Sixteenth Sunday in Ordinary Time, Year B-2015

From Vincentian Encyclopedia
He is our peace (Eph 2, 16)

Jesus embodies the divine compassion that reconciles people. He expects those he has reconciled to reflect his compassion.

God has seen enough. He will make the leaders answer for their wickedness. He promises to remedy the situation.

The promise is fulfilled in the person of Jesus. He is the good shepherd par excellence. He has come to serve and give his life as a ransom for all.

Hence, the shepherds after Jesus’ heart are not tyrants. Their greatness lies in serving with absolute disinterestedness. They get to be first because they are the slaves of all.

A fundamental trait of true shepherds is their compassion that is based on Jesus. Though divine, he humbles himself and come in human likeness. Made like us and tested exactly like us in all things, yet without sin, he becomes our high priest who is able to sympathize with our weaknesses

So then, those who shepherd with Jesus know how to put themselves in the sheep’s situation. They have personal contact with the people and thus acquire the capacity to put names and faces on those making up the anonymous and ignored crowd. They realize that the lack of physical encounter “can lead to a numbing of conscience and to tendentious analyses which neglect parts of reality” (LS 49) as well as to generalizations like: “The poor are lazy”; “The homeless are drunken people”; “Welfare recipients have it easy.”

Shepherds appointed by Jesus take pity on those who are near and those who are far off. They imitate the Teacher who provides quiet and rest to those who surround him, his exhausted apostles. He also has compassion on those who are still waiting for him, the many coming from all the towns who are like sheep without a shepherd.

Pastoral compassion is affective and effective. Christian leaders do not only love humanity but also actual people. They are not among those who love ecstatically, but in in an abstract way, rapt in wonderful spiritual sentiments and in sublime heavenly conversations. Abstract love that dispenses with the effort of the arms and the sweat of the brow, this love gets unmasked when those claiming to love are suddenly nowhere to be found and are lacking in courage now that they are being asked to instruct the poor, for example, or to go look for the lost sheep (FR XI:40).

And if our love does not surpass abstract love, we will have difficulty discerning the body of Christ. Our participation in the Eucharist will be suspect, if we show little readiness to leave it to attend to God in the person of the poor. If we do not love those whom we see, how can we love God whom we do not see?

Lord, make us witnesses of your compassion.


VERSIÓN ESPAÑOLA

16º Domingo de Tiempo Ordinario B-2015

Él es nuestra paz (Ef 2, 16)

Jesús encarna la compasión divina que reconcilia a los pueblos. Espera de los reconciliados que reflejen su compasión.

Dios ha visto bastante. Ya pedirá cuenta a los líderes de su maldad. Promete remediar la situación.

La promesa se cumple definitivamente en la persona de Jesús. Él es el buen Pastor. Ha venido para servir y dar su vida en rescate por todos.

De ahí que los pastores según el corazón de Jesús no son tiranos. Su grandeza está en servir con desinterés absoluto. Logran ser los primeros porque son esclavos de todos.

Un distintivo fundamental de los verdaderos pastores es su compasión basada en Jesús. Éste, aunque divino, se humilla y toma la condición humana. Semejante a nosotros y probado exactamente como nosotros en todo, menos en el pecado, se constituye nuestro sumo sacerdote, capaz de compadecerse en nuestras debilidades.

Así pues, los pastores que pastorean con Jesús saben ponerse en el lugar de las ovejas. Tienen contacto personal con la gente y así adquieren la capacidad de ponerles nombre y rostro a los de la multitud anónima e ignorada. Reconocen que la falta de encuentro personal «ayuda a cauterizar la conciencia y a ignorar parte de la realidad en análisis sesgados» (LS 49) y fácilmente lleva a generalizaciones como: «Los pobres son perezosos»; «Las personas sin hogar son gente borracha »; «Los beneficiarios de asistencia pública lo tienen fácil».

Los pastores designados por Jesús se compadecen de los de cerca y de los de lejos. Imitan al Maestro que les ofrece tranquilidad y descanso a los que lo rodean, a sus apóstoles fatigados. Tiene compasión también de los que aún lo esperan, de los muchos que han venido de todas las aldeas, andando como ovejas sin pastor.

La compasión pastoral debe ser afectiva y efectiva. Los líderes cristianos no solo aman la humanidad sino también a las personas reales. No se cuentan entre aquellos que aman extáticamente, pero de manera abstracta, absortos en sentimientos espirituales maravillosos y coloquios celestiales sublimes. El amor abstracto que prescinde del esfuerzo de los brazos y del sudor de la frente, este amor queda desenmascarado cuando «todo se viene abajo y les fallan los ánimos» a los que pretenden amar ahora que se les pide que instruyan a los pobres, por ejemplo, o vayan en busca de una oveja descarriada (SV.ES XI:733).

Y si no supera nuestro amor el amor abstracto, difícilmente discerniremos el cuerpo de Cristo. Será sospechosa nuestra participación en la Eucaristía, si poca disposición mostramos para dejarla para atender a Dios en la persona de un pobre. Si no amamos a quienes vemos, ¿cómo vamos a amar a Dios a quien no vemos?

Señor, haz de nosotros imágenes de tu compasión.