Second Sunday of Easter, Year C-2022

From Vincentian Encyclopedia
Palpable, Touchable, Visible, True

Jesus makes palpable God, whom no one has seen or touched. True disciples do not rest till their Teacher is palpable to them.

Jesus knows that when he shows up risen, his disciples will think they see a ghost. They will want him to be palpable. That is why he has no sooner wished them peace than he shows them his hands and his side. These are sure signs, if not proofs, of the dead on the cross and buried. But he tells them now, “I am alive.”

And his disciples today take for granted that Christ is risen. We do not question it. Nor do we doubt our sources. Faith is enough for us; we do not need him to be to be palpable. And, yes, it feels good to think we are blessed; we believe though we do not see.

But do we truly believe? Are we not with Eleanor Rigby and Father McKenzie, that is, with the lonely more than with the joyful? Are we of those with mediocre faith, or of the poor with lively faith? Those with “lively faith” find palpable and delightful the words of life (SV.EN XII:142).

We mediocre folks, for our part, honor Christ by repeating formulas and doing rituals. But our hearts are far from him; bonding with him does not even cross our minds. So, we should avail of this teachable moment of apostle Thomas’ doubt.

Know the Risen One in a palpable way.

No, it is not the disciple that does not believe who is the model. It is the disciple who sees and believes. But he only sees signs: the empty tomb, the burial cloths, the cloth to cover the dead’s head, all in good order. He does not see the risen Christ. That is why the nameless disciple is the first of the blessed who believe though they do not see.

But we can learn from Thomas not to let our faith get stale. He tells us that each has to make his or her own journey of faith. It is not enough that we say great truths, if these do not touch our hearts or those of others.

Thomas also reminds us that we are slow to understand Scriptures. Hence, we will go back to them always. And we will walk side by side until our hearts burn and we find the risen “God-with-us” palpable.

We will also accept his gifts of peace, forgiveness and the Holy Spirit. The courage that comes from the Spirit will take away our fear and prod us to go forth to help those in need. No more staying behind closed doors; Christ should be palpable in the world through us.

And thanks, too, for Thomas. Through him we get to look at the Risen One who does not send away the one who doubts. But he takes his time to grant what the doubter asks for; he waits till he hears, “My Lord and my God!”

Hence, we disciples will strive to be one with those in doubt. To stick less to the letter and more to the spirit of the teachings. To not catch lukewarmness that leads to sloth, “the vice of the clergy” (clericalism?), and to murmuring (SV.EN VIII:126; SV.EN X:154).

Lord Jesus, your inventive love gives us the Holy Meal (SV.EN XI:131). You thus are palpable and delightful as you feed us, remind us of your passion, fill us with grace, and give us a pledge of the glory to come. May we be signs that point to you.


24 April 2022

Second Sunday of Easter (C)

Acts 5, 12-16; Rev 1, 9-11a. 12-13. 17-19; Jn 20, 19-31


VERSIÓN ESPAÑOLA

Palpable, tocable, visible, verdadero

Jesús hace palpable a Dios, al cual nadie ha visto ni tocado. Los verdaderos discípulos no descansan hasta que les sea palpable el Maestro.

Bien sabe Jesús que cuando él se les aparezca resucitado, los discípulos creerán estar viendo un fantasma. Le querrán palpable. Es por eso que nada más darles el saludo de paz, les enseña él las manos y el costado. Son éstos signos tajantes, si no pruebas, del muerto en la cruz y sepultado. Pero él ahora les dice: «Yo soy el que vive».

Y los discípulos de hoy tenemos por asentado que Jesús ha resucitado. No lo ponemos en duda. Ni dudamos de las personas o de los libros que nos lo comunican que Jesús ha resucitado. Nos basta la fe; no hay necesidad de que él nos sea palpable. Y, por supuesto, nos da gusto pensar que somos dichosos por creer sin ver.

Pero, ¿de veras creemos? ¿No estamos más con Eleanor Rigby y el Padre McKenzie, con los tristes, que con los gozosos? ¿Somos de los con fe mediocre, o de los pobres con fe viva? Los con «fe viva» halla palpable, delectable toda palabra que pronuncia el que tiene palabras de vida (SV.ES XI:462).

Los mediocres, a nuestra vez, honramos a Cristo con repetir doctrinas y https://www.gruposdejesus.com/domingo-23-tiempo-ordinario-b-marcos-731-37/ rituales]. Pero nuestros corazones están lejos de él; ni se nos ocurre lo de la adhesión viva a él. Es por eso que hay que aprovechar la lección que nos enseña la duda del apóstol Tomás.

Conocer al Resucitado de modo palpable.

El que rehúsa creer hasta que vea, claro, no es el modelo del verdadero discípulo. Es el que ve y cree. Pero éste solo ve signos: la tumba vacía, las vendas en el suelo y el sudario, todo en buen orden. No ve al Resucitado. Es por eso que el que no tiene nombre es el primero de los dichosos que creen sin ver.

Pero de Tomás podemos aprender a no dejar que nuestra fe se estanque. Él nos da a conocer que a todo discípulo le toca hacer su propio recorrido de fe. No nos basta con decir grandes verdades, si ellas no tocan nuestros corazones ni los de los demás.

También nos recuerda Tomás lo tardos que somos para creer las Escrituras. Por lo tanto, volveremos a ellas una y otra vez. Y andaremos uno al lado del otro hasta que ardan nuestros corazones y lo hallemos palpable al resucitado «Dios-con-nosotros».

Aceptaremos también sus dones de paz, perdón y del Espíritu Santo. El valor que viene del Espíritu nos quitará el miedo y nos impulsará a salir para atender a los pobres. No, no nos encerraremos; ante todos ha de ser palpable Cristo por nosotros.

Y gracias a Tomás. Pues por él logramos mirar al Resucitado. Él no rechaza al incrédulo. Se detiene para cumplir lo que le pide el que tiene duda; espera hasta que se oiga: «¡Señor mío y Dios mío!».

Es por eso que los discípulos nos mantendremos solidarios con los dudosos. Nos adheriremos tenaces menos a la letra y más al espíritu de las doctrinas. No nos contagiaremos de la tibieza o pereza espiritual, «el vicio de los clérigos» (¿clericalismo?), que lleva a murmuraciones (SV.ES VIII:100; SV.ES IX:800).

Señor Jesús, tu amor inventivo hasta el extremo nos da la Eucaristía (SV.ES XI:65). Así te nos haces palpable y delectable, mientras no alimentas, nos recuerdas tu pasión, nos llenas de gracia, nos da prenda de la gloria que viene. Haz que seamos tus signos.


24 Abril 2022

2º Domingo de Pascua (C)

Hch 5, 12-16; Apoc 1, 9-11a. 12-13. 17-19; Jn 20, 19-31