Seventeenth Sunday in Ordinary Time, Year C-2019

From Vincentian Encyclopedia
Pray, Ask, Seek and Knock as Jesus

Jesus embodies what to pray, ask, seek, knock is. We Christians, then, strive to pray, ask, seek and knock as he teaches us.

Mary Magdalen recognizes Jesus and calls him, “Teacher” because he first calls her, “Mary.” And because God loves us first, we love also. In the same way, we pray because Jesus prays first. Jesus or God is the one who takes the first step.

But, yes, Jesus is “a man of the greatest prayer” (SV.EN IX:326). In the Gospel of Luke especially, he “prays again and again … ” (The Way of Vincent de Paul 32). Praying is so habitual with him that a disciple finally catches on. And he asks him, “Lord, teach us to pray ….”

Jesus agrees right away; he teaches the prayer that will identify them as his followers. And the prayer is plain, simple and short. It does not babble. Nor does it use many words as though one wants to force God to answer. As though one can, through many words, magically bring about what one asks for.

And the prayer names God “Father,” which suggests nearness, fondness and trust, and not strangeness, aloofness and fear. Next comes the wish that God show the holiness of his name (see Ez 36, 22-36). Moreover, there is the wish that a new order reign. That is, that the whole world and all human beings do what God wants, what is pleasing and perfect (see Rom 12, 2).

Surprisingly, then, the Lord’s Prayer starts out not asking for what is good for those who pray.

The prayer that Jesus teaches us focuses on God first and seeks his interest. Is not this simply another way of saying that God takes the first step? We now know we are sons and daughters because God reveals himself first, through Jesus, as our Father. And because he is such a good father and friend —as the two parables show— we readily go to him. We ask, yes, not to let us go hungry. To forgive us as we pledge to forgive others. Never to let us think that we, in the end, do not need him.

We, obviously, pray as a community. For to call God father is to say, too, that we are, among ourselves, brothers and sisters. No one of us should be poor, then, since we are to open our hand to the needy and have everything in common (Dt 15, 4-11; Acts 4, 32-35).

And the Father’s daily gifts and blessings should convince us that he wants the best for us. Surely, then, he will also give the bread of future life alongside Jesus. And the Holy Spirit also. To those who pray, ask, seek and knock trustingly and tirelessly as Jesus, while making the rounds of towns and villages.

Lord Jesus, grant to us who call ourselves your followers to pray, ask, seek and knock without becoming weary.


28 July 2019

17th Sunday in O.T. (C)

Gen 18, 20-32; Col 2, 12-14; Lk 11, 1-13


VERSIÓN ESPAÑOLA

Orar, pedir, buscar y llamar como Jesús

Jesús encarna lo que es orar, pedir, buscar y llamar. Los cristianos, por tanto, procuramos orar, pedir, buscar y llamar según su enseñanza.

Reconoce María Magdalena a Jesús y le llama: «Maestro», porque él la llama primero: «María». Y porque Dios nos ama primero, amamos también nosotros. Del mismo modo, oramos porque Jesús ora primero. Dios o Jesús es quien toma la iniciativa.

Pero, sí, Jesús es «hombre de grandísima oración» (SV.ES IX:380). En el Evangelio de Lucas especialmente, Jesús «ora siempre …» (Robert P. Maloney, C.M.). Orar le resulta tan habitual que un discípulo lo nota finalmente. Y le pide: «Señor, enséñanos a orar …».

Asiente en seguida Jesús; les enseña la oración propia de sus discípulos. Y es limpia, sencilla y breve la oración. No es como la del palabrero, como si las recargadas peticiones obligaran a Dios a responder. Como si las muchas palabras produjeran de manera mágica lo pedido.

Y la oración le llama «Padre» a Dios. Tal nombre connota cercanía, cariño y confianza, en lugar del desconocimiento, distanciamiento y miedo. A continuación, se desea que Dios muestre la santidad de su nombre (véase Ez 36, 22-36). Se desea además que reine un nuevo orden. Es decir, que el mundo entero y todos los hombres hagan la voluntad de Dios, lo bueno, agradable, perfecto (véase Rom 12, 2).

Es sorprendente, pues, que no comience la Oración dominical con pedir favores para los que la rezan.

La oración que nos enseña Jesús se enfoca primero en Dios y busca sus intereses. ¿Acaso no se nos indica una vez más que la iniciativa viene de Dios? Sabemos ahora que somos hijos e hijas de Dios porque él se revela primero, por medio de Jesús, como nuestro Padre. Y porque él es un padre y amigo muy bueno, —como nos lo enseñan las dos parábolas—, a él acudimos de buena gana. Pedimos, sí, que no pasemos hambre. Que él nos perdone a los que nos comprometemos a perdonar también a los demás. Que él no nos deje caer en la definitiva tentación de considerarnos autosuficientes, sin necesidad de él.

Obviamente, nuestro orar es comunitario. Pues los que invocamos a Dios como padre nos declaramos también hermanos y hermanas. Por eso, no habrá pobres entre nosotros porque les abriremos la mano y lo poseeremos todo en común (Dt 15, 4-11; Hch 4, 32-35).

Y los dones y las bendiciones de Dios de cada día han de dejarnos convencidos de que él quiere lo mejor para nosotros. Seguramente, pues, él nos dará el pan de la vida futura con Jesús. Nos dará él también el Espíritu Santo. A nosotros, si no nos cansamos de orar, pedir, buscar y llamar con confianza, como Jesús, recorriendo él pueblos y aldeas.

Señor Jesús, concédenos a los que nos decimos seguidores tuyos siempre orar, pedir, buscar y llamar sin desfallecer.


28 Julio 2019

17º Domingo de T.O. (C)

Gén 18, 20-32; Col 2, 12-14; Lc 11, 1-13