Sixth Sunday of Easter, Year A-2020

From Vincentian Encyclopedia
Defender, One in Three, of the Helpless

Like his Father, Jesus gives justice to those in need and defends the rights of the poor. Still and all, he gets them another Defender.

Jesus lifts up his own. They are sad as he says goodbye. And they have the hunch that woe is coming. Is it time to strike the shepherd? With no defender, what will become of the sheep?

The disciples will flee, yes, each of them to his own home and old way of life; they will forsake him. But he will not leave them. He will stay true even to those who turn their backs on him, for he cannot deny himself (2 Tim 2, 13). And he will ask the Father to give them another Defender.

The disciples, then, will not be helpless as are widows, orphans and strangers. For though Jesus is leaving, he will come back through the Holy Spirit. The world does not accept him since he cannot be known or seen in the way that it sees and knows.

But the disciples know him, for he lives with them, and he will be in them. They are on the same wavelength as he. That is why they grasp and accept him.

The Holy Spirit is more than the one that the helpless call on as Defender.

That the Paraclete, Advocate or Defender lives with the disciples means, in fact, that Jesus lives with them. He calls Jesus to the center. So, the Teacher will again be in the midst of his followers. He gathers again, recollects, for them the words of Jesus, so that they may recall and do them.

So, the Holy Spirit is really the heart and soul of the very self of God. God sends him to be up close to his own. And the love of God is poured out into their hearts, so that there they may glory to Christ.

Besides, this love prods them to love God and one another. Not so much with words as with the strength of their arms and the sweat of their brows (SV.EN XI:32). And with Jesus’ creative love that gives rise to the Eucharist (SV.EN XI:131), through the coming down of the Spirit.

Since God pours it out, love rules out self-seeking. It has nothing to do, then, with nationalism or any inquisition. So, it does not strive for wealth and power. It is being one especially with those who are in Samaria, with women, that is, with those who are outside. With those who find no defender in the world of sell, buy, consume.

Such love is what St. Paul speaks of in 1 Cor 13, 4-8.

Lord Jesus, righteous, you plead with the Father for the unrighteous. So, you are our Defender. Ask the Father to give us the other Defender who will keep us truthful. May we never be among liars; they say they love God, but do not keep his commandments.


17 May 2020

Sixth Sunday of Easter (A)

Acts 8, 5-8. 14-17; 1 Pt 3, 15-18; Jn 14, 15-21


VERSIÓN ESPAÑOLA

Defensor trino de los indefensos

Al igual que su Padre, Jesús hace justicia a los afligidos y defiende el derecho de los pobres. Con todo, les procura otro Defensor.

Jesús conforta a los suyos. Están tristes, pues se despide él de ellos. Y sienten que se les viene encima una desgracia. ¿Se le herirá al pastor? Sin su defensor, ¿qué será de las ovejas?

Los discípulos, sí, huirán, cada uno a su casa y vida de antes; abandonarán al Maestro. Pero él no los dejará solos. Siempre permanecerá fiel incluso a los infieles, pues no puede desmentirse a sí mismo (2 Tim 2, 13). Pedirá él al Padre que les dé otro Defensor.

Los discípulos, entonces, no quedarán nunca indefensos como lo son las viudas, los huérfanos y los forasteros. Es que, aunque se marcha Jesús, volverá por medio del Espíritu Santo. No lo recibe el mundo, porque a él no se le puede ver y conocer del modo del mundo.

En cambio, los discípulos lo conocen, porque mora con ellos y está en ellos. Significa esto que hay sintonía entre ellos y el Espíritu Santo. Por tanto, lo perciben y lo reciben.

El Espíritu Santo es más que el llamado para ser Defensor de los indefensos.

La presencia del otro Paráclito, Abogado o Defensor, significa efectivamente la presencia de Jesús. Revoca él a Jesús, lo vuelve a llamar, hacia el centro. Así, el Maestro estará de nuevo en medio de sus seguidores. Recoge para ellos las palabras de Jesús para que se acuerden de ellas y las hagan.

Realmente, el Espiritu Santo es el corazón y el alma del propio ser de Dios. Dios lo envía para estar muy cerca de los suyos. Y por él, derrama Dios su amor en los corazones de ellos, para que allí glorifiquen a Cristo.

Ese amor, además, los apremia a amar a Dios y a amarse unos a otros. Pero no tanto de palabra, cuanto a costa de sus brazos y con el sudor de su frente (SV.ES XI:733). Y con el amor inventivo de Jesús, del que brota la Eucaristía (SV.ES XI:65) por la efusión del Espíritu.

Debido a que Dios lo derrama, el amor suprime el egoísmo. No tiene nada en común, pues, con el nacionalismo ni con la inquisición. Ni ambiciona la riqueza ni el poder. Es, más bien, solidario especialmente con losque están en Samaria, con las mujeres, es decir, con los que están fuera. Con los que no encuentran defensor en el mundo de venta, compra, consumo.

Tal es el amor de que habla san Pablo en 1 Cor 13, 4-8.

Señor Jesús, justo, intercedes por los injustos. Tú eres, sí, nuestro Defensor. Pide al Padre que nos dé el otro Defensor que nos haga veraces. Que no nos contemos entre los mentirosos; dicen que conocen a Dios, pero no guardan sus mandamientos.


17 Mayo 2020

6º Domingo de Pascua (A)

Hch 8, 5-8. 14-17; 1 Pd 3, 15-18; Jn 14, 15-21