Sixth Sunday of Easter, Year B-2018

From Vincentian Encyclopedia
Remain in the Love of Our Lord Jesus Christ

As the Father loves him, so does Jesus love us. And to remain in his love, that is, to keep his commandment of love, is what he wants us to do.

Jesus is saying farewell to his disciples. He comforts them, assuring them that where he will be, there too they will be, promising them the Holy Spirit. He also asks them to remain in him as branches in the vine, so that they may bear much fruit.

But above all he urges his disciples to remain in his love. That is why time and again he commands them to love one another as he loves them. That is because only if they do so will they sense his presence even when he shall have left. To remain in his love is to overcome anguish, distress, persecution, famine, nakedness, peril, sword. Only if they remain in his love can they show they are Christians and stay faithful in difficult times.

And there will surely be trials and tribulations. The forces of injustice, personality cult, exclusivism, will persecute those who bring the Good News to the poor.

And at times we are our own worst enemies (SV.EN XII:66-82). Because we become “ravenous wolves,” “undisciplined people,” seeking only to enjoy ourselves, not bothering about anything but food.

It is necessary, then, for us to remain in Jesus, that is, to remain in his love. After all, he is the expression of the love the Father has for us. One with him, we will know God who is love. And, of course, no one has greater love than the one who gives his body up and sheds his blood for us.

We are weak, O God. Give us, then, the grace to persevere until death (SV.EN IX:284), to remain in the love of your Son, Jesus.


6 May 2018

Sixth Sunday of Easter (B)

Acts 10, 25-26. 34-35. 44-48; 1 Jn 4, 7-10; Jn 15, 9-17


VERSIÓN ESPAÑOLA

Permanecer en el amor de nuestro Señor Jesucristo

Como el Padre lo ama, así nos ama Jesús. Y permanecer en su amor, es decir, guardar su mandamiento de amor, es lo que desea Jesús que hagamos.

Va despidiéndose Jesús de sus discípulos. Los consuela, asegurándoles que estarán ellos donde él esté y prometiéndoles el Espíritu Santo. También los manda permanecer en él cual sarmientos en la vid, para que así den fruto abundante.

Pero sobre todo exhorta Jesús a sus discípulos a permanecer en su amor. Por eso los manda una y otra vez que se amen unos a otros como él los ama. Es que solo si esto lo hacen percibirán ellos su presencia aun cuando él ya se haya ido. Permanecer en su amor es superar la aflicción, la angustia, la persecución, el hambre, la desnudez, el peligro, la espada. Solo si permanecen en su amor, sí, podrán manifestarse como cristianos y mantenerse fieles a él en momentos difíciles.

Habrá seguramente pruebas y tribulaciones. Las fuerzas de la injusticia, el culto de la personalidad, el exclusivismo, perseguirán a los que evangelizan a los pobres.

Y a veces somos nosotros nuestros peores enemigos (SV.ES XI:381-398). Por convertirnos en «lobos rapaces», en «espíritus libertinos», pensando solo en divertirnos, preocupándonos de nada, con tal que haya comida.

Nos es preciso, pues, permanecer en Jesús, es decir, permanecer en su amor. Él es, después de todo, la manifestación del amor que Dios nos tiene. Unidos a él, conocemos a Dios que es amor. Y, claro, nadie tiene amor más grande que el que entrega su cuerpo y derrama su sangre por nosotros.

Somos débiles, oh Dios. Danos, pues, la gracia de perseverar hasta la muerte (SV.ES IX:332), de permanecer en el amor de tu Hijo, Jesús.


6 May 2018

6º Domingo de Pascua (B)

Hch 10, 25-26. 34-35. 44-48; 1 Jn 4, 7-10; Jn 15, 9-17