Second Sunday of Easter, Year C-2016

From Vincentian Encyclopedia
Mission for Christians and Vincentians especially

Jesus commands us to get out of all confinement to take part, enabled by the Spirit and with courageous faith, in the mission of forgiveness and peace, of evangelization and healing.

Though the doors of the house are locked, Jesus manages to enter. He stands in the midst of the disciples and says to them, “Peace be with you.” He is about to give them a mission.

He then shows his hands and his side, assuring them that it he is, and not a ghost or impostor. To confirm them in their joy, he says to them again, “Peace be with you.” Immediately, he entrusts to them a mission.

That is how the good and merciful Teacher is. He puts himself in the disciples’ situation, literally and figuratively. Understanding, he knows well that those already extremely burdened by fear and shame do not need scolding. Hence, he does not show resentment for their lack of courage and faithfulness. Nor does he want them dwelling on events that arouse in them paralyzing fear, anger or hopelessness.

The Suffering Servant does not break a bruised reed nor does he quench a smoldering wick. He restores the strength of the dejected with the gift of the Holy Spirit. He awakens confidence in them by indicating that he has not stop trusting them, given that he is calling them to his own mission of evangelization of the poor, of healing the broken-hearted and curing the sick.

Jesus is not in any way like scholars who look with disdain from their high magisterial chairs on those who are not like them, considering them incapable of understanding and doing something good. He does not give up on the foolish, the slow and the doubting, like those disappointed disciples on their way to Emmaus, or like Thomas who insists on “To see is to believe.” That is why he keeps forming them.

The one who descended into hell to raise the dead now comes down to our level to begin to form us. The Word made flesh meets us where we are. He takes us by the hand and leads us to where we ought to be.

Continuing with our formation, Jesus invites us to gaze at him, in our tribulations, so that we may not be afraid: once he was dead, but now he is alive forever and ever. He keeps equipping us “for every good work.” Only through good works is the confided mission accomplished.

Only if we embody the mission of forgiveness and peace, of effective announcement of the Gospel to the poor, dear to St. Vincent de Paul, will we attract others and live what we celebrate in the Eucharist.

Here we are, Lord. Form us and send us.


April 3, 2016

2nd Sunday of Easter (C)

Acts 5, 12-16; Rev 1, 9-11a. 12-13. 17-19; Jn 20, 19-31


VERSIÓN ESPAÑOLA

Misión para los cristianos y los vicencianos particularmente

Jesús nos manda salir de todo encerramiento para participar, capacitados por el Espíritu y con fe valiente, en la misión de perdón y paz, evangelización y sanación.

Aunque cerradas las puertas de la casa, logra entrar Jesús. Se pone en medio de los discípulos y les dice: «Paz a vosotros». Está a punto de darles una misión.

Les enseña luego las manos y el costado, asegurándoles así que es él, y no un fantasma o un impostor. Para confirmarles en su alegría, les dice de nuevo: «Paz a vosotros». En seguida, les confía una misión.

Así es el Maestro bueno y misericordioso. Se pone literal y figurativamente en la situación de los discípulos. Comprensivo, bien sabe que los ya agobiados por el temor y la vuergüenza no tienen necesidad de recriminación. Por eso, no les muestra ningún resentimiento por su falta de coraje y fidelidad. Ni los quiere detenidos en acontecimientos que produzcan en ellos miedo, enfado o desesperanza paralizante.

No quiebra el Siervo Sufriente la caña cascada ni apaga el pábilo vacilante. Repara más bien las fuerzas de los decaídos con el don del Espíritu Santo. Despierta en ellos la confianza, indicándoles que no deja de fiarse de ellos, ya que los llama a su propia misión de evangelización de los pobres, sanación de los corazones abatidos y curación de los enfermos.

De ninguna manera se parece Jesús a los estudiosos que, desde sus cátedras exaltadas, miran con desdén a los demás como incapaces tanto de entender como de hacer algo bueno. No toma por perdidos a los tan necios, tercos e incrédulos como aquellos desilusionados discípulos, caminando hacia Emaús, o como Tomás que insiste en ver para creer. Por eso, los sigue formando.

El que descendió a los infiernos para resucitar a los muertos desciende ahora a nuestro nivel para comenzar formarnos. El Verbo encarnado se encuentra con nosotros en el lugar donde estamos. Nos toma de la mano y nos lleva adonde debemos llegar.

Continuando con nuestra formación, Jesús nos invita a contemplarlo, en medio de nuestras tribulaciones, para que no temamos: él estuvo muerto y ahora está vivo por los siglos de los siglos. Nos va capacitando por su Espíritu Santo «para toda clase de obras buenas». Solo por ellas se lleva a cabo la misión confiada.

Solo si personificamos la misión de perdón y paz, y del anuncio efectivo del Evangelio a los pobres, sumamente importante para san Vicente de Paúl, atraeremos a los demás y viviremos lo que se celebra en la Eucaristía.

Aquí estamos, Señor. Fórmanos y mándanos.


3 de abril de 2016

2º Domingo de Pascua (C)

Hech 5, 12-16; Apoc 1, 9-11a. 12-13. 17-19; Jn 20, 19-31