Seventeenth Sunday in Ordinary Time, Year A-2020

From Vincentian Encyclopedia
Reign of God and His Justice First

Jesus teaches us how to pray. He wants us to ask first that the Father’s name be praised, his reign come and his will be done.

Self-interest plays no part in Solomon’s prayer. He only asks for wisdom to reign. And the Lord does what he asks. So, Solomon knows what to pray for.

It is crucial to know how to pray; those who pray wrongly do not get what they want (Jas 4, 3). So, we need the Spirit to help us pray fully and as God wills (Rom 8, 26).

And is not the Lord’s Prayer (Mt 6, 9-13) the fullest, though strange and revolutionary? Just like Solomon’s prayer, the “Our Father” has nothing in it that is selfish.

But the “Our Father” does not even use “my” or “me” but only “our” and “us.” We pray to the Father of all humans, men and women, good and bad, from every race, tongue, nation and religion. And one asks not only for oneself but for all. There is the suggestion, yes, that we make up one people (LG 9).

God’s reign is the highest good.

The Lord’s Prayer does not only teach us to pray as we ought. It also shows us what to ask first: a foretaste on earth of the reign of heaven.

In heaven, the name of the Lord receives praise for ever. His will is always done there. And that is why there is no reason to cry there (Rev 21, 4). The reign of heaven is also the dwelling of justice and peace (2 Pt 3, 13; Is 2, 4; 11, 6-9). There, too, rich food and choice wines for all are plentiful (Is 25, 6).

In short, we ask that the Lord’s glory fills the earth (Is 6, 3; Rev 4, 8; Ps 72, 19). May from heaven there be bread on the ground (What A Good Year). So, we pray simply, “Your reign come.”

So, then, the Lord’s Prayer tells us that the reign of God is the buried treasure or the pearl of great price. The reign of heaven is the highest good. And so, those who find it gladly sell all they own to get it. As disciples, their mission is that of their Teacher: to inaugurate the reign of the Father (EG 180). Hence, they seek to further more his reign than their own possessions (SV.EN III:527). And since they care for his affairs, he cares for theirs. That is to say, they get other things besides. In the end, all things work for their good; both the new and the old come out of the storeroom.

Is it so with us? Or, does Jesus not reign in us yet (SV.EN XII:118), and so we just languish?

Lord Jesus, grant that we enjoy now on earth your reign. Make us who share in your Banquet long for your feast in heaven.


26 July 2020

17th Sunday in O.T. (A)

1 Kgs 3, 5. 7-12; Rom 8, 28-30; Mt 13, 44-52



VERSIÓN ESPAÑOLA

Reino de Dios primero y su justicia

Jesús nos enseña a orar. Quiere que pidamos primero que se alabe el nombre del Padre, venga su reino y se haga su voluntad.

No figuran en la oración de Salomón los intereses propios. Solo pide él la sabiduría para gobernar el reino. Y le cumple el Señor lo que pide. Se nos da a entender, pues, que Salomón sabe orar.

Nos es decisivo saber orar; el que ora mal no consigue lo que pide (Stg 4, 3). Necesitamos, pues, la ayuda del Espíritu (Rom 8, 26). Él nos enseña a pedir plenamente y según la voluntad de Dios.

Y, ¿no es la oración dominical la más plena (Mt 6, 9-13), aunque extraña y revolucionaria? Igual que la oración de Salomón, el Padrenuestro no pide nada que se pueda asociar con el egoísmo.

Pero el Padrenuestro ni se sirve de «mío» y «me», sino solo de «nuestro» y «nos». Se ora al Padre común de hombres, varones y mujeres, buenos y malos, de toda raza, lengua, nación y religión. Y lo que se pide no es solo para el que reza, sino para todos. Se nos indica, sí, que somos un pueblo (LG 9).

El reino es el sumo bien.

Y no solo se nos enseña a pedir lo que nos conviene. También se nos muestra cuál pedir primero: un adelanto en la tierra del reino del cielo.

En el cielo, eternamente se alaba el nombre del Señor. Allí se hace siempre su voluntad. Y es por eso que allí ya no hay razón alguna para llorar (Apoc 21, 4). El reino del cielo es también la morada de justicia y paz (2 Pe 3, 13; Is 2, 4; 11, 6-9). Allí hay de sobra para todos los pueblos manjares suculentos y vinos generosos (Is 25, 6).

En resumen, se pide que la gloria del Señor llene la tierra (Is 6, 3; Apoc 4, 8; Sal 72, 19). Que del cielo haya pan en el suelo (¡Qué buen año!). Oramos simplemente, pues: «Venga tu reino».

Así que se nos expone también que el reino del cielo es el tesoro enterrado o la perla valiosa. El reino, sí, es el sumo bien. Por lo tanto, para hacerse con él, los que lo encuentran venden alegremente todo lo que tienen. Como discípulos, su proyecto es el del Maestro: el inaugurar el reino del Padre (EG 180). Se interesan más, por lo tanto, en extender el reino que sus posesiones (SV.ES III:489). Y por llevar ellos los negocios de Jesús, lleva él los de elllos. Es decir, todo se les da por añadidura. Todo sirve al final para el bien; se sacan del arca lo nuevo y lo antiguo.

¿Es así con nosotros? O, ¿no reina todavía Jesús en nosotros (SV.ES XI:430) y, por lo tanto, languidecemos no más?

Señor Jesús, concédenos gozar ya en la tierra de tu reino. Haz que los que participamos de tu Sagrado Banquete anhelemos el festín en el reino del cielo.


26 Julio 2020

17º Domingo de T. O. (A)

1 Re 3, 5. 7-12; Rom 8, 28-30; Mt 13, 44-52