Second Sunday of Advent, Year C-2018

From Vincentian Encyclopedia
Personally Seeing and Receiving God’s Salvation

Jesus is the salvation of God in person. And only those who repent and renew themselves personally will see and receive God’s salvation.

The word of God comes to John. This, along with the reference to contemporary history, suggests that he is a prophet. So, he is on the same footing as the earlier prophets. For the word of God came to each one of them personally, in each one’s own historical situation (Is. 38, 4; Jer 1, 2; Ez 1, 3; Hos 1, 1; Joel 1, 1; Mich 1, 1; Zeph 1, 1; Hag 2, 10; Zech 1, 1).

As a prophet, John proclaims a baptism of repentance for the forgiveness of sins. His preaching is the fulfillment of the prophecy in Is. 40, 35. In other words, the Baptist’s raison d’être is to prepare the people. He readies them, so that they may see and receive Jesus who is himself the salvation that comes from God.

So then, John calls us to repentance, that is to say, to a change of mind, heart and behavior. It is to this change that his baptism points precisely.

How do we respond concretely and personally to the voice that cries out in the desert?

The question is a matter for next Sunday’s Gospel reading. In today’s Gospel reading, however, John simply urges us become straight roads and smooth ways. Furthermore, he asks us to prepare a path in our hearts for the coming of God’s Word (see the Morning Prayer intercessions for Tuesday, First Week of Advent). The Baptizer tells us to bring low the mountains of our pride and fill up the valleys of our weakness. He wants all, and not just some, to see personally God’s salvation.

Yes, John calls our attention to the coming of God’s Word, Jesus, to make history in a definitive way. And rulers like Tiberius Caesar, Pontius Pilate, Herod, Philip and Lysanias will not do in the new order that Jesus is to bring in. And there will be no room either for the priests who offer sacrifices in Jerusalem or on Mount Gerizim.

That is because the new order will be about serving personally, and not about being served. It will be about giving one’s life personally as a ransom for others, as worship in Spirit and truth. All this. Of course, means that the only kingship and priesthood that will matter will be Jesus’ kingship and priesthood.

The question now, then, is: Are we ready for this new creation and its universal kingship and priesthood? God is about to bring us back aloft in glory as on kingly thrones. Indeed, we have to be pure, blameless and righteous for the day of Christ.

Lord Jesus, help us to recognize you, as did St. Vincent de Paul, in those who are poor (SV.EN XI:26). May each one of us personally contemplate you also and serve you in them. And may we be united with you and them someday in your kingdom.


9 December 2018

Second Sunday of Advent (C)

Bar 5, 1-9; Phil 1, 4-6. 8-11; Lk 3, 1-6


VERSIÓN ESPAÑOLA

Ver y recibir personalmente la salvación de Dios

Jesús es la salvación de Dios en persona. Y veremos y recibiremos la salvación de Dios solo si nos convertimos y nos renovamos personalmente.

Viene la palabra de Dios sobre Juan. Esto, junto con la referencia a la historia contemporánea, da a entender que él es profeta. Está al mismo nivel que los profetas anteriores. Pues vino sobre cada uno de éstos personalmente la palabra de Dios (Is. 38, 4; Jer 1, 2; Ez 1, 3; Os 1, 1; Joel 1, 1; Miq 1, 1; Sof 1, 1; Ag 2, 10; Zac 1, 1).

Como profeta, Juan predica en el desierto un bautismo de conversión para perdón de pecados. Y su predicación es el cumplimiento del oráculo profético en Is 40, 3-5. Es decir, la razón de ser del Bautista es preparar a la gente. La dispone para que vea y reciba a Jesús, la salvación de Dios en persona.

'¿Cómo responder personalmente a la voz del que grita en el desierto?

La pregunta corresponde al Evangelio para el próximo domingo. En el Evangelio de hoy, sin embargo, Juan nos exhorta simplemente a convertirnos en sendas derechas y caminos llanos. Nos pide él además que preparemos en nuestros corazones un camino para la Palabra de Dios que ha de venir (cf preces, Laudes, martes de la Semana I de Adviento). Nos manda también el Bautista que abajemos los montes y las colinas de nuestro orgullo y levantemos los valles de nuestros desánimos y de nuestras cobardías. Quiere que todos, no solo unos cuantos, vean personalmente la salvación de Dios.

Juan dirige nuestra atención a la Palabra de Dios, a Jesús, que viene para hacer historia de manera definitiva. Y los dirigentes como Tiberio César, Poncio Pilato, Herodes, Filipo y Lisanio son ineptos para el orden nuevo que Jesús está por introducir. Tampoco habrá lugar para los sacerdotes que ofrecen sacrificos en Jerusalén y en el Monte Gerizim.

Es que en el orden nuevo no se tratará de ser servido, sino de servir personalmente. Se tratará asimismo de dar uno la vida en rescate por los demás, y como culto en Espíritu y verdad. Todo esto quiere decir, desde luego, que la única realeza y el único sacerdocio que valdrán serán la realeza y el sacerdocio de Jesús.

Así que la pregunta que surge ahora es ésta: ¿Estamos listos nosotros para la nueva creación y la realeza y el sacerdocio universales? Dios está por restaurarnos con gloria, como llevados en carroza real. Tenemos que llegar al día de Cristo limpios, irreprochables y justos.

Señor Jesús, haz que, como san Vicente de Paúl, te reconozcamos a ti en los pobres (SV.ES XI:725). Que te contemplemos y te sirvamos personalmente en la persona de los pobres, y un día nos unamos a ti y a ellos en tu reino.


9 Diciembre 2018

Domingo 2º de Adviento (C)

Bar 5, 1-9; Fil 1, 4-6. 8-11; Lc 3, 1-6