Second Sunday of Easter, Year B-2021

From Vincentian Encyclopedia
Joyful to See the Lord in Their Midst

The risen Christ stands in the midst of his disciples and wishes them peace. He shows them his hands and his side. And they turn joyful.

The disciples are not at all joyful after the death of Jesus. They are even broken and hopeless.

For not only do they miss their Teacher. They also fear those who condemned him. His death has shattered their hopes and dreams.

And what the disciples are going through comes out clear in what the disciples on the way to Emmaus say. They speak of a “great prophet” whom “they were hoping would the one to free Israel.”

But since he is dead, though his body is not in the tomb, they leave Jerusalem. And J.L. McKenzie’s Dictionary of the Bible and The Eeerdmans Bible Dictionary say that the location of Emmaus is unknown (see also “Emmaus”). Maybe Luke’s mention of Emmaus suggests that the two are disoriented.

Right away, then, the one who walks with them orients the downcast disciples. He shows them that to know the Messiah who will free Israel, they cannot set aside his passion and death.

And Jesus does the same with the disciples who are in a house with locked doors. For he has no sooner stood in their midst, and wished them peace, than he shows them his hands and his side. And that is why they not only recognize him but they also turn joyful.

To be joyful, we have to look for joy where one finds it.

Christ teaches those who are Jerusalem and those who are on their way to Emmaus where joy lies. He teaches the same to us today.

And those who are truly joyful are not those who feel secure, strong and brave. That is to say, those whom others envy in the world (Ps 73).

Joyful, rather, are those whom the world deems throwable: the insecure, the fearful, the weak. Their insecurities, fears and weaknesses make them trust God wholly (Ps 2). They acknowledge their lack of faith, then quickly cry out, “My Lord and my God!” That is why they please him.

And if we trust him so, we weak folks will be strong. Weak and throwable, then, we will show God’s strength and worth.

So then, as Pope Francis warns us, we should not look for joy in the wrong places. To be joyful, we must know that joy comes from the awareness that we are loved freely. That we are not alone, and that to share what is ours is key.

And, of course, we have to love; hence, have to go out of ourselves. Jesus does send us, too, and for this he breathes on us. For he wants us to love as he does, to so love that we give our bodies up and shed our blood. We will thus love with the strength of our arms and the sweat of our brow (SV.EN XI:32). Thus, too, shall we conquer the world. Besides, we will assure that we will be forever joyful for following Jesus to the end (SV.EN III:384).

Lord Jesus, we are joyful, for you are with us. Grant that we never lose sight of you.

11 April 2021

Second Sunday of Easter (B)

Acts 4, 32-35; 1 Jn 5, 1-6; Jn 20, 19-31


VERSIÓN ESPAÑOLA

Alegres de ver al Señor en medio de ellos

Cristo resucitado se pone en medio de sus discípulos y les da la paz. Les enseña luego las manos y el costado. Y alegres quedan ellos.

No están alegres, por supuesto, los discípulos tras la muerte de Jesús. Hasta se hallan quebrados y desesperanzados.

Es que no solo echan de menos al Maestro. Temen también a los que lo condenaron a muerte. Con su muerte, además, se han hecho añicos las esperanzas y los sueños de ellos.

Y lo que les pasa a los discípulos se les nota en lo que cuentan los que andan a Emaús. Hablan de un «profeta poderoso»; ellos «esperaban» que él liberara Israel».

Pero muerto él y su tumba vacía, se van de Jerusalén. Y se dice que «no se le puede precisar a Emaús». A ver si, por mencionar a Emaús, da a entender Lucas que los dos dan vueltas no más desorientados.

A continuación, los orienta a los cabizbajos el que se ha puesto a caminar con ellos. Les explica que, para que se le conozca al Mesías liberador, no se puede prescindir de su pasión y muerte.

Y lo mismo hace Jesús con los que, por miedo, se han reunido en una casa con las puertas cerradas. Pues nada más ponerse él en medio de ellos y darles la paz, les enseña las manos y el costado. Y es por eso que no solo le reconocen, sino que se vuelven alegres también.

Para hacernos alegres, hemos de buscar la alegría donde se halla.

Enseña Cristo a los que están en Jerusalén y a los que van a Emaús dónde está la alegría. Lo mismo se nos enseña a los que vivimos hoy día.

Y los alegres de verdad no son los seguros, fuertes y valientes. Es decir, los envidiados y estimados en el mundo (Sal 73).

Los alegres de forma genuina se refieren más bien a los desechables a los ojos del mundo. Sí, son los inseguros, los temerosos, los débiles. Sus inseguridades, temores y debilidades les hacen confiar en Dios y en su misericordia (Sal 2). Tras confesar ellos su incredulidad, proclaman: «¡Señor mío y Dios mío!». Es por eso que le complacen.

Y si así confiamos en él, los débiles seremos fuertes. Los débiles y desechables, pues, daremos a conocer a Dios fuerte, el solo que vale.

Así que, como nos advierte el Papa Francisco no hay que buscar la alegría donde no está. Para estar alegres, tenemos que «sentirnos amados gratuitamente, sentirnos acompañados», y saber compartir lo nuestro.

Y, sí, hay que amar; por lo tanto, salir de nosotros mismos. De hecho, nos envía Jesús. Y para esto nos da su aliento. Es que quiere que amemos al igual que él, es decir, hasta entregar nuestro cuerpo y derramar nuestra sangre. Así amaremos a costa de nuestros brazos y con el sudor de nuestra frente (SV.ES XI:733). Así venceremos también al mundo. Y aseguraremos además que un día, por haber seguido a Jesús hasta el fin, nos veremos alegres por siempre (SV.ES III:359).

Señor Jesús, estamos alegres, pues siempre nos acompañas. Concédenos no perderte de vista jamas.


11 Abril 2021

2º Domingo de Pascua (B)

Hch 4, 32-35; 1 Jn 5, 1-6; Jn 20, 19-31