en el proyecto del reino de Dios. Esto, desde luego, supone la conversión.

Convertirnos es, en parte, no querer más de lo mismo. El Señor de la cosecha llama y manda a toda hora del día obreros a su cosecha. Trabajar con él es convertirnos en «obreros que trabajen» (SV.ES XI:734).

El elegido acompaña a Jesús en la Galilea de los gentiles. Es decir, sirve a los en las periferias, a los más desamparados en situación más precaria.

El eligido de Jesús jamás se sirve de la debilidad o pequeñez para excusarse de la mediocridad. Se siente fuerte cuando débil y ve éxito en el fracaso. Es como san Vicente de Paúl. Éste, fiado en la cruz eficaz, atribuye el éxito de las predicaciones en Folleville y Châtillon a la bendición de Dios (SV.ES XI:327; [http://via.library.depaul.edu/cgi/viewcontent.cgi?article=1008&context=coste_sp IX:232).

E intuye el elegido que la Eucaristía es «fuente y cumbre de toda la vida cristiana» (LG 11), como lo demuestra la «procesión» en Châtillon.

Señor, por tu gracia, nos esforzaremos por rendirte todos los servicios y toda la fidelidad que esperas de nosotros (SV.ES IX:332).


22 Enero 2017

3º Domingo de T.O. (A)

Is 8, 23 – 9, 3; 1 Cor 1, 10-13. 17; Mt 4, 12-23