Second Sunday in Ordinary Time, Year C-2019

From Vincentian Encyclopedia
Wine That Brings Gladness to Our Hearts

Jesus is the new wine that is better than the wine served earlier. Those who drink it worthily discover the new life and the true meaning of joie de vivre.

Jesus turns water into wine at a wedding in Cana of Galilee. In doing so, he performs the first of his seven signs.

‘Signs,’ yes, and not ‘miracles,’ is the name that the Gospel of John gives to Jesus’ wondrous deeds. That is because they are there not just to make us wonder but, above all, to point to who Jesus is. They teach us about Jesus’ true identity. In other words, their deeper meaning, when discovered, makes for faith and understanding.

The changing of water into wine means or signals that Jesus is the fulfillment of the law and the prophets. The water in the jars that Jews use for ceremonial washings stands for the old order. The wine, which the water has become, refers to the new order that Jesus brings in.

And in this new order love fulfills and sums up the whole law. Little wonder, then, that the sign happens at a wedding, a joyful celebration of love. And it is fitting, too, that it has to do with wine, since wine symbolizes love, joy, fellowship.

But the love to which the sign points is not just any love. Rather, it is the love that, first of all, comes from God. He loves us so much that he gives his only Son, so that those who believe in him may have eternal life. It is the love that became flesh in Jesus, who teaches:

This is my commandment: love one another as I love you. No one has greater love than this,
to lay down one’s life for one’s friends.

Clearly, then, this love reaches its peak of greatness on Calvary. Its hour of glory is the crucifixion, so that joie de vivre finds its true meaning on the cross.

Lord Jesus, give us your mother’s attentiveness and concern. And as we say to you in so many ways, “They have no wine,” and share our gifts, may we become your signs. Signs of your love to the end, of your giving up your body and shedding your blood for us. Help us understand that there is no better place to be than at the foot of the cross (SV.EN I:155). There as your Church, your bride in which you rejoice, whom you love and for whom you hand yourself. Standing there, too, with your mother.


20 January 2019

2nd Sunday in O.T. (C)

Is 62, 1-5; 1 Cor 12, 4-11; Jn 2, 1-11


VERSIÓN ESPAÑOLA

Vino que nos alegra a los hombres el corazón

Jesús es el vino nuevo que es superior al anterior. Quienes lo beben dignamente descubren la nueva vida y la verdadera alegría de vivir.

Jesus convierte el agua en vino en una boda en Caná de Galilea. Así, hace él la primera de sus siete señales.

«Señales» o «signos», sí, y no «milagros», los llama el Evangelio de Juan a los hechos prodigiosos de Jesús. Es que sirven no solo para que nos maravillemos, sino, sobre todo, para señalar quién es Jesús. Nos enseñan su identidad auténtica. En otras palabras, el significado profundo que contienen, una vez descubierto, lleva a la fe y el entendimiento.

La conversión del agua en vino significa o señala que Jesús da plenitud a la ley y los profetas. El agua en las tinajas de piedra para la purificación de los judíos es símbolo del antiguo orden. El vino, en el que se ha convertido el agua, se refiere al nuevo orden que Jesús introduce.

Y en el nuevo orden, el amor es la plenitud y el resumen de la ley. No es de extrañar, pues, que la señal se haga en una boda, la que es una celebración alegre de amor. Conviene también que la señal tenga que ver con el vino, que el vino simboliza la alegría y el amor.

Pero el amor al que apunta la señal no es un amor cualquiera. Más bien, es, en primer lugar, el amor que nos tiene Dios. Tanto nos ama él que entrega a su Unigénito para que todo el que cree en él tenga vida eterna. En segundo lugar, es el amor hecho carne en Jesús, el cual nos enseña:

Este es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado.
Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos.

Queda claro, entonces, que este amor llega a la cumbre de grandeza en el Calvario. Su hora de gloria coincide con la crucifixión, y así el verdadero significado de la alegría está en la cruz.

Señor Jesús, concédenos la atención y la preoupación semejantes a las de tu madre. Y ojalá, mientras te decimos de diferentes formas: «No les queda vino», y compartimos nuestros carismas, seamos señales tuyas. Señales de tu amor hasta el extremo, de tu entrega del cuerpo y tu derrramamiento de la sangre. Ayúdanos a entender que el mejor lugar donde podemos estar es allí al pie de la cruz (SV.ES I:206). Estar allí como tu Iglesia, tu esposa con quien encuentras la alegría, a quien amas y por quien te entregas. Allí con tu madre también.


20 Enero 2019

2º Domingo de T.O. (C)

Is 62, 1-5; 1 Cor 12, 4-11; Jn 2, 1-11